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El Barça certificó su pase para Lisboa venciendo al Nápoles

Ganó al Nápoles por 3-1 con un Messi que en el primer tiempo pudo resolver, pero terminó resistiendo más que dominando


El Barça certificó su billete para Lisboa con un triunfo a ratos brillante y a ratos sufrido ante un Nápoles que comenzó fuerte, que pudo haber sido sentenciado en la primera parte y que acabó encerrando al Barça a la desesperada.

Creó poco peligro a pesar de que se va a casa con dos tiros a la madera y un gol anulado.

Un cabezazo de Lenglet y un Messi enorme, que marcó uno de sus grandes goles en los morros de Manolas y le anularon otro, pudieron dejar la eliminatoria resuelta en el descanso tras el 3-0 de Suárez, de penalti (Leo andaba renqueante), pero Insigne marcó, en el descuento y de otro penalti, un gol que permitió a los de Gattuso obligar al Barça a acabar resistiendo, con sólo dos cambios, uno de ellos de Monchu, debutante, por Griezmann.

El Bayern espera en Portugal.

Básicamente, se trataba de eso: de llegar a la final a ocho con opciones. El Barça sabía que iba a sufrir y gestionó los esfuerzos.

Al final, ni Ansu Fati ni Riqui Puig tuvieron minutos. Sí los tuvo Monchu.

Pero el Barça de Setién perdió la posesión, acabó con un 4-4-2 y vivió un tramo final de partido que tuvo como gran mérito no conceder ocasiones de gol.

No hubo cartas escondidas y Setién salió con el once previsto, con un 4-3-1-2 en el que Sergi Roberto actuaba como interior diestro.

Ocasionalmente, se situaba como central al lado de Piqué, cubriendo la subida de Semedo.

De Jong, por su parte, actuó de interior zurdo per cerca de Rakitic, para ayudarle en la labor de medio centro.

Ambos fueron fundamentales para dar consistencia al conjunto barcelonista en las fases en que el Nápoles buscaba sorprender. 

Por el conjunto napolitano, las mejores acciones de peligro las fabricó Insigne, duda en todos los días previos.

Tuvo poca compañía, hasta que, en el tramo final, Gattuso se la jugó del todo y contó con el ‘Chucky’ Lozano.

Los italianos habían comenzado muy fuertes, pero la reacción barcelonista fue contundente.

Un cabezazo de Lenglet a la salida de un córner enfrió esa entrada en el partido tan peligrosa para el Barça.

El Nápoles había enviado un balón al palo a los dos minutos y había dominado por completo en los diez primeros minutos. Necesitado de goles para clasificarse, salió a someter al conjunto de Setién.

Lo consiguió, pero no redondeó ese dominio con un gol y muy pronto se vino abajo.

En concreto, las cosas se le empezaron a torcer cuando unpase incomprensible de Zielinski desde la izquierda de la media a la derecha de su defensa se envenenó y acabó en córner.

Lo sacó Rakitic y remató Lenglet a gol, con Ospina a contrapié y lejos de donde el azulgrana cabeceó.

El Messi de las grandes noches

Fue un mazazo para el once de Gattuso. El Barça pasó a controlar el partido y a jugar como le interesaba.

El gran Messi surgió entonces con uno de sus mejores goles en Champions, que completó una posesión larga del Barça. La acción comenzó a resolverse en cuanto Luis Suárez buscó a su amigo.

Messi partió de la derecha, superó a Zielinski y a Mario Rui y después a Koulibaly y, para acabar, a Manolas.

El karma quiso que el griego contemplase en primera fila el disparo sutil de Leo, que situó la pelota lejos de Ospina. Lástima que fuese sin público.

Y el festival Leo continuó. Primero, con un golazo que el VAR invalidó, supuestamente por tocar el balón con el brazo izquierdo después de controlar con el pecho un gran centro de De Jong y marcar.

Por mucho que digan y digan, ninguna imagen aclara si realmente el balón tocó en el brazo del ‘10’, pero Çakir anuló el gol.

Y estuvo a punto de no conceder un penalti clamoroso, clarísimo, de Koulibaly, que fue a despejar un balón sin notar que Messi se lo había quitado.

El patadón al tobillo del argentino fue horroroso y le dejó tocado hasta el final. Sin embargo, Çakir se lo miró y remiró. Pitó penalti, que chutó Suárez.

Pero le supo tan mal que, al poco, no dudó un instante en señalar uno de Rakitic mucho menos claro, que permitió a Insigne evitar que el Nápoles se fuese la descanso ya eliminado.

Así, el Nápoles regresó al césped vivito y coleando y, como en las primeras escenas de la obra, apretó arriba, pero sin crear grandes ocasiones.

Ter Stegen atrapó un cabezazo de Insigne y el conjunto barcelonista buscaba una contra que finiquitase la cosa. 

Sufrimiento final

No llegó esa sentencia y con los cambios de Gattuso el Nápoles puso toda la carne en el asador mientras el Barça llegaba al minuto 80 sin hacer cambios.

El primero fue Monchu, debutante, a los 84. Milik acababa de entrar al partido cuando marcó, pero en fuera de juego. Y Lozano efectuó un remate que Ter Stegen controló pero fue al poste.

Tocó sufrir. Y, con el debut de Monchu, por Griezmann, el Barça pasó a un 4-4-2, apretando líneas y resistiendo ante un Nápoles que acabó como había empezado: dominando pero sin marcar.

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