Opinión

Asedio, ofensiva y contraofensiva (Parte V)

Sobre la hiperinflación, elecciones y la abstención.


En noviembre del 2017 la economía venezolana por primera vez experimentó el desbastador fenómeno de la hiperinflación. Ese mes la inflación superó el 50%.

En las ciencias económicas está académicamente aceptado que cuando la inflación alcanza el 50% o más en un mes la economía entra en hiperinflación.

En los meses siguientes de año 2018 llegaríamos a sufrir índices hasta del 200% al mes, lo que se traduce en más de un millón por ciento de inflación por año.

Los números no son oficiales pues el BCV dejó de publicar los indicadores macroeconómicos lo cual da para las especulaciones. Empresas consultoras especializadas afirman que la inflación acumulada desde el 2013 hasta julio de 2020 alcanza a 5.000.000.000 %.

Leyeron bien cinco mil millones por ciento. Lo cierto es que lo índices alcanzados en el 2018 no tiene precedentes en Latinoamérica. Se rompió con creces el récord de Nicaragua del 14.000% en un año.

Entramos en el alucinante vértigo del espiral hiperinflacionario. Las consecuencias fueron y son absolutamente demoledoras en particular para los trabajadores, pequeños empresarios y productores.

Entre otras cosas, sectores mayoritarios de la población se empobrecieron a niveles extremos, centenas de empresas quebraron, miles de empleos se perdieron, la devaluación dio un salto cuántico, el dólar continuó subiendo a un ritmo endemoniado, la economía prosiguió en caída libre, la escasez se agudizó, disminuyeron las importaciones de insumos para industria y aumentaron las de productos terminados, la producción nacional terminó de colapsar, el déficit fiscal siguió creciendo y la guerra económica y la sanciones se intensificaron.

Las causas de la hiperinflación son complejas y variadas pero básicamente tres factores fueron determinantes, la disminución del ingreso petrolero, el aumentó del déficit fiscal y su financiamiento con la emisión de dinero inorgánico y el asedio económico. Es decir, es producto de políticas públicas desacertadas y no solo de la sanciones económicas.

Ante la pérdida del valor adquisitivo del bolívar en agosto el gobierno puso en marcha una conversación monetaria donde 100.000 bolívares fuertes pasaron a valer 1 bolívar soberano. Su objetivo lo diluyó la hiperinflación y hoy el bolívar soberano valen menos que el extinto bolívar fuerte.

Lo electoral

Con este desolador proceso en desarrollo entramos al año presidencial del 2018. Ante todo esto una de las estrategia política del gobierno fue adelantar la fecha de la elecciones para el primer semestre del año cuando históricamente se han realizado en el mes de diciembre.

Por otra parte el presidente Maduro desde mediados del 2017 había tomado la iniciativa de buscar un diálogo con la oposición para lograr acuerdos entorno a las elecciones, la estabilidad política y la paz.

Los intentos de diálogo habían fracasado en reiteradas oportunidades por falta de voluntad política y la desconfianza de ambos sectores. Sin embargo, todas las encuestas indicaban que una mayoría abrumadora de la población apoyaba el diálogo entre gobierno y oposición hastiados de los enfrentamientos y la violencia.

Con muy bajo perfil el 14 de septiembre se dio inicio a la primera reunión entre representantes del gobierno y de la oposición en República Dominicana con la facilitación de su Presidente Danilo Medina y el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero y el posterior acompañamiento de los gobiernos de Chile, Mexico, Nicaragua, Bolivia y San Vicente y Las Granadinas.

El 11, 12 y 13 de enero del 2018 en Santo Domingo después de meses de intenso trabajo se anunciaron grandes avances. La exigencia del gobierno de que las elecciones fueran en el primer semestre fue aceptado por la oposición con la condición de que fueran en él mes de mayo mientras el chavismo pujaba por el mes de marzo.

El gobierno cedió en los reclamos tradicionales del sector opositor en cuanto al CNE como por ejemplo, registro electoral confiable, equilibró en los medios públicos, cese a las Inhabilitaciones políticas, auditorías, observación internacionalmente y libertad a los presos políticos. De hecho en diciembre se dejó en libertad a cerca de un centenar de políticos presos.

Después de otras rondas de negociaciones el 31 de enero se llega a un acuerdo básico donde entre otras cosas se fijó el domingo 22 de abril como fecha de las elecciones presidenciales.

El 6 de febrero día acordado para la firma del acuerdo de Estabilidad Política y Paz habían grandes expectativas. Los delegados del gobierno encabezados por Jorge Rodríguez llegando a Santo Domingo optimistas y firmaron el acuerdo según lo convenido, la oposición inesperadamente hizo lo contrario.

Sin pudor alguno después de que el jefe de la delegación de la MUD Julio Borges, recibiera una llamada del Secretario de Estado de EEUU y ex director ejecutivo de la Exxon Mobil, Rex Tillerson, se negó rotundamente a firmar el acuerdo convenido.

No eran nuevas las exigencias gringas, ya Jorge Rodríguez había denunciado días previos que la oposición venezolana está sometida a grandes presiones por la administración de Trump.


Nuevamente la falta de autonomía de los partidos de la MUD, sus contradicciones internas, la imposibilidad de un consenso por el candidato presidencial y la sumisión a los intereses de los EE.UU. truncaban un acuerdo entre la oposición y el gobierno que a mi juicio hubieses cambiado el curso de los acontecimientos.

La oposición incurrió en otro costoso error político desperdiciado la oportunidad de medir su fuerza electoral que en el año 2015 había alcanzado a 7.728.025 votos.

La ANC reafirma la convocatoria a elecciones presidenciales pero corriendo la fecha, por exigencias del CNE, para el domingo 20 de mayo.

El llamado G-4 comienza una campaña para desacreditar las elecciones denunciando fraude, llamando a la abstención y al desconocimiento nacional e internacional de los los resultados del 20 de mayo.

El expresidente Rodriguez Zapatero publica un comunicado denominado En Defensa de la Verdad, donde afirmó “Que todos las condiciones exigidas por la oposición y el gobierno habían sido plasmadas en un documento aprobado por las partes pero lamentablemente de forma inexplicable los delegados de la oposición se negaron a suscribir”.

No obstante, el proceso electoral siguió adelante con la participación de un sector de la oposición con vocación democrática liderada por Henry Falcon y Javier Bertucci quienes son acribillados en los medios y las redes sociales como traidores, colaboracionistas, vendidos y una sarta de improperios más.

Después de una corta campaña el 20 de mayo el pueblo sale a votar resultando vencedores Nicolás Maduro con 6.245.862 votos para un 67,84% de los votos sufragados.

Sin embargo, la participación es de sólo el 46,05% siendo la más baja en la historia de la era democrática para una elección presidencial.

Cómo lo habían anunciado, los EE.UU. y tres decenas de países desconocen los resultados electorales calificando el evento como ilegal y fraudulento.
Si bien es cierto que el presidente Maduro ha sido exitoso en la confrontación política también es cierto que la oposición ha sido la más mediocre de la historia republicana.

En todo caso, a pesar del desconocimiento de la elecciones, la terrible crisis económica y social, la hiperinflación de más de 1.300.000% en el año, el segundo semestre del 2018 termina con la oposición desarticulada, sus seguidores decepcionados y una relativa tranquilidad política.

Sin embargo, hasta para el más desprevenido de los analistas políticos el 10 de enero del 2019 se avisoraba como un punto de inflexión. Pero eso lo abordaremos en el próximo artículo.

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Josmary Escalona

Periodista principalmente de la fuente política que también hace diarismo, entrevistas y trabajos especiales sobre temas que la población desea conocer.

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