Opinión

Víctor Davalillo y la Saporrita

Ese año no hubo temporada de beisbol en Caracas, por desacuerdos entre los equipos capitalinos Tiburones y Leones con las autoridades de la UCV.


Contaba Pablo Gómez que un sábado de octubre de 1975, se celebraba la fiesta de graduación de su novia de entonces Teresita Jiménez en un club ubicado en la población de Agua Blanca, a escasos 15 kilómetros de las ciudades gemelas de Acarigua – Araure del Estado Portuguesa.

La orquesta que iba a tocar ese día era la de “Don Filemón y su Banda”, quienes en aquel momento tenían pegado un porro colombiano que puso a bailar a toda Venezuela “La Saporrita”.

Ese día estábamos ubicados en la mesa con la respectiva botella de whisky y
frente a nosotros se encontraba sentado una sola persona: Víctor Davalillo.

¿Quién lo había invitado?, nunca se supo, tal vez un fanático que era dueño del local y le había proporcionado whisky y comida, lo cierto es que Davalillo estaba allí.

Lo que si dejo constancia Davalillo, es que bailar no era su fuerte, estaba tan falta de oído, que la música iba por un lado y sus movimientos arrítmicos por el otro.

Sin embargo, eso no fue impedimento para que él disfrutara de todos los temas, bailando sin importar el mundo a su alrededor hasta que la orquesta cerro con el tema de moda “La Saporrita”, éxito que se tocó, hasta que se acabó la fiesta a las ocho de la mañana.

Todos salimos con bastantes tragos encima incluyendo por supuesto al pelotero.

Mi compadre Corito, fanático de los Tiburones de la Guaira y quien me había acompañado a la fiesta, tenía una sorpresa; unas entradas para el juego de ese domingo entre los Tibuleones de Portuguesa y los Cardenales de Lara.

Ese año no hubo temporada de beisbol en Caracas, por desacuerdos entre los equipos capitalinos Tiburones y Leones con las autoridades de la UCV.

Estas dos escuadras se fusionaron y trasladaron sus franquicias al estadio “Bachiller Julio Hernández Molina” ubicado en las ciudades de Acarigua – Araure.

Trasnochados, seguimos la parranda mañanera en un bar de 24 horas que
quedaba muy cerca del estadio y a las 11:30 am ya estábamos en la tribuna
central del parque.

¡Play Ball!, grita el árbitro principal y salta al terreno el equipo de casa, vaya sorpresa, el mismísimo Víctor Davalillo salió corriendo a cubrir el jardín central y detrás saltaron al terreno Antonio Armas, Cesar Tovar, Ángel Bravo, Enzo Hernández, Marcano Trillo, Baudilio Díaz y el resto de las estrellas de aquel simbólico equipo.


No se podía creer lo que se veía, allí estaba el hombre que escasamente hace tres horas se zarandeaba bailando arrítmicamente “La Saporrita”.

Davalillo estaba en el roster del equipo llanero y al cierre del primer episodio, despacho un soberbio tubey por el jardín derecho, impulsando la carrera de Cesar Tovar que estaba embasado.

En el siguiente turno al bate en la cuarta entrada disparo un jonrón por el center field, el único que conecto esa temporada.

En el tercer turno al bate toco por primera base y se embasó, esa tarde se fue de 4 – 3 y el colofón dorado lo puso con una sensacional atrapada, guindándose con su brazo derecho de una baranda en el jardín central, robando un jonrón a Walter Williams cuarto bate de los Cardenales de Lara.

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Josmary Escalona

Periodista principalmente de la fuente política que también hace diarismo, entrevistas y trabajos especiales sobre temas que la población desea conocer.

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