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Francisco Patiño: “La sal de Las Cumaraguas es la mejor del mundo”

El sucrense que ya se siente un paraguanero más, hoy cumple 71 años de edad y la gerencia de Redmineral, junto a su personal, reconocen su excelente labor y lo felicitan en su día.


Pese a que por esta afirmación hace un tiempo lo tildaron de “traidor”, Francisco Antonio Patiño Patiño sostiene que “la sal de Las Cumaraguas es la mejor del mundo; es excelente, yo estoy sorprendido y por eso lo repito, así me maten en Araya”, una península del país ubicada en el estado Sucre, de donde es oriundo y en cuyas salinas trabajó durante 34 años hasta su jubilación de la Empresa Nacional de Salinas, en el año 2008.

“En una entrevista anterior que yo pensé no trascendería, yo dije que la sal de Las Cumaraguas es la mejor del mundo, se enteraron en Araya y me llamaron traidor, hasta el hijo mío que trabaja en esas salinas me dijo que cómo se me ocurría decir eso; yo no quise herir susceptibilidades, fue un piropo que le hice a Las Cumaraguas, pero en realidad esta es mejor que la de Araya, porque aunque las sales tienden a ser iguales porque vienen del mar, ésta tiene una granulometría excelente, las salmueras (la degradación del agua del mar) están sanas, porque es una salina nueva, virgen, que no había sido explotada masivamente; en el pasado se hacía pero muy esporádicamente, cuando lo permitía la marea, entraba el agua, corría por gravedad y se retenía, pero ahora sí lo estamos haciendo de manera industrial donde utilizamos la materia prima que es el agua de mar y aprovechamos su contenido”, argumentó.

CALIDAD DE LA SAL: Patiño destaca que el manejo de la salina tiene que ser racional y en Redmineral buscan resguardar su pureza y mejorar cada día su calidad; la sal de Las Cumaraguas es muy solicitada en el ámbito nacional.

Indicó que el proceso en ambas salinas es el mismo, ya que el agua de mar, el sol y el viento es lo primordial, pero lo que cambian son las instalaciones, “aquellas tienen una capacidad de producción, estas tienen otra y hay sus detalles propios de cada una. Allá hay dos, una fue hecha por el hombre y otra es natural como la de Las Cumaraguas, aunque se le han hecho unos trabajos para tecnificar el proceso”, expuso.

Y precisamente la llegada de este sucrense a tierras paraguaneras, hace cuatro años, obedeció a sus amplios conocimientos en la materia y a su labor dentro de las salinas de la península de Araya, donde una vez que se graduó de Licenciado en Química ingresó en el área de Control de Calidad y fue pasando por todas las áreas de la actividad salinera, desde el laboratorio, manejo de las aguas y la producción, hasta la actividad comercial.

PATIÑO: El proceso en las salinas de Araya y Las Cumaraguas es el mismo, solo cambian las instalaciones y su capacidad de producción.

Para trabajar en Redmineral, Patiño fue recomendado por un grupo de personas de Trinidad y Barcelona, estado Anzoátegui, quienes durante una visita a Las Cumaraguas “se entrevistaron con el ingeniero Oswaldo García, quien ya tenía la intención de meterse en el ramo salinero y este les preguntó que si conocían a alguien que lo pudiera ayudar en esta actividad en la que quería emprender; ellos le dan mi número y él me contacta. En el inicio yo no le di el sí porque ya tenía ocho años separado de la actividad más que todo porque yo cuidaba a mi mamá, eso me tenía retenido, tenía mi jubilación de la empresa y del IVSS, y con eso al menos nos alcanzaba para vivir, pero la salina me llamó y me vine en el 2016”, narró.

—¿Qué le ha parecido Paraguaná?

—Una belleza, yo estuve aquí en el año 1983 cuando vinimos a hacer una explotación de sal con la empresa que trabajaba para entonces, pero no tuvo éxito porque vinimos con maquinaria y no la hicimos manual como lo estamos haciendo ahora aquí y entonces nos fuimos; regresé hace cuatro años, quizás si me hubiese venido mucho antes seguramente me hubiese quedado y hasta casado aquí. Yo ya soy un cumaraguero y un paraguanero más. Hay una buena cordialidad con las comunidades, a las cuales esta actividad les ha proporcionado muchas fuentes de empleo e ingresos y el ambiente aquí es maravilloso, me la llevo bien con todos; a pesar de que estoy solo aquí, porque mi esposa, con quien tengo 44 años de casado y mis tres hijos están en el Sucre, solo tengo un sobrino en Punto Fijo, no me siento abandonado. Sin embargo, apenas haya la explotación del cristalizador, espero ir porque ya tengo dos meses y medio que no voy, esperaba poder estar con ellos en mi cumpleaños (hoy 24 de agosto), pero por los compromisos laborales no se pudo. Cuando yo veo que estoy un poco aliviado, hablo con Oswaldo porque necesito irme y paso con ellos un mes, 25 días, dependiendo de si mi presencia es necesaria en Las Cumaraguas me vengo a tiempo.

Patiño es el cuarto de siete hermanos y tiene tres hijos: uno trabaja en las salinas de Araya, otra es químico como él y otra es contadora.

Su amor por la salina

Pese a que Patiño nació en una comunidad llamada Manicuare, a orilla de playa y atravesaba las salinas de la península Araya a diario para poder llegar a la escuela, reconoce que su amor por ellas no fue a primera vista. “Yo me iba a pie y les pasaba por un lado todos los días, pero a mí nunca me llamaron la atención. Sin embargo, cuando estaba estudiando en la universidad un profesor hizo una incursión para visitar las instalaciones de las salinas de Araya y me encantó. Luego me gradué y la salina me llamó rapidito, allí me quedé, eso fue un enamoramiento hasta hoy. Cada vez que yo veo un grano de sal para mí es una belleza y pienso en qué grande es Dios, cómo de un agua que pareciera que no tiene ningún contenido salga esto tan bello y en grandes cantidades”, relató.

—¿Considera que ese amor ha sido clave para poder alcanzar las metas?

—Así es, la salina es algo para tenerle amor y lo demás se da porque Dios es generoso, ese es el secreto del éxito, aunado a la responsabilidad y la puntualidad. Yo cuando estudiaba era el primero que entraba al salón; tuve un profesor norteamericano que me decía: “Patiño: sé siempre el primero, porque si van a repartir la herencia y llegas de último no te van a dar nada”, eso a mí se me quedó grabado y lo he aplicado para todo. Yo antes de las siete de la mañana ya quiero arrancar para mi salina, tengo dos obreros que siempre me acompañan a quienes les saco una ventaja como de 10 kilómetros cuando la estamos recorriendo, porque me gusta ver su estado y si hay algún problema pensar cómo puedo ayudar; ese es el consejo que les doy a todos: ser los primeros y enamorarse de la salina.

Lo alcanzado y las proyecciones

Patiño está satisfecho con lo obtenido hasta ahora por Redmineral, porque “cuando llegué aquí esto estaba prácticamente abandonada, ya que no había actividad de extracción desde hace cuatro o cinco años y se acumularon muchos sedimentos y minerales indeseables que con el tiempo ya se han ido eliminando; en eso la empresa está empeñada, porque la sal en sí tiene calidad, pero nosotros tenemos que mejorarla en el lavado, transporte, extracción, cuando se acomoda en el patio y en el despacho”.

Destacó que en casi dos años Redmineral ya ha producido casi 200.000 toneladas, “lo cual es algo a favor y dice mucho de que en poco tiempo se ha hecho bastante”, dijo.

Explicó que las salinas de Las Cumaraguas tienen una capacidad de producción de 150.000 toneladas al año, porque ella tiene 50 hectáreas de cristalizadores y el rendimiento anual por cristalizador es de 3.000 toneladas. No obstante, aún todas esas áreas no están habilitadas, «las hemos ido acondicionando para llegar a esa meta y también está un proyecto en un área donde vamos a hacer otro cristalizador con el que vamos a sumar 36.000 toneladas más al año, entonces en vez de 150.000, serán 186.000 toneladas”, vaticinó.

Asimismo, realizan unas mejoras que les permitirán reducir los contratiempos que se les han presentado con la alimentación de los cristalizadores, ya que “actualmente lo estamos haciendo con motobomba, pero lo recomendable es que no depender de ellas y que se haga por gravedad, que se levante una compuerta y el agua fluya sin dañar equipos ni se necesite personal 24 horas atendiendo las motobombas, aunque debemos seguir dependiendo de bombas para tomar el agua de mar e inunde los espacios donde va a circular para que nos de lo que necesitamos para producir sal”, expuso.

La artemia salina

Además, Patiño destacó que trabajan en un proyecto emblemático relacionado con el aprovechamiento de la artemia salina para comercializarla, que aseguró es un renglón que en el país muy demandado por las empresas camaroneras, «eso viene del exterior y nosotros estamos en capacidad de producirla aquí, ya las instalaciones están hechas, se está esperando por cierto acondicionamiento para darle empuje, pero aquí tenemos como cuatro laboratorios de larvas de camarones que consumen artemia, así que creo que nos vamos a quedar cortos», destacó.

Explicó que la artemia salina es un microorganismo propio del mar que cuando entra a la salina se desarrolla porque no tiene depredadores y es utilizada como alimento para los camarones, ya que le da el mayor valor nutritivo.

Turismo salinero

Por otro lado, Patiño destaca la importancia turística que tienen las salinas de Las Cumaraguas para el estado Falcón y Venezuela. “Yo quisiera que sea algo turístico para que la gente vea su belleza, pero que estén limpias y sin contaminantes, porque también es cierto que hay visitantes que las ensucian cuando las atraviesan y lanzan botellas, tapas, bolsas, etc.”, lamentó.

Francisco Patiño es un libro abierto.

A sus 71 años, Francisco Patiño está más activo que nunca y es un libro abierto, “lo que yo sé yo quiero que todo el mundo lo sepa, porque yo tengo que irme algún día y creo que pronto, porque yo vine para acá prestado y creo que las personas que están aquí en la empresa ya tienen el conocimiento de cómo manejar la salina y en caso tal de que algo se les olvide o a mí se haya pasado decirles, yo estoy a disposición las 24 horas para que me llamen”.

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Anailys Vargas

Periodista y Msc. en Gerencia de RRHH. Actualmente, editora de la versión impresa y digital del diario Nuevo Día.

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