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¿Quien es Alexéi Navalny? | El opositor ruso que creen fue envenenado

Este abogado y activista ha develado escándalos del Gobierno de Vladimir Putin, que comprometen desde primeros ministros hasta presidentes


Sus acciones lo han llevado a la cárcel más de una vez y, ahora, sus aliados creen que fue envenenado como ha ocurrido con opositores y antiguos espías rusos.

Alexéi Navalny tomó un té durante su vuelo de regreso a Moscú. Minutos después cayó al piso, inmóvil, mientras que quienes lo acompañaban se hacían una primera idea de lo que podría haber sucedido.

Según ellos, el opositor del gobierno ruso de Vladimir Putin fue envenenado ese jueves 20 de agosto, justo después de volar a la ciudad rusa de Tomsk para reunirse con sus aliados políticos antes de las elecciones regionales de septiembre.

La condición de salud del activista era tan delicada que el avión tuvo que aterrizar de emergencia en Omsk, en el centro-sur de Rusia, para poder llevarlo a una clínica.

Una vez en el centro de salud, lo indujeron a un coma y aseguraron que su cerebro estaba en buenas condiciones.

Pero la esposa de Navalny y los aliados de este opositor no confiaron en el personal médico y le pidieron a la organización alemana Cinema for Peace Foundation que se lo llevaran a ese país.

Su temor es que el personal de la clínica borrara todas las evidencias que ayudaran a entender porqué se desplomó después de tomar una taza de té, aunque Alexander Murakhovsky, el jefe médico del hospital, dijo que el diagnóstico era una enfermedad metabólica que quizá le provocó un bajón de azúcar y terminó por causar el desmayo.

Murakhovsky añadió que, si bien encontraron sustancias químicas en la ropa y en los dedos de Navalny, ellos no creen que haya sido envenenado.

Aun así, quienes lo conocen promovieron que lo sacaran de Rusia hasta el punto que el sábado en la mañana (hora local) una ambulancia lo trasladó al aeropuerto.

El temor de la gente cercana de Navalny se debe a que conocen las presiones que este opositor ha recibido en el país, desde la política y desde los estrados judiciales.

Una carrera en oposición al Kremlin

Durante más de una década, Navalny ha sido un activista en contra de lo que él llama «corrupción de alto nivel».

Este abogado comenzó a ser conocido por los escándalos que destapaba del Gobierno de Vladimir Putin a través de su blog en la plataforma de Zhivoi Zhurnal.

A medida que iba acumulando seguidores, en 2010 creó la web RosPil, que recopilaba irregularidades del sistema estatal de compras y que terminó siendo una aliada de WikiLeaks, según el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés).

Un año después, sus denuncias se incrementaron con la Fundación Anticorrupción (FBK, por sus siglas en ruso), una organización que creó y que está “en algún punto entre el periodismo y la política”, como lo dijo Nikita Kulachenkov, una de las investigadoras del proyecto, en una entrevista con la ONG Organized Crime and Corruption Reporting Project.

Las investigaciones iban desde la riqueza de bienes raíces del exprimer ministro Dmitry Medvédev hasta cuestionamientos por el hecho de que la mayor parte del petróleo ruso fuera exportada a mercados europeos por una empresa de un amigo cercano de Putin.

A la par de este trabajo, Navalny comenzó a liderar las protestas contra el Kremlin y, poco a poco, se convirtió en una de las caras más visibles y perseguidas de la oposición.

Aspiraciones políticas de Navalny, entre juzgados y cárcel

La primera sentencia significativa contra Navalny fue dictada en 2013, cuando fue condenado a cinco años de prisión por malversar más de 500.000 dólares de una empresa maderera del Estado en la que fue asistente voluntario en 2009.

El activista siempre negó los cargos y dijo que era una persecución por haber develado diferentes escándalos.

Al final, el opositor no fue a la cárcel porque la sentencia se suspendió y, cuatro años después, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos aclaró que Navalny no tuvo una audiencia justa en el caso y determinó que las decisiones de las cortes rusas «habían sido arbitrarias y claramente irracionales».

A pesar del pronunciamiento de la Corte Europea, la Comisión Central Electoral rusa citó esa condena de lavado de activos para negar, en 2017, la postulación de Navalny como uno de los contendores de Putin para las presidenciales de 2018.

En esa campaña, el líder opositor fue atacado con un antiséptico conocido como ‘zelyonka’ que, aunque no es tóxico, es conocido por dejar un color verde en la piel, difícil de quitar.

Con la cara pintada de verde un tiempo y luego sin poder ser candidato, Navalny se dedicó a promover las marchas en contra de las votaciones, lo que le trajo 50 días de cárcel.

Esto fue apenas una cuarta parte de los cerca de 200 días en prisión que había cumplido hasta entonces.

Pero, una vez más, el Tribunal Europeo le dio la razón al sentenciar que siete de las detenciones de Navalny por promover reuniones públicas violaron sus derechos y tenían motivos políticos. Rusia alzó su voz contra la decisión judicial y catalogó al tribunal como “una herramienta para presionar” al país, tal como lo dijo Leonid Slutsky, presidente del Comité de Asuntos Internacionales del Parlamento ruso.

El peor año de la Fundación Anticorrupción

Los arrestos de Navalny no cesaron en 2019. El 24 de julio de ese año, las autoridades impusieron una detención administrativa de un mes y arrestaron a otros cuatro opositores por convocar a nuevas marchas.

Esta vez, ellos se oponían a la decisión de las autoridades de Moscú de impedir algunas candidaturas de la oposición a las elecciones parlamentarias regionales de septiembre.

El cargo contra los activistas fue violación del derecho de voto y obstrucción del trabajo de las comisiones electorales con uso de violencia.

Menos de diez días después, el Kremlin perseguía a FBK, como lo denunció la ONG Amnistía Internacional.

Primero, con una medida legal en la que acusaban a la fundación de Navalny de blanquear más de 1,2 millones de dólares y que terminó en el congelamiento de sus cuentas y las de la organización.

Luego, en un solo día, las autoridades hicieron 200 registros en 43 de las 45 sedes gestionadas regionalmente por simpatizantes de Navalny y en sus casas, según Amnistía Internacional.

Finalmente, en octubre de 2019, el Ministerio de Justicia ruso agregó a FBK a su lista de “agentes extranjeros”.

Esta medida gubernamental obligó a la ONG a someter sus finanzas a escrutinio oficial, a rendir información sobre sus actividades y a firmar todo lo que publicara diciendo que había sido “elaborado por un agente extranjero”.

Envenenamiento: antecedentes del temor de los opositores 

Que hoy los aliados de Navalny teman que el activista haya sido intoxicado en su vuelo hacia Moscú no es un miedo reciente.

El mismo opositor aseguró que lo envenenaron en su detención de julio de 2019, ya que del centro penitenciario lo tuvieron que llevar a una clínica, aunque el personal hospitalario que lo atendió determinó que era una reacción alérgica.

Y Amnistía Internacional cree que esto ya ha pasado otras veces en Rusia.

Lo que le ha ocurrido a Navalny se parece indiscutiblemente a lo sucedido a otras personas que se mostraban también muy críticas con las autoridades rusas, como el político Vladimir Kara-Murza hijo, y Pyotr Verzilov, productor del grupo punk Pussy Riot. El mismo Navalny cayó gravemente enfermo cuando estuvo sometido a detención administrativa hace un año. Ninguno de estos incidentes se ha investigado.

Denunció la organización internacional.

La ONG precisa que Kara-Murza, quien buscaba apoyos en Occidente para sancionar a Putin, fue hospitalizado dos veces en 2015 y 2017 tras ser envenenado por el “efecto tóxico de una sustancia no identificada”, de acuerdo con el personal clínico que lo atendió.

Mientras que los médicos de la clínica Charité de Berlín señalaron que Verzilov también habría sido intoxicado en 2018 con una sustancia desconocida.

A la lista también se suma Sergei Skripal, un exespía ruso que fue encontrado inconsciente en su casa en Londres en 2018 a causa de un veneno.

Aunque no se sabe si Navalny corrió la misma suerte, sus familiares esperan que en Alemania el personal clínico, también del hospital Charité, pueda determinar si el té que tomó tenía o no veneno.

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