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«Respirar es un privilegio»

Tras superar la COVID-19, José y su esposa aprendieron que el virus «no es un juego, que es real, existe y de un momento a otro nos puede colocar en una encrucijada respecto a vivir o morir»


Había leído mucho sobre el coronavirus. La radio, la prensa, la televisión, la gente hablando del tema, de un virus que respecto a otros, se diferenciaba por su rápida propagación y letalidad. A pesar de ese torrente informativo, no le hice mente. Me decía: ¡Qué me voy a estar contagiando yo! Basta con usar el tapaboca y tomarme un guarapo de noche para mantenerme fino, sano.

Así se expresaba a principios de la pandemia un coriano que tiempo después, se contagió junto con su esposa y cuya experiencia ha decidido compartir, con la condición de no ser identificado. Por ello usaremos un nombre genérico: José.

En medio de esa creencia de considerarse intocable, José siguió su vida como si nada.

Usaba tapaboca, se lavaba las manos y tomaba de vez en cuando guarapos.

Salía de mi casa, a hacer vida social, a divertirme y a jugar fútbol que es el deporte que me apasiona. Me envolvió más la emoción de estar rodeado de la gente, aunque guardando en oportunidades la distancia sugerida para evitar contagiarse. A veces a uno se le olvida porque el venezolano es muy pegajoso y le gusta el calor de la gente. Hasta que un día, antes de sentir los primeros síntomas, mi esposa comenzó a presentar  fiebre, dolor de cabeza y demás síntomas asociados a la COVID-19.

Recordó José.

Error menospreciar los síntomas

¡Qué va! Eso debe ser una gripecita o un virus cualquiera. Eso creíamos, pero al cuarto día de fiebre, de persistir las dolencias y ahora, sin gusto ni olfato, reaccionamos. Ya no era mi esposa; también era yo quien sentía los síntomas. Y caímos en cuenta, aunque sin diagnóstico certificado, que podíamos estar contagiados. Ahí entendí lo imprudente que resultaba tomarse a la ligera el tema de la pandemia.

Resaltó.

Si antes de los síntomas tomaban guarapos, ahora con más razón.

Estos días nos tratamos con remedios caseros, guarapos, también con acetaminofén. No hubo mejoría y por el contrario, creció la preocupación. ¡Lo que tenemos sin duda es COVID-19!.

Recordó cuando definitivamente reconocieron la gravedad del asunto.

Hacérselo saber a la familia fue otro paso apremiante pero trascendental, porque significaba la búsqueda de ayuda pero también una forma de protegerlos a ellos.

“Enterada la familia, consulté a mi vecino que es médico. Me sugirió acudir al centro de diagnóstico integral y mediante la prueba rápida se confirmó lo que ya sospechábamos. ¡Mi esposa y yo teníamos coronavirus!”, indicó.

José y su esposa comenzaron a presentar otros síntomas: sudoración, corazón acelerado, ansiedad y otros, ya no relacionados a la COVID-19, pero si consecuencia de este: el miedo al después, donde morir era el extremo.

No obstante, José y su esposa reaccionaron y si al casarse juraron amarse por siempre, estar unidos y luchar juntos hasta que la muerte los separara, esta era la mejor oportunidad de demostrarlo.

Ambos pensaron más bien en ese grupo de recuperados, de personas que engrosan las estadísticas que supera el 90%.

El hecho de saber que de cada 10 casi 9 se recuperan, los animó a encarar el tratamiento con optimismo.

Saber que no a todas las personas les da de la misma manera, no calmó. Optamos por ser optimistas y dentro de esa perspectiva no podía faltar Dios. Nos aferramos a él y juntos, pusimos manos a la obra, decididos a vivir.

Detalló.

El sabor de la conciencia

Los guarapos que comenzaron a tomar tenían el mismo sabor de siempre, de cuando no estaban contagiados.

«La diferencia era el sabor de estar conscientes de que la vida es el bien más preciado, un regalo de Dios y que no solo por la pandemia, sino a cada instante, debemos hacer votos para vivir una vida sana, gozar de buena salud y disfrutar de la compañía de nuestros seres queridos«, reflexionó José.

La misma naturaleza proveyó a José y su esposa, de los montes para la variedad de guarapos ancestrales que se han puesto muy de moda en esta época de escasez, de medicamentos dolarizados e inalcanzables por los bajos salarios.

Prórroga para empatar, ganar y vivir

Guarapos, acetaminofén, vitamina C, antibióticos y lo más asequible dentro de toda esa variedad de insumos y recetas que recomiendan. Juego al fútbol y la cuarentena a la que tuve que someterme, ya obligada y no por un asunto de conciencia, la veía para entonces como una prórroga que Dios, nuestro creador me daba para empatar el partido, ganar y seguir disfrutando la vida, pero sobre todo de mi esposa y la compañía familiar.

Confesó José.

Tras dos semanas de aislamiento, de ingesta de guarapos a todas horas del día y cumplir su tratamiento, José y su esposa comenzaron a recuperar energía y en especial el ánimo y las esperanzas.

“¡Mi sistema inmunológico, que estaba por el suelo, comenzó a fortalecerse. Eso no tenía otra explicación y era que, gracias a este tratamiento y cuarentena, el virus no se expandió a mis pulmones, lo que hubiese significado alguna hospitalización!”, expresó.

El valor de respirar

¡Dios es grande y maravilloso! Nos dio la fortaleza y fuerza de voluntad para, mi esposa y yo, recuperarnos y volver a reincorporarnos a la vida social, pero sobre todo familiar. No le deseamos a nadie pasar por lo que pasamos y entendemos que, hay historias mucho peor, en especial de aquellos que han terminado recluidos en el hospital con oxígeno.

Sostuvo.

José y su esposa aprendieron, por experiencia propia, que el virus no es un juego, que es real, existe y de un momento a otro nos puede colocar en una encrucijada respecto a vivir o morir.

No hay que esperar a enfermarse o ver morir a un familiar para entender la peligrosidad del virus. Mi esposa y yo no lo tuvimos fuerte, pero no hay que esperar lo peor para entender que debemos cuidarnos. No hay que esperar a la COVID-19 para entender el valor y lo que significa respirar. Doy gracias a Dios por respirar, por cada nuevo amanecer, por seguir al lado de mi familia, cuando otros, conocidos y hasta familiares, no han corrido con la misma fortuna en lo que va de pandemia. ¡Cuídense, entiendan que esto es serio y eviten ser parte de la estadística letal! Respirar es un privilegio que no debemos desperdiciar.

Aconsejó José.

La frase

“Optamos por ser optimistas y dentro de esa perspectiva no podía faltar Dios. Nos aferramos a él y juntos, pusimos manos a la obra, decididos a vivir”.

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