Opinión

Asedio, ofensiva y contraofensiva (Parte IV)

La MUD calificó las sentencias del TSJ como un golpe de estado a la AN y convocaron una serie de protestas violentas en todo el país.


AÑO 2017. INSURRECCIÓN Y CONSTITUYENTE

Después de los fracasos de la oposición en el 2016 en sus intentos por sacar del poder al presidente Maduro cualquiera con sentido común podía esperar un proceso de crítica, autocrítica y rectificación de parte de sus dirigentes, pero como siempre hicieron lo contrario. Comenzaron el año con una asombrosa torpeza política.

Julio Borges asumió el 5 de enero como nuevo presidente de la AN y el 9 se montó la destitución de Maduro por abandono del cargo. Vale decir, si Ramos Allup prometió sacar a Maduro en seis meses, Borges quería hacerlo en cuatro días.

Aún con lo delicado del intento de destituir al Presidente la sesión estuvo muy aburrida por lo burdo de los argumentos que esgrimían.

Declarar el abandono del cargo de un Presidente al frente de sus funciones constitucionales, tomando decisiones, aprobando recursos día a día de manera publica, notoria y comunicacional, rayaba en algo más que la estupidez.

Conversé con varios de los diputados opositores más centrados para indagar el porque insistir en ese contrasentido a conciencia de que no tenía ni pies ni cabeza.

La respuesta fue que era para complacer a la extrema derecha que se había empeñado en montar ese adefesio un día antes de que el Presidente cumpliera cuatro años en el cargo, de manera que, una vez declarada la vacante absoluta por mayoría simple, el CNE debía en un mes convocar a elecciones presidenciales, porque si lo hacían después del 10 de enero, como sabemos, quien termina el perÍodo de los dos años restantes sería el vicepresidente ejecutivo.

Al final del día con discursos jalados por los cabellos la oposición alegó que el Presidente había abandonado el cargo porque no cumplía con sus obligaciones de garantizar alimentos, viviendas, servicio públicos, seguridad, estabilidad, soberanía y una larga lista de etcéteras.

Después de doce intervenciones votaron aprobando el abandono del cargo por parte del presidente, la vacante absoluta de la Presidencia de la República y exigir al CNE convocar elecciones en un mes.

Cuando aprobaron esta aberración hubo aplausos, gritos, hurras y abrazos emocionados. Viendo aquel espectáculo el diputado Juan Marín dijo “estos carajos lo que están es locos”.

Por supuesto al otro día más allá de la reseña manipulada por los medios no pasó nada. El presidente siguió en sus funciones y el CNE no se dio ni por enterado.

Obviamente lo que sí se generó en la masa opositora fue más decepción y perdida de credibilidad en sus dirigentes.

Ante esta irracionalidad de la oposición y continuando la AN en desacato, se decidió que carecía de sentido que el Bloque de la Patria continuara asistiendo al foro político en que se había reducido el parlamento y a finales de enero abandonamos el Palacio Federal.

Ante tantas derrotas acumuladas en solo un año los golpistas de la oposición tomaron la batuta. Voluntad Popular y Primero Justicia comenzaron a planificar un movimiento insurreccional para derrocar a Maduro.

La excusa se la dio el mismo gobierno cuando el 28 de marzo el TSJ emitió la sentencia No 155 donde se anunció la suspensión de la inmunidad parlamentaria de los diputados y la sentencia No 156 donde el TSJ se atribuía, ante el desacato de la AN, las atribuciones de la misma.

La MUD calificó las sentencias del TSJ como un golpe de estado a la AN y convocaron una serie de protestas violentas en todo el país que iban a durar cuatro largos y dolorosos meses.

Aunque el Consejo de Seguridad de la Nación exhortó al TSJ a dejar sin efectos las sentencias 155 y 156 como efectivamente lo hizo, la dirigencia de la ultra derecha tomó esta rectificación como un gesto de debilidad y conminaron a sus seguidores a continuar las protesta hasta que el presidente Maduro dejara el poder, lo que dejaba claro el carácter golpista de las guarimbas.

Se volvieron a desatar los demonios del 2014 cuando Leopoldo López llamó a la salida. En los municipios gobernados por la derecha se inició de nuevo la violencia callejera con más furia que nunca.

El mundo, aunque los medios lo ignoraron, fue testigo de lo que es capaz de hacer el odio fascista. La locura llegó al extremo de que venezolanos por sólo parecer a un chavista fueron quemados vivos bajo el delirio esquizofrénico de energúmenos envenenados por la inquinía.

La rebelión contó en en las primeras semana con gigantescas concentraciones pero en la medida que aumentaba la confrontación terminaron siendo víctimas de la violencia de sus propios dirigentes.

Se declaró en los municipios opositores una especie de estado de sitio donde los habitantes eran obligados a quedarse en casa so pena de ser agredidos. Para mantener viva la rabia opositora los extremistas llegaron al punto de asesinar a tres jóvenes antichavistas que participaban en las protestas.

No obstante, necesario es afirmar que hubo muertos por excesos en el uso de las armas de efectivos del orden público como también hubo funcionarios policiales y militares fallecidos bajo el fuego opositor. El país parecía al borde de una guerra civil.

El gobierno actuó con firmeza y en Caracas las protestas se limitaron al este de la ciudad. No pasaron del municipio Chacao y menos llegaron a Miraflores.

El PSUV también organizó movilizaciones diarias en defensa de la revolución.

El saldo de la violencia fue de nuevo muy doloroso. Más de cien muertos, miles de heridos, decenas de inválidos, siete personas quemadas, miles de millones en pedidas materiales, destrozos generalizados, la paralización del país y un pueblo sometido a un estado de angustia colectiva.

En medio del conflicto el primero de mayo en un acto en la avenida Bolívar de Caracas el Presidente sorprendió a propios y extraños convocando a todos los sectores políticos y sociales a participar a una Asamblea Nacional Constituyente, mecanismo democrático establecido en la CRBV, y así, a través del voto dirimir las diferencias políticas, acabar con la violencia y buscar la paz nacional. Era una jugada arriesgada. Yo en particular no la entendí al principio.

Sin embargo, la oposición la rechazó de inmediato tildando de ilegal su convocatoria y la denunció como un autogolpe. El presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana Diego Padrón la calificó como una fórmula comunista impulsada por Maduro para someter a la sociedad.

Como respuesta la oposición organizó lo que llamó el plebiscito nacional de Venezuela para el 16 de Julio donde la abstención fue el factor más notorio. Cómo era de esperarse este parapeto no tuvo la más mínima repercusión política.

Por otra parte, a pesar de las amenazas físicas hechas a los que fueran a votar, el 30 de julio se realizaron las elecciones para escoger la los integrantes de la ANC.

Más allá de la abstención opositora fue una contundente victoria política para el presidente Maduro y la paz del país, pues el lunes 31 de julio Venezuela amaneció calmada y progresivamente volvió a la normalidad. La oposición sumó una costosa derrota más.

Sus seguidores se vieron de nuevo frustrados ante las irracionales acciones violentas sin los resultados ofrecidos. Se hicieron visibles las diferencias en la MUD.

Los partidos de la derecha moderada habían de nuevo sucumbido sin chistar a la agenda golpista de Voluntad Popular con resultados tan desastrosos para la nación. La intromisión de los EE.UU. fue evidente.

Una vez instalada la ANC instó al CNE a convocar a las elecciones pendientes de gobernadores y diputados regionales para el 16 de octubre. Mientras el PSUV y sus aliados preparaban su maquinaria electoral para participar en las elecciones la oposición entró en un abierto desacuerdo entre hacerlo o no hacerlo.

Al final decidieron participar pero una considerable porción de antichavistas frustrados y molestos no salieron a votar favoreciendo obviamente la victoria abrumadora del chavismo que obtuvo 20 gobernaciones y la totalidad de los 24 concejos legislativos con un total de 5.814.903 votos válidos para un 55,07 % mientras la oposición obtuvo 4.984.626 votos para un 44,32%.

En las elecciones de alcaldes y concejales pautadas para el domingo 10 de diciembre la MUD fue otra vez presa de sus contradicciones la MUD decidió no participar y el chavismo obtuvo 305 alcaldías de las 335 que estaban en juego.

El año 2017 a pesar del saldo trágico de la llamada insurrección de abril terminó con una indiscutible victoria política para el presidente Maduro que lo fortaleció para medirse en las elecciones presidenciales previstas para el 2018. Las cuales abordaremos en el próximo artículo.

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Josmary Escalona

Periodista principalmente de la fuente política que también hace diarismo, entrevistas y trabajos especiales sobre temas que la población desea conocer.

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