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Karl Laurer, el misionero alemán que dio pescado y ayudó a pescar

Fue ordenado sacerdote por un obispo de la India en septiembre del año 1963.


Cuando Dios tiene destinado llevar bendiciones a un pueblo o país a través se alguien, poco importa que esa persona haya nacido a más 8.302,62 kilómetros de distancia. Lo que para los hombres es imposible, para Dios es posible.

Cuando el 14 de noviembre del 1932 Dios bendijo a Karl Leonhard Laurer permitiéndole nacer en el pueblo de Bad Oberdodf, era porque ya tenía dispuesto que de aquellos alpes alemanes, ubicados en la frontera con Austria, vendrían bendiciones para Venezuela y especialmente para Coro y Barquisimeto por medio de un hombre que se puso del lado de los desposeídos.

Los Alpes Bávaros de donde se crió Karl, es asiento de muchas maravillas, entre ellas el castillo Neuschwanstein.

Hombre de Dios y la naturaleza

El llamado techo de Alemania, como se conoce a los Alpes, asiento de las cascadas de Schleier y el famoso castillo El Neuschwanstein, comenzaba a ver crecer a Karl, hijo de un agricultor con algunas vacas y una madre dedicada a los oficios del hogar, pero también a la atención de los turistas que hospedaban en el primer piso de la granja y llegaban a disfrutar de las bondades naturales de aquella región.

Bad Oberdodf, el pueblo turístico donde Karl Laurer nació el 14 de noviembre de 1932, queda en los Alpes de Alemania.

Diríase que aquel pueblo, sumado a la labor en el campo que desempeñaba su padre, le despertaron ese amor por la naturaleza, por los animales, que jamás lo ha abandonado.

El padre Carlos envió cartas a cinco países ofreciéndose como misionero, pero quien le respondió fue el entonces obispo Francisco José Iturriza, gracias a quien llegó a Venezuela y a Coro.

Aunque se podría decir que nunca le faltó nada por ser de una familia acomodada, nunca ha llegado a menospreciar a a los que poco tienen.

Lejos de los rigores de la guerra

Bad Oberdodf fue un pueblo en el que poco se sintieron los estragos de la segunda guerra mundial que se libró entre 1939 y 1945.

«Éramos de algún modo felices porque la guerra mundial poco se notó; los Alpes estuvieron distantes de las bombas» recuerda Karl o Carlos, como se dio a conocer en Venezuela.

Hubo un tiempo en el que, en el pueblo de Bad Oberdodf desaparecieron los hombres porque estaban para la guerra.

«Dios es mi principal fortaleza, sin su ayuda no hubiese logrado esto ni llegado hasta aquí. Lo que hago es para honrar a Dios».

A falta de autoridad, Karl y algunos amigos estuvieron de vez en cuando molestando a la gente mayor.

Fue lo más cercano que estuvo a una pandilla, lo que preocupó a su madre, una mujer religiosa que lo incluyó en sus oraciones para que Dios lo alejara del mal camino.

La oración de su madre y los caminos de Dios

Karl cree que las oraciones de su madre tuvieron efecto y así, comenzó a ver la vida de una forma diferente, pero a la naturaleza y los animales con un amor perpetuo.

Karl Laurer no ha parado de relacionarse con Dios ni con el ambiente, desde que nació. Aunque no con mucha frecuencia, sigue andando por sus alpes alemanas y dejó en Falcón el récord de haber subido 64 el Cerro Santa Ana.

Ninguno de sus padres lo convenció de ser sacerdote, mérito que atribuye a Dios quien directamente lo llamó a servirle.

Ese llamado lo asemeja al que le hizo Jesús a San Pablo cuando le dijo ¡Saulo, Saulo, ¿porqué me persigues?

«En mi caso yo no estaba persiguiendo a nadie, pero ese fuego interior despertó mi vocación, Dios me llamó y obedecí su llamado», recuerda.

Inicio lleno de tropiezos

Confiesa que para entonces no estaba preparado, y tampoco había sido monaguillo, la antesala a esos caminos.

Siempre listo para servir, ha sido una filosofía de vida del padre Carlos Laurer, la cual le ha trasmitido a diferentes generaciones.

Para colmo, el párroco lo tenía como indigno porque supo que de muchacho había andado echándole broma a la gente adulta: ¡Yo no quiero muchacho malo!, decía el sacerdote del pueblo.

A los 17 años Karl Laurer, sin ser bachiller, fue al seminario.

Además de sacerdote y misionero, el padre Laurer ha sido un scout comprometido con las juventudes y preservación de la naturaleza.

Simultáneamente comenzó a estudiar música con un profesor privado, que le despertó el deseo de ser músico. Tenía talento.

El don de la música

Aprendió a tocar piano y la citara, un instrumento mencionado en la Biblia con el cual los hebreos y pueblos antiguos expresaban alegría.

Desde niño aprendió a tocar la cítara un instrumento ancestral con el que según la Biblia, los hebreos y pueblos antiguos alababan al Señor.

Con el tiempo comenzó a verse en conciertos, gracias a lo cual se animó a ir al Conservatorio. Pero el propósito que Dios había dispuesto para él, era ser uno de sus ministros.

El hecho de no tener mayoría de edad le impidió entrar directamente en el Seminario Diocesano a estudiar el primer año; sin embargo inició un curso en una congregación que tenía una misión en África. Eso significaba una oportunidad de abrirse al mundo.

Además de formar grupos de Scout, el padre Laurer ayudó a muchos a apartarse de los malos pasos y a ser ciudadanos prósperos y profesionales.

«Empecé y completé en cinco años el bachillerato que normalmente se lograba en ocho. Tenía 24 años cuando obtuve el bachillerato y me tocó seguir en una universidad conocida en Alemania donde estudié teología, filosofía, historia de la iglesia, la Biblia, todas las materias y los sacramentos».

Ordenado sacerdote por obispo de la India

Karl Leonhard Laurer fue ordenado sacerdote por un obispo de la India en septiembre del año 1963. Esto fue motivo de orgullo para sus padres y dos hermanos, y de júbilo en todo el pueblo de Bad Oberdodf donde hubo una fiesta que describe como muy grande.

«Logré ser sacerdote. No era fácil, pero gracias a Dios lo conseguí», recuerda emocionado.

Sin ser constructor o arquitecto, Carlos Laurer fue protagonista en la construcción de más de ocho templos y sitios de encuentro, así como albañil en la construcción de viviendas y recuperación de espacios a familias pobres.

La Congregación en la que Karl inició el curso cuando muchacho, tenía una misión en África y eso siempre le llamó la atención, salir de sus fronteras, visitar otros continentes, comerse el mundo, ser misionero, construir.

El mundo, el límite

En Alemania le parecía que todo estaba bien, en orden y había poco que resolver. Mejor era salir del confort y construir, no solo ejerciendo el sacerdocio, sino haciendo labor social, incluso ecológica.

Escribió entonces cinco cartas y las envió a cinco obispos diferentes. Uno en Chile, Colombia, Brasil, Honduras y Venezuela, dejando en manos de Dios el destino.

Francisco Iturriza Guillén, obispo de la Diócesis de Coro, recibió la carta y la descifró gracias a un sacerdote del Colegio Salesiano Pío XII que sirvió de traductor. Por medio de este mismo, Iturriza le respondió favorablemente.

Recibida la respuesta, Karl abordó un carguero y tras cinco semanas en el mar, y escala en decenas de países, llegó a Guanta, La Guaira, Venezuela, en el año 1964, con el país en plena efervescencia por los movimientos guerrilleros.

Su confianza en Dios

Aunque cualquier pudo haber sentido miedo de emprender un viaje de su país natal hacia otro desconocido, en continente aparte y diferente idioma, el padre Karl asegura haber viajado sin miedo.

«Dios me va a guiar, me indicará lo que tengo que hacer», se dijo.

Poco tardó en pisar suelo falconiano tras haber arribado a Venezuela. Recuerda que el obispo Monseñor Iturriza le brindó una cálida bienvenida y no menos los habitantes de las comunidades que empezó a recorrer, vestido con su sotana lo que hablaba por sí solo, mostrárselo como un verdadero misionero, alejando los prejuicios de escépticos con los extranjeros.

Sin ser constructor o arquitecto, Carlos Laurer fue protagonista en la construcción de más de ocho templos y sitios de encuentro, así como albañil en la construcción de viviendas y recuperación de espacios a familias pobres.

Paraguaná fue uno de los primeros destinos, eso para que se fuera acostumbrara con el calor y se fuera olvidando de la nieve y ambiente gélido de los Alpes alemanes.

«Al reconocer que era sacerdote, la gente sabía a qué me dedicaba. Fueron tiempos en que la gente comenzaba a ver la evangelización sobre la base de la teoría de la liberación que comenzaba a tomar auge», comenta.

Misionero alemán

Para el padre Laurer: «Evangelizar no era solo venir y hablar de que había que portarse bien, sino hablar de la pobreza, las grandes diferencias sociales, y de la liberación».

Esta línea la siguen hoy los obispos, que sin ser políticos marchan se ponen del lado de los pobres a pesar de las críticas de la alta sociedad.

La guerra de lejos en Alemania, pero la guerrilla de cerca en Venezuela

Antes de iniciar su Ministerio en Coro, el padre Laurer estuvo un tiempo como ayudante en la iglesia de San Luis, hoy municipio Bolívar, uno de los epicentros de las luchas armadas entre guerrilleros y fuerzas militares del gobierno en ma década de los 60.

Finalmente lo asignaron a la iglesia Santísima Trinidad de Bobare, ubicada en la avenida Pinto Salinas donde ejerció 19 años. La promoción y creación de movimientos juveniles, grupos de scout, legiones, la formación solidaria y promoción de la conciencia ecológica y naturista, siguen en ese accionar.

En el callejón Santa Inés y todo Bobare muchas familias y jóvenes quedaron encantados con el cura alemán, que de sus recursos, sacó dinero para resolver las necesidades de algunas familias, entre ellas la de Leonides Colina, Rosario Pirona, y el año a Alicia Garbán. También ayudó a las familias Tigrero, Colina, Ferrer y muchas otras. Eran las calles de Bobare de caliche.

El padre Laurer ayudó a decenas de jóvenes a alejarse del mundo de las drogas, los involucró en actividades deportivas junto con el profesor Alfonso Borges, también como catequistas, además de voluntarios de grupos de boys scout.

Karl Laurer asegura conocerse de cabo a rabo los médanos de Coro, gracias a decenas de expediciones con los Scouts.

A otros los ayudó pagándole los estudios hasta la universidad, a otros dio albergue en la Fundación Santísima Trinidad, y placenteras eran las fiestas que cada diciembre organizaba en las que no solo daba comida a los niños, sino que les entregaba regalos y juguetes comprados de su propio bolsillo.

Los frutos de evangelizar

«Comencé sin saber nada sobre América del Sur, nada de Coro ni del estado; ni siquiera el idioma lo sabía a la perfección, pero con el permanente contacto con la gente lo fui aprendiendo y conociendo la cultura».

Carlos fue desincorporado de la Diócesis de Coro en 1984 y tras salir de Venezuela, se instaló en Cuenca, Ecuador, donde continuó con su labor religiosa, ecológica y de creaciones de grupos de scout.

De este país, donde siguió formando jóvenes, lo expulsaron en medio de los problemas políticos y subversivos que embargaron a esta nación.

Venezolano nacionalizado

Regresó a Venezuela e ingresó sin mayores dificultades, pues ya se había nacionalizado antes de partir a Ecuador.

«Regresé por ser venezolano», recuerda, acotando que no fue a Coro, sino que se estableció en Barquisimeto, estado Lara, donde permaneció 13 años, tiempo que considera fructíferos, aunque con ciertos riesgos.

«Conocí mucha gente y tenía ideas más claras de lo que era el trabajo pastoral y social», recuerda.

Construyendo por inspiración de Dios

En la ciudad Crepuscular, como se conoce a Barquisimeto, concretó parte de las más de ocho obras que logró sin tener noción de lo que se ingeniero o arquitecto; diríase que fueron construcciones por inspiración divina.

Entre esas obras esta la iglesia más grande al oeste de Barquisimeto, la única en la que reconoce pidió ayuda de un arquitecto debido a que debajo de esta estaba un teatro y temía que la parte superior se desplomara sobre esta.

En esta década de los 80, finales, construyó la iglesia para niños y retiros «Hermanas Cristo Rey», otras en San Lorenzo y una más en en el sector El Trompillo llamada la Transfiguración del Señor.

Igualmente un templo en Cerritos Blancos, donde también fundó otro de los tantos grupos juveniles, pastorales y boys Scout.

En la iglesia de Carritos Blancos fue víctima de un robo durante el cual lo mantuvieron de rehén. Eran delincuentes que ansiaban los recursos con los cuales ayudaba a la gente.

En el año 1996 regresó a Coro, estado Falcón, siendo recibido por el obispo Roberto Lúckert quien lo nombró párroco de San José.

Ahí propició la construcción de tres templos entre ellos un salón multifuncional y Casa de las Monjas que con el tiempo fue sede de la emisora Rosa de San José.

Se sumaba esto al legado de impulsar la construcción de la capilla y grupo de Scouts Domingo Savio, la Fundación Santísima Trinidad, así como la construcción las iglesias de Las Eugenias, La Cañada y Zumurucuare, la Casa Recreacional de retiros Los Vikingos, en el Supí, municipio Falcón, además de decenas de construcciones y ayudas habitacionales y sociales en Los Perozo para familias de escasos recursos.

Más de medio siglo en Venezuela

Karl Laurer estuvo 56 años fuera de su pueblo natal de los Alpes, 54 de ellos en Venezuela, ganándose el afecto y respeto de la feligresía, a la que no quería ver descarriada.

El padre Carlos nunca dejó de visitar a sus familiares ni sus amistades en Alemania, quienes poco a poco fueron partiendo al encuentro con Dios. Un hermano falleció en un accidente de esquí y su hermana murió en el 2018 a la edad de 95 años.

Laurer creció en un pueblo en el que su padre tuvo algunos animales, en Coro tuvo chivos de mascota y tras volver a Alemania sigue la labor de criador caprino

Iba de vacaciones a ver a los suyos y a de vez en cuando daba conciertos de cítara pues nunca abandonó su faceta de músico. Pero Siempre que regresaba a Coro y Barquisimeto procedente de Alemania, venía cargado de ayuda sociales que lograba reunir entre la gente.

Ayuda humanitaria mucho antes de la pandemia y crisis

Jamás se aprovechó de tales ayudas, ni siquiera para costear el pasaje en avión que afortunadamente era cubierto por connacionales que valoraban su entrega sacerdotal y aportaban para los venezolanos sin siquiera conocían.

El padre Carlos, ya jubilado, aún viene cada año a Coro, a traer ayuda y seguir pastoreando a sus ovejas. En mayo de 2020 vino como parte de la comisión que trajo ayuda humanitaria donada por el gobierno de Alemania.

La gloria es de Dios

«Dios es mi principal fortaleza, sin su ayuda no hubiese logrado todo esto ni llegado aquí. Seguiré por tanto ayudando y guiando a la gente hacia Dios, pues lo que hago es para honrarlo» expresó el padre Laurer.

Entiende que su misión era y sigue siendo la de predicar a Dios y ser su instrumento para ayudar a la gente en estos momentos de tanta necesidad, pero también le placer fomentar el amor por el medio ambiente, de ahí que grupos ecologistas y Scout que ayudó a crear, lo honren llevando su nombre.

Religión, ambiente y sociedad

«Vengo de una familia y un país donde muchos me ayudaron, así que mi retribución a la vida es ayudar, pues el sacerdocio es mitad labor social y mitad religión».

A los nuevos sacerdotes, a los que ve con mucha vocación, les aconseja que sean por siempre sencillos con el pueblo, que nunca se encierren en cuatro paredes ni dejen envolver por las pantallas de los celulares.

Mensaje a las nuevas generaciones

«Sean sencillos, amables y tengan siempre presente que están trabajando para Dios, así que sigan el ejemplo de San Francisco de Asís, Don Bosco y muchos otros Santos», aconsejó.

Para Carlos, lo que más le agrada de la gente de Coro, es que son personas dulces como el dulce de leche que tando le gusta, al igual que las tortas. Recuerda con admiración los Médanos que dice conocer de cabo a rabo pues, en parte los recorrio al trote.

Las Cumbres de Uria y 64 subidas al Cerro Santa Ana

También añora la sierra, especialmente las Cumbres de Uria que le hacían recordar los Alpes de su país, especialmente por la altura y el frío.

Un recuerdo muy especial le merece el Cerro Santa Ana, en el municipio Falcón, que recuerda haber subido 64 veces, muchas veces acompañado de los Scouts, legionarios, catequistas y demás grupos que fundó.

Karl Laurer regresó el 30 de mayo a Alemania en vuelo gestionado por la embajada de Alemania en Venezuela y el gobierno de su país. «Hasta el próximo año. Dios los bendiga», se despidió.

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Josmary Escalona

Periodista principalmente de la fuente política que también hace diarismo, entrevistas y trabajos especiales sobre temas que la población desea conocer.

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