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EE.UU. | Demócratas crearán comisión para evaluar Trump y sus condiciones para gobernar

El presidente de Estados Unidos ha anunciado su intención de retomar la campaña electoral este fin de semana con actos en Florida y Pensilvania, una semana después de su ingreso hospitalario


Cuando faltan poco más de tres semanas para las elecciones estadounidenses, los dos bandos han doblado la apuesta de cara a los comicios.

Por un lado, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, ha anunciado la creación de un comité que se encargará de determinar si Donald Trump está en condiciones de ejercer la presidencia.

Es una decisión simbólica, pero con una carga política inmensa dado que, al menos en teoría, esa comisión -formada por miembros de los dos partidos y por médicos independientes- podría abrir la puerta a la destitución del jefe del Estado y del Gobierno invocando su incapacidad física o mental, de acuerdo con lo establecido en la Enmienda vigésimo quinta de la Constitución, que fue aprobada en 1967.

La posibilidad de que eso suceda antes de las elecciones es cero, entre otras cosas porque, para ello, sería necesario que el Senado aprobara una ley en ese sentido, o que «los altos cargos del Ejecutivo» -una expresión ambigua que normalmente se interpreta como el gabinete- de Trump le declararan incapacitado.

El presentar la comisión, Pelosi jugó la baza de la ambigüedad.

Esto no es sobre una invocación de la vigésimo quinta Enmienda. No se trata de eso para nada. Eso no es cosa nuestra.

Dijo la presidenta de la Cámara de Representantes, que insistió en que «esto se aplica a futuros presidentes».

La idea, insistió, es establecer un proceso para decidir si el presidente debe ser o no destituido.

En teoría, se trata de hacer lo que prevé la Enmienda, que faculta al Congreso para establecer un mecanismo legal que permita la destitución por incapacidad física o mental del jefe del Estado. 

Claro está, el que, después de 43 años, la idea solo haya sido puesta en marcha cuando quedan 25 días para las elecciones, el presidente ha sufrido una infección de un virus que ha causado la muerte de 213.000 estadounidenses, y esté insistiendo, en contra del consenso de la comunidad médica, que está perfectamente, parece demasiada coincidencia.

El jueves, Pelosi había declarado a la agencia de noticias Bloomberg que Trump «está ahora en un estado alterado», en el que «puede tener limitada su capacidad de decisión».

Las afirmaciones de la presidenta de la Cámara se produjeron pocas horas después de que Trump declarara a la cadena de televisión Fox News que «no soy contagioso» y que «soy un espécimen en perfecto estado físico y extremadamente joven».

Según los médicos, es imposible que Trump no sea contagioso, dado que han pasado menos de dos semanas desde que dio positivo en la prueba del COVID-19.

Respecto a la «extrema juventud» del presidente, hay que recordar que Trump cumplió 74 años en junio.

El médico personal del presidente, Sean Conley, ha decidido que la recuperación de Trump «es completa» y que puede volver a dar mítines mañana.

Pero la credibilidad de Conley parece limitada, después de que haya dado informaciones contradictorias acerca de cuándo Trump dio positivo, y no haya facilitado datos acerca de cuestiones que los expertos citan como clave en la evolución de la infección por COVID-19, como la fiebre del paciente. 

Hoy, Trump, en una entrevista radiofónica entrecortada por ataques de tos, declaró que va a dar un mitin mañana en Florida y otro más pasado en Pennsylvania, dos estados claves en las elecciones.

Sin embargo, su campaña no ha dado ninguna información acerca de dónde ni cuándo serán los eventos.

Trump va entre 10 y 16 puntos por detrás de Biden, según las encuestas, y todo parece indicar que el presidente quiere volver a sus multitudinarios mítines, en los que moviliza a su base de una manera tremendamente efectiva. 

Trump, también, se ha negado a condenar el presunto intento de secuestro de la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer, por parte de 13 fanáticos de ultraderecha que se oponían a su medidas de distancia social para contener el COVID-19.

Es más: el presidente ha atacado a Whitmer, a la que ha acusado de «cerrar todo el estado», y de la que ha dicho que le acusó a él de ser «un supremacista blanco», lo cual es mentira. Ya en abril Trump había colgado un ‘tuit’ que decía, en mayúsculas, «¡Liberad Michigan!», que fue interpretado por algunos como una ‘luz verde’ sutil al uso de la violencia contra la gobernadora.

Miles de voluntarios en colegios electorales

Entretanto, la campaña de Trump ha anunciado el alistamiento de 50.000 voluntarios que estarán presentes en los colegios electorales de Estados Unidos el 3 de noviembre para denunciar posibles fraudes.

La oposición demócrata afirma que ese ‘ejército’ de votantes de Trump va a tener un impacto intimidatorio, especialmente entre votantes de nivel educativo bajo, en unas elecciones que podrían decidirse por unos pocos miles de sufragios en determinados estados.

También hay temores de que esos voluntarios acaben organizando piquetes en zonas demócratas para impedir el acceso a los colegios.

De hecho, eso es algo que ya ha sucedido en el condado de Fairfax, en el estado de Virginia, a las afueras de la capital, Washington, donde se puede votar desde hace dos semanas y grupos de simpatizantes de Trump han bloqueado en ocasiones la entrada a los colegios electorales.

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