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Opinión| Esa mentira no es verdad

El único consuelo que me queda es que la gente piense que este delgado y casi sexagenario chavista fue capaz de noquear a ese corpulento joven.


El domingo 23 de octubre del 2016 se convocó a una sesión extraordinaria con la impertinente intención de declarar la supuesta ruptura del orden constitucional por parte del presidente Maduro.

Nuestra constitución no atribuye esas competencias al parlamento; pero la oposición con su reciente mayoría en la Asamblea Nacional no paraba de buscar cualquier atajo para intentar echar al Presidente del poder. Había malestar en el chavismo por esta nueva arremetida.

Ya habían intervenido los dos primeros oradores inscritos cuando de pronto se escuchó la bulla del tumulto entrando al área del hemiciclo. Todos los diputados identificamos que se trataba de militantes chavistas. Como un fantasma el miedo se apoderó de la bancada opositora.

Sin pensarlo dos veces me levanto y corro junto a otros diputados revolucionarios para intentar contener el avance de los molestos camarada que gritan amenazas contra los que pretenden destituir a Maduro.

Formamos una barrera humana para impedir el avance de los exaltados. Con la fuerza y la razón fuimos convenciéndolos que ese patraña carecía de legalidad, que al final no sucedería nada y que la violencia solo beneficiaría a la oposición.

Así logramos sacarlos poco a poco hasta los jardines del Palacio Federal.
Allí junto a la fuente vi a Jorge Rodríguez, Alcalde de Caracas, que se encontraba hablando con algunas personas.

Me pareció una imprudencia. Los medios lo iban a responsabilizar de lo ocurrido. Me acerqué, le comuniqué mi preocupación y le afirmé que ya todo estaba controlado.

Decidí regresar al salón de sesiones pero en la antesala me puse a conversar con varios diputados escuálidos. De repente se escuchó un fuerte golpe en la puerta principal y bruscamente entra corriendo un sujeto corpulento con el rostro bañado de sangre y la cara descompuesta por el pánico.

Pensé que se trataba de un chavista que intentaba entrar al salón ¿Cómo podía pensar que era un opositor? Pero lo era. Al parecer cuando se formó todo este pandemonium, se escondió en alguna de las oficinas, luego que la situación se calmó lo descubrieron y la multitud lo golpeó mientras el corría hasta la puerta.

Por supuesto yo no estaba al tanto de eso. Instintivamente mi reacción fue atajarlo. Lo jale por un brazo y por un momento forcejé con él; pero su fuerza era superior a la mía y me sacudió contra la pared fácilmente.

Me informaron después que era un asistente parlamentario de un diputado del estado Carabobo. Entré al hemiciclo tranquilo y ocupé mi curul. Al ratico suena mi teléfono, es mi compadre Miguel Delgado que está en todos los brollos de las redes, quien me pregunta qué fue lo que hice porque estoy de tendencia en tuiter por haber golpeado y herido a un diputado de la oposición. Asombrado le respondí: nada, lo único que hice fue ayudar a evitar más violencia.

En el pasillo se encontraba un periodista que tomó dos fotos cuando intenté detener al supuesto chavista y era las únicas que tenían con sangre y violencia. Bueno, las fotos dieron la vuelta a medio mundo graficando la violencia del asalto a la Asamblea Nacional. Intenté aclarar por las redes lo que realmente había pasado pero me cayeron encima insultando y señalándome “no aclares porque oscureces”.

Cualquiera que busque esta información en algunas páginas digitales como la Argentina Infobae, encontrará la siguiente información: “Diputado Jesús Montilla, esposo de la gobernadora de Falcón, junto al alcalde Jorge Rodríguez dirigieron el asalto violento a la AN” acompañada con la foto donde salgo agarrando al hombre.

En estos tiempos de la posverdad no hay manera de desmontar esa falacia. La manipulación de los medios y las redes sociales hacen de la mentira una verdad. Para los chavistas quedé como un héroe y para la oposición como un degenerado. Pero ninguna de las dos cosas fue cierta.

Lo cierto fue que fui por lana y salí trasquilado. El único consuelo que me queda es que la gente piense que este delgado y casi sexagenario chavista fue capaz de noquear a ese corpulento joven.

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Josmary Escalona

Periodista principalmente de la fuente política que también hace diarismo, entrevistas y trabajos especiales sobre temas que la población desea conocer.

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