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Demostración de poder | Corea del Norte desafiará al coronavirus con un desfile militar

Para celebrar el 75.º aniversario del Partido de los Trabajadores, se espera que Kim Jong-un muestre este sábado nuevos misiles intercontinentales y submarinos


Hay cosas que no cambian aunque una pandemia, como la del coronavirus, sacuda al mundo. Como los desfiles de Corea del Norte, que prepara para este sábado una gran parada militar con motivo del 75.º aniversario de la fundación del Partido de los Trabajadores.

Al tratarse de una de las fechas más importantes de este régimen comunista, ni siquiera las precauciones sanitarias contra los eventos multitudinarios han podido con ella y, durante los últimos meses, imágenes por satélite han captado sus ensayos con miles de personas.

Con evidentes fines propagandísticos, el motivo es doble. Por un parte, demostrar al mundo que en Corea del Norte no hay coronavirus porque las fronteras fueron cerradas en enero y las autoridades no han informado de ni un solo caso.

Aunque, si lo hubiera, lo más seguro es que tampoco lo dijeran. Y, por la otra, y más importante, mandar un recado a Estados Unidos a menos de un mes de sus elecciones.

Ya sea Trump o Biden quien ocupe la Casa Blanca los próximos cuatro años, Kim Jong-un no quiere que se olviden de él ni de su programa nuclear.

Para ello, es probable que vuelva a lucir músculo militar con el fin de presionar a Washington para retomar las conversaciones sobre desarme nuclear que abrió con Trump en su cumbre de Singapur en junio de 2018, pero que llevan estancadas desde el fracaso de su posterior reunión en Hanói en febrero del año pasado.

Hay posibilidades de que Corea del Norte desvele nuevas armas estratégicas, como un misil balístico intercontinental o cohetes submarinos, para llamar la atención en un momento en que sus logros económicos han sido escasos.

Advirtió esta semana en el Parlamento el ministerio para la Unificación de Corea del Sur, Lee In-young, según informa la agencia de noticias Yonhap.

A su juicio, esta «demostración de fuerza de baja intensidad» antes de las elecciones en EE.UU. sería menos desafiante que una prueba nuclear o un ensayo de misiles de largo alcance, dos provocaciones que Corea del Norte viene evitando desde 2017. Aunque Pyongyang ha disparado varios proyectiles desde el estancamiento del diálogo con Washington el año pasado, han sido siempre de corto alcance.

Doble mensaje

A la espera de saber quién se sienta en el Despacho Oval a partir de enero, Kim Jong-un se dedicará a mostrar su arsenal y, seguramente, la «nueva arma estratégica» que anunció en su discurso de Año Nuevo, donde endureció el tono.

A tenor de la agencia EFE, podría ser un misil intercontinental más potente que el Hwasong-15, su proyectil de mayor rango y con capacidad en teoría para atacar a EE.UU. con una cabeza nuclear.

Además, en el desfile podrían aparecer los misiles submarinos Pukguksong-3, que ya fueron probados el año pasado y suponen una peligrosa amenaza.

Por último, los expertos y servicios de inteligencia estarán atentos para ver si desfilan también las lanzaderas móviles capaces de disparar misiles intercontinentales.

Con este alarde de fuerza, el joven dictador Kim Jong-un no solo pretende enviar un mensaje al próximo presidente de EE.UU., sino también a su pueblo.

A la dura vida en Corea del Norte se ha sumado este año la catástrofe del coronavirus, que ha dañado su ya de por sí lánguida economía y mermado su comercio con China, vital para la supervivencia del régimen.

Corea del Norte se ha centrado principalmente en estabilizar la vida de su pueblo tras los tifones de este verano y la campaña contra el virus para consolidar su unidad interna.

Señaló el ministro para la Unificación, quiene espera que Pyongyang «explore nuevas vías» en sus relaciones bilaterales y con Washington.

Con un 40 por ciento de sus 25 millones de habitantes sufriendo desnutrición según los cálculos de la ONU, la economía norcoreana creció 0,4 por ciento en 2019 a tenor de las estimaciones de Seúl, lo que supuso su primer positivo en los tres últimos años.

Gracias a una incipiente economía privada consentida por el régimen, y materializada en los mercados callejeros («Jangmadang»), los norcoreanos habían conseguido mejorar su nivel de vida.

Pero el impacto del coronavirus y el cierre de la frontera con China, que concentra el 95 por ciento de su comercio exterior, ha hundido sus exportaciones un 72 por ciento y sus importaciones un 67.

Para darles ánimos en estos tiempos difíciles, por las calles de Pyongyang volverán a marchar los soldados al paso de la oca y es posible que Kim Jong-un dé también un discurso.

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