Opinión

De «todo a mil» a «todo un dólar»

En Todo a Mil, conseguías el baratillo, y de todo un poco. Allí caía todo aquel que visitaba el centro, así no tuviera como fin visitar ese sitio


Cuando en Punto Fijo no había mayor cosa con qué divertirse, las personas solían irse a caminar en aquello que llamamos el centro, que es decir, desde la calle comercio hasta la progreso, entre Colombia y Bolívar.

Por lo general esa diversión consistía en ver las vidrieras de los negocios y encontrarse con alguno que otro pana para sentarse a conversar en la Polo Norte o la Tomboy’s, por nombrar dos sitios de los más populares de la época.

En ese itinerario, había personajes que no tratándolos personalmente, uno los conocía de referencia y hasta le agarraba cariño, como, por ejemplo, a Anis Richani Chami, el popular Palomo, todo vestido blanco e imponente con su habano en la boca, con su rostro jovial y parado en la puerta de su local esperando a los clientes para atenderlos por sí mismo en el Almacén La Perlita.

En ese recorrido, uno entraba a cada negocio y conocía al detalle sobre lo que estaba barato en Almacenes Caracas y qué novedad había en La Confianza o en Fukayama. Lo más avanzado en tecnología se conseguía a buen precio con La Japonesa o Radio Pepe, y si quería lo mejor en lencería y ropa de calidad, existía el almacén Damasco, Modas Primavera y Modas Selec.

Pero adónde iba todo el mundo era a “Todo a Real”. En ese tiempo nuestra moneda sí era un bolívar fuerte y soberano frente a la conversión y valor del dólar que incluso, el 4,30 era menor a nuestro glorioso “cachete” (moneda de 5Bs) que tomábamos con orgullo como moneda oficial y le decíamos también “el fuerte”.

En todo a real la gente se resolvía, sobre todo en los diciembres que siempre han sido el dolor de cabeza de fin de año. Todo a Real era un patrimonio local. Al entrar se podía apreciar en los estantes una mercancía organizada y, escogiera lo que escogiera, ese era el precio a pagar. Un día desapareció. Sencillamente, cerraron sus puertas, y al menos yo no supe por qué.

Años después, abrió en Punto Fijo un negocio que se llamaba Todo a Mil, con las mismas características del Todo a Real, solo que ahora costaba mil bolívares y esto era porque la devaluación de la moneda de esos años, traducía que mil bolívares era prácticamente, nada.

En Todo a Mil, entonces conseguías el baratillo, y de todo un poco. Allí caía todo aquel que visitaba el centro, así no tuviera como fin visitar ese sitio pues todo lo relacionado con piñatería, accesorios menores y en ocasiones, ropa interior, era vendido como pan caliente; pero un buen día, éste local tampoco aguantó la mecha y también cerró.

Y definitivamente, si los tiempos son otros, el negocio de servir y ganar sigue siendo el mismo. Hoy, al visitar el centro se consiguen los combos de Todo a Dólar. Cambia la forma pero no el fondo, como dicen. Usted se va al centro y allí le venden por un dólar el combo de tres empanadas con un refresco a ese precio.

Y si no son empanadas, entonces tiene tequeños, o una arepa y hasta una hamburguesa con su bebida. Hay que decir que ya no solo es en el centro de la ciudad donde puede conseguirse esta oferta de combos a un dólar, hoy, prolifera en toda la ciudad desde el barrio más humilde hasta la más acomodada urbanización, esa oferta y demanda del día.

La gente de verdad se las ingenia ante la crisis y busca competir para poder subsistir frente a ella. El detallazo es que no todo es a dólar, y como ejemplo están los sueldos y salarios que son en bolívares en un país donde el nacionalismo se expresa en el “bolívar soberano”.

Hay una burbuja oficial absolutamente desfasada con esta realidad. Nuestro pueblo lamentablemente ya no habla de bolívares, habla de dólar, y, quiérase o no, por desgracia no hay una respuesta gubernamental convincente del porqué hay ese desplazamiento de la moneda nacional en el ambiente económico y por qué no existe hasta el momento, una salida que pueda equilibrar tal desbalance.

Podrán decir cualquier discurso enardecido, usar el verbo frío y altisonante con su tono más preciso, presentar las más justificadas excusas y seguir echándole la caída de la patria al imperio porque en esta tragedia debe haber algún culpable; pero hay algo que es tangible e innegable: el poder adquisitivo del venezolano es nulo. Y amor con hambre no dura, dice un viejo refrán.

Ahora bien: si me pongo analizar lo que ya se sabe sobre cuáles han sido y son las causas y consecuencias que esto ha generado con los responsables de todo este bochinche, como dijo Francisco de Miranda, sinceramente, no estaría aportando nada nuevo.

Entonces, ¿qué hacer?  Creo que la gran lección nos la da Aristóteles en su libro La Política. En una de las tantas cosas que dice -y que los popular y dedocráticamente elegidos dirigentes de este país deberían conocer para buscar la solución-, refiere que la política de la política, es el arte de saber negociar con el adversario para el beneficio de todos.

Palabras más, palabras menos, los bandos deben torcer el brazo o ceder terreno en los acuerdos, y para eso finalmente, también debe existir voluntad y amor por Venezuela. Lo demás es politiquería a precio de dólar paralelo que desde hace tiempo, es oficial.

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Gerardo Morón Sánchez

Periodista falconiano, a cargo de la fuente de sucesos, policial y judicial, también información general. Becario de la FNPI e Integrante de la Red Iberoamericana de Periodistas. Diario Nuevo Día "Periodismo que Integra".

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