Internacionales

Duermen en aeropuerto esperando un vuelo humanitario desde España a Venezuela

Están durmiendo en la zona exterior de llegadas de la terminal 4 del aeropuerto de Madrid y reclaman la ayuda de los gobiernos de Venezuela y España para regresar.


Una veintena de venezolanos están varados desde el 1 de julio en el aeropuerto de Madrid, mientras esperan por la apertura de las fronteras en Venezuela o vuelos humanitarios que posibiliten el regreso a su país.

Estas personas son parte de un grupo organizado de más de 500 venezolanos. Están durmiendo en la zona exterior de llegadas de la terminal 4 del aeropuerto y reclaman la ayuda de los gobiernos de Venezuela y España para regresar.

Luciano Del Gaudio, comerciante y uno de los líderes del movimiento, explica a Efe casi todos tenían boletos de retorno para Venezuela.

Detalla que entre ellos hay desde personas que vinieron a hacer turismo, asistir a conciertos o llegaron en España por razones médicas, muchos para volver entre marzo y abril a su país, y que quedaron atrapados por el cierre de las fronteras debido a la pandemia.

Del Gaudio, que indica que viajó para iniciar su proceso de ciudadanía española, iba a regresar a Venezuela el 14 de marzo, vuelo que ha sido reprogramado 5 veces.

Sin poder trabajar y sin medios de costear la vida en un país extranjero, muchos acabaron viviendo de favor en casas de parientes, cambiando de piso en piso o en situación de calle.

El grupo que está en el aeropuerto está recibiendo ayuda de organizaciones no gubernamentales y donaciones de iglesias y de personas que pasan por ahí o que conocen la situación.

El Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (Inac) de Venezuela suspendió las operaciones aéreas para vuelos internacionales el pasado 14 de marzo y la medida sigue vigente hasta el momento.

«Ninguna de las autoridades, ni venezolanas ni españolas, nos han aportado ayuda alguna. Carecemos totalmente de asistencia», cuenta Eleazar Siqueira, que llegó a España en enero para hacer negocios y comprar medicamentos para su mujer, que tiene un tumor, medicina que nunca llegó al país.

Neiza Salazar llegó con su hijo de 5 años para trabajar en España en diciembre y tenía los boletos de regreso a Venezuela para marzo.

Desde entonces, sin papeles para poder trabajar por más tiempo y costear la vida de dos personas, la echaron en mayo del apartamento en el que vivía y pasó a recibir ayuda de una iglesia hasta unirse al grupo del aeropuerto el primero de julio.


«Me siento en la calle. En la noche lloro mucho porque veo a mi hijo aquí y este no es ambiente para él», lamenta, antes de recordar que ha tenido reprogramado el vuelo de regreso al menos tres veces y todavía no sabe cuándo podrán finalmente regresar. 

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