Opinión

Asedio, ofensiva y contraofensiva (Parte VI)

Presidencia interina: El 23 de enero en otro cabildo abierto Juan Guaidó se auto proclamó presidente interino de Venezuela.



El 5 de enero del 2019 la Asamblea Nacional en desacato eligió como su presidente al diputado Juan Guaidó, hasta ese momento un perfecto desconocido fuera del estado Vargas.

En su misma entidad no tenía un liderazgo sólido, tal y como lo demuestran los resultados de las elecciones primarias de la MUD para seleccionar sus candidatos a gobernadores en el 2012, donde solo alcanzó el 18,1% de la votación contra un 61% de José olivares de PJ.

Igualmente desde 2016 hasta el 2018 no fue un diputado destacado en ningún aspecto de la vida parlamentaria. El acuerdo subscrito por los diferentes partidos de la oposición a finales del 2015 asignaba la presidencia de la AN en el 2019 a Voluntad Popular.

En la fracción parlamentaria de partido de extrema derecha habían aspirantes con más méritos políticos que Guaidó para tan importante cargo, sin embargo, Leopoldo López terminó imponiéndolo.

El 10 de enero como estaba previsto en CRBV, el Presidente reelecto Nicolás Maduro tomó juramento ante la ANC para un nuevo periodo constitucional.

Desde mediados de diciembre ante el desconocimiento de los resultados del 20 de mayo se venían dando conversaciones informales entre representantes del PSUV y la oposición buscando opciones para una convivencia institucional y política aún con las abísmales diferencias.

El gobierno planteó facilitar la restitución de las facultades constitucionales a la AN y demandó el reconocimiento de la reelección de Maduro. A pesar del esfuerzo no se logró ningún acuerdo.

Para ese momento, la MUD no tenía claridad sobre el curso de acción a seguir después del 10 de enero.

No es cierto lo que afirma Jhon Bulton, ex asesor de Seguridad Nacional de Trump en su libro “La Habitación Donde Ocurrió” de que el gobierno interino fue una iniciativa de la oposición.

Lo que sí es cierto es que el propio Bulton, un halcón de extrema derecha, fue el artífice de la presidencia interina, una estrategia inteligente, como él mismo la definió, acompañada por el pronunciamiento de factores de las FANB, la profundización del asedio económico y la entrega de ayuda humanitaria.

Consideraba en ese momento que no había necesidad de una intervención militar estadounidense para derrocar a Maduro.

El Departamento de Estado solicitó información a VP sobre el apoyo de la FANB y el pueblo al gobierno de transición. La respuesta fue que si el gobierno de transición contaba con el respaldo de los EE.UU. y otros países aliados, tendrían ambas cosas.

Los hechos demostrarían otra errada lectura de la naturaleza de la revolución bolivariana por parte de la oposición.

El 11 de enero, Juan Guaidó en un llamado cabildo abierto, frente a la sede del PNUD, anunció que el 23 de enero asumiría la Presidencia de la República ante la usurpación de Maduro.

Algunos dirigentes nacionales de la oposición moderada me comentaron posteriormente que había mucha indecisión al respecto. La mayoría la veían como un salto al vacío, el mismo Guaidó expresó sus temores a las consecuencias legales y penales y a la reacción del gobierno de Maduro. Sin embargo, otra vez la presión de Leopoldo López pudo más que la conseja de algunas voces sensatas.

Entre el 11 y 22 de enero todavía habían esperanzas, tanto en el gobierno revolucionario como en la oposición democrática, de que la anunciada auto proclamación no se efectuara por cuanto abría un escenario de gran inestabilidad política y dejaba de nuevo a los diablos de la violencia sueltos, pero las gestiones de nuevo fueron infructuosas. La decisión ya estaba tomada y las cartas estaban echadas.

El anuncio de Guaidó de proclamarse presidente interino despertó el entusiasmo adormecido de los seguidores de la oposición que concurrieron a los cabildos abiertos convocados en varias ciudades del país para delirio de los radicales y entusiasmo en los moderados.


El 23 de enero en otro cabildo abierto Juan Guaidó se auto proclamó presidente interino de Venezuela y anunció el mantra de cese a la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.

La demostración de que no todo estaba consensuado y que sólo un pequeño grupo estaba al tanto lo dejan ver las caras de perplejidad de Edgar Zambrano y Stalin Gonzalez primer y segundo vicepresidentes de la AN respectivamente.

En menos de una hora, Trump reconoce la presidencia virtual de Guaidó y posteriormente lo hacen numerosos países. Muchos de esos gobiernos hoy se arrepienten de la ligereza ante tan singular situación.

El apoyo de Trump y las amenazadoras declaraciones de varios de sus voceros de que todas las opciones estaban sobre la mesa hizo explotar la euforia de los opositores y sirvió para posesionar en su conciencia colectiva la intervención libertadora de los marines norteamericanos.

Se envalentonan los fascistas y un revanchismo sangriento se hizo viral en las redes. Cada extremista de derecha seleccionaba al chavista que quería linchar.

El gobierno reaccionó con aplomo ante el nuevo y delicado escenario. Las bases chavistas y múltiples dirigentes reclamaron la captura de Guaidó y su sometimiento a la justicia.

Sin embargo, el gobierno mantiene la calma y sin mostrar flaqueza optó por la prudencia, la movilización permanente, la consolidación de su base de apoyo social, del PSUV, y el fortalecimiento de su vínculos con las fuerzas armadas.

El sentido de la defensa de la patria ante cualquier agresion extranjera, arraigado desde hace dos siglos, en los venezolanos reforzó el espíritu de cuerpo del chavismo y de las FANB.

El apoyo decidido de Rusia, Chin e Irán se sumaron a los preparativos para la defensa.

Rápidamente surgieron encuestas que posicionaban a Guaidó con algo más de un 60% de popularidad. Sintiéndose apoyado anunció en tono desafiante la entrada al país de la supuesta ayuda humanitaria para el 23 de febrero.

El reto de que la ayuda entra SI o Si le dio a esta acción visos de confrontación de fuerzas, medición de autoridad y control territorial. El ambiente político se hacía cada día más tenso en la medida que La Batalla de los Puentes como la bautizó posteriormente el diputado Carlos Azpurua, se acercaba.

El 23 de febrero cada quien escogió su trinchera. Una cantidad de dirigentes y militantes se fueron al Táchira, otros a Santa Elena de Uairen, otros a las salas situacionales de sus partidos, y la mayoría de la oposición se quedó en su casa cómodamente frente a sus televisores con sus celulares inteligentes listos para tuitear los acontecimientos en tiempo real.

“Lo logramos. Esto es una gran victoria” tuiteo con exaltación en la mañana María Teresa Velandria comisionada de Guaidó para la frontera con Brasil, cuando dos camiones con la anunciada ayuda humanitaria pasaron a Venezuela por el puesto de Paracaima.

No obstante, al final del día ningún otro camión logró entrar al país por la frontera con Brasil ni por Colombia.

Mas allá de la deserción de algunos militares de baja graduación, la lamentable muerte de varios pemones en la Gran Sabana, los enfrentamientos en Ureña entre opositores y chavistas, los intentos fallidos de pasar dos camiones por el puente Simon Bolívar, como lo esperaban Guaidó, Sebastián Piñera, Roberto Duque, Almagro y otros destacados personajes de ultra derecha del lado colombiano, la entrada SI o SI de la ayuda extranjera decretada por el autoproclamado presidente interino terminó en un colosal fracaso para Washington y la oposición, que desató la cólera de Trump a quien no le gustó para nada lo que vio ese día.

Según cuenta Bulton en su libro, palabras más palabras menos, el presidente Trump comentó que Guaidó era un muchacho débil mientras Maduro era un duro, además enfurecido preguntó a su Director de Seguridad Nacional, que donde estaba el apoyo militar que le habían asegurado.

Sin duda el fracaso de Guaidó en la batalla de los puentes fortaleció la confianza del Presidente y elevó la moral del chavismo mientras desconcertó a los opositores.

EE.UU. siguió con su estrategia de seducir o intimidar a los militares venezolanos usando la táctica de la zanahoria y el garrote. Días después del 23 de febrero Trump exhortó en rueda de prensa al alto mando militar a abandonar a Maduro so pena de perderlo todo.

La respuesta del Ministro Vladimir Padrino López no dejó duda de qué lado estaban las FANB.
Paralelamente los gringos preparan un saboteo directo al corazón hidroeléctrico del país. El 7 de marzo un ataque cibernético contra el cerebro de la central del Guri afectó el 80% del sistema eléctrico nacional. Su objetivo era aumentar el malestar social, la paralización económica y estimular un estallido social.

Fueron días de angustia, incertidumbre e irritación nacional. Se produjeron protestas en casi todo el país y saqueos en Caracas, Maracaibo y otras ciudades. Durante casi cuatro semanas se vivió la difícil situación que provoca la falta de electricidad en alimentos, servicio de agua, transporte, hospitales, telecomunicaciones y bancos.

Había la percepción que el país iba a estallar. Sin embargo, con la ayuda de China y Rusia el gobierno logró sustituir los equipos afectados, controlar los daños y restituir el servicio progresivamente, aunque se produjeron dos apagones mas a mediados de marzo (Quitar la S) y comienzos de abril.

Esta dramática situación demostró que más allá de la crispación y el malestar social, la mayoría de los venezolanos son ajenos a la violencia y amantes de la paz.

Por otra parte, Guaidó quien tenía prohibición de salida del país había pasado a Colombia bajo la custodia del grupo paramilitar Los Rastrojos para celebrar el SÍ o SI, se quedó en Cúcuta, después viajó a Bogotá para asistir a una reunión del llamado Grupo de Lima, luego fue a Paraguay, Argentina, Brasil y Ecuador.

Al haber violado la prohibición de salida del país las autoridades estaban obligadas a detenerlo una vez llegara a Venezuela. Este tema causó expectativas nacionales e internacionales sobre lo que haría el Presidente Maduro al respecto. Guaidó ingresó al país el 4 de marzo sin ningún tipo de problema para la indignación de la mayoría de chavistas.

El gobierno fue consecuente con su estrategia de cocinarlo en su propia salsa. Los sucesos del 30 de abril iban a demostrar que Guaidó le era más útil al gobierno en libertad que preso. Pero esto lo abordaremos en la próxima entrega.

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Josmary Escalona

Periodista principalmente de la fuente política que también hace diarismo, entrevistas y trabajos especiales sobre temas que la población desea conocer.

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