Salud

Agonía y muerte de la enfermera Yulimar, contada por su esposo

La enfermera Yulimar Semeco murió a las pocas horas de haber parido un varoncito que según William Cumare, su esposo y quien es camillero, puso sobre relieve el miedo que sienten los médicos y la estigmatización en torno al COVID-19.


Si no fuera porque el coronavirus espantó a la gente, a Williams Jesús Cumare le hubiese dado pena ponerse la bata y gorro quirúrgico a las afueras de la emergencia del Hospital Doctor Alfredo Van Grieken.

Sin embargo, la mañana de este lunes 12 de octubre, día de la resistencia, la soledad predominante desde el 8 agosto que esta área quedó exclusivamente para pacientes con COVID-19, le permitió vestirse con serenidad, ponerse el traje de quirúrgico, lentes y entrar a uno de los sitios más temidos de la ciudad.

Aunque el oriundo de Acurigua ya sabía lo que era usar este tipo de indumentaria pues, desde el 2018 trabaja como camillero en el Hospital Doctor Rafael Calles Sierra, el riesgo era para él, para Yulimar Pastora Semeco Vizcaíno y el hijo que estaba por nacer.   

Mientras se colocaba el traje, uno de los 10 que tuvo que comprar, William Jesús accedió a compartir lo que para él significaba ingresar a un área de alto riesgo y ser parte de la primera línea de batalla contra el COVID-19.

Si como camillero lo había hecho con la vocación del que sirve, ahora más con Yulimar Pastora, su esposa y quien estaba por darle un hijo. Ella era enfermera del mismo centro asistencial ubicado en Punto Fijo, municipio Carirubana.

La entrevista que William accedió a darnos, debía esperar porque la prioridad era otra y mientras se vestía, dejó claro cuál era su misión adentro del área COVID-19: “Tengo a mi esposa embarazada a punto de dar a luz. Esta sola y tengo que cuidarla”.

El sacrificio de comprar casi todo

William acusaba el peso económico de tener un familiar hospitalizado, sin embargo decía que cuando se trata de un ser querido, uno hace todo lo que está al alcance y saca de dónde no tiene.

“Aquí solo hay solución 0.9; del resto hay que comprarlo todo y para que pudieran atender a mi esposa tuve que comprar 10 monos quirúrgicos, cada uno a Bs. 1.500.000. ¡Qué grosería vale! Los compré porque se trata de una emergencia y me siento mal de ver a Yulimar así. La verdad es que le pido a Dios que todo transcurra bien y salgamos en victoria los tres: mi esposa, mi hijo y yo”.

Yulimar presentaba dificultad para respirar. Había dado negativo en la prueba rápido y estaba a la espera de la PCR.

“Es la primera vez que pasa eso con un familiar. Es terrible y por eso pido que se cuiden mucho pues esto no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Mi familia me insiste en que cuide y por ahora junto a mi hermana estamos atentos de Yulimar. Soy quien se la pasa más adentro atendiéndola en lo que necesita”.

El mensaje que esperábamos de William Cumare era precisamente de cómo asumir responsablemente el riesgo de ingresar a un área delicada y lo que se ha recomendado en cuanto a medidas de bioseguridad.

“Les digo a la gente que se cuide, que tenga siempre su mascarilla ya que el COVID-19 no es un juego. ¡Es duro tener a un familiar así!”, dijo al despedirse, con la promesa que ampliar el testimonio en cuanto a su vivencia cuando su esposa mejorara, el bebé naciera y los tres abandonaran el hospital.

Un hijo llega, una madre parte

El bebé nació a las 2:30 de la tarde del 12 de octubre y su esposa murió a las 4:14 de la madrugada del martes 13.  

“Mi esposa era una excelente enfermera del Hospital Doctor Rafael Calles Sierra y cuando llegó a ese Hospital de Coro, el Alfredo Van Grieken, perdió la vida por negligencia. No la atendieron como correspondía, y no me lo contaron, yo lo viví porque estuve tres días a su lado”.

Afirma que Yulimar fue una mujer con gran espíritu. “Tenía que seguir viviendo y luchando, ayudando a la gente. Era una extraordinaria trabajadora del área de enfermería. Imploré que no la dejaran morir, pedí que le colocaran el respirador artificial y me respondieron que ese era un proceso que contaminaba el área. Me le negaron la atención por su problema respiratorio”, denunció.

Sin traje no se mueven

William Cumare que estuvo con su esposa las últimas 72 horas de vida, sobre su experiencia, cuenta que los médicos se iban a descansar a las once de la noche y no se ocupaban de saber de los pacientes a menos que los familiares los llamaran. “Te dicen que solo si tienes traje, acceden a ver a tu paciente. De lo contrario, no van; te pelotean de un lado para otro”.

El camillero dice que tuvo que comprar prácticamente todo, desde las mascarillas y que en el caso de las suturas, le dijeron que no había, pero un médico les ofreció un par en venta.

Aparte dice que mientras su esposa estaba decayendo con el oxígeno, el médico estaba metido en un cuarto. “Le pedí que por favor viera a mi esposa que estaba muriendo y simplemente me respondió: ‘¡Ya le envié un mensaje (msj) a los de Unidad de Cuidados Intensivos (UCI)!’ Y advirtió que esos no vienen si no tienen traje», parafraseó.

Era cesárea y terminó pariendo

“Mi esposa tenía que ser cesareada pero como tenía dificultades respiratorias, nadie la quería atender. De tanto esperar, le dieron los dolores y tuvo que parir. Creo que a raíz de eso se complicó puesto que su dificultad para respirar aumentó, estaba como cansada. Ni siquiera al bebé lo atendieron como correspondía porque según ellos, venía de una paciente con COVID-19. Supliqué para que le hicieran la prueba y salió negativa”, expresa William Cumare.

Asegura el oriundo de Acurigua que la pediatra ni siquiera se ocupó de limpiar al recién nacido. “Menos mal mi hermana fue ese día y le pedí que se quedara. Esta vez la pediatra le dio un par de guantes para que ella misma lo aseara, pero la pediatra  ni siquiera lo revisó a ver como estaba. Es un bebé prematuro de 34 semanas. ¡Gracia a Dios está bien!”.

Yulimar era enfermera del Hospital Dr. Rafael Calles Sierra, donde también trabaja su esposo William, quien la acompañó hasta sus últimos momentos. Foto: Cherry Domínguez

¿Miedo al COVID-19?

William afirma que a su hijo lo dejaron “solito en un cuarto oscuro, sin luz y sucio. Nadie pasó a revisarlo porque según venía de un paciente con COVID-19 sin tener pruebas de ello. Las enfermeras sólo pasaban y llegaban hasta la puerta mientras que el bebé lloraba del hambre. Yo no podía hacer nada porque estaba con mi esposa que estaba malita. Tuve que salir horas después, en la noche a buscar ayuda, a ver quién podía llevarme a comprarle leche. Por suerte, conseguí unos milicianos que tenían un vehículo y me trasladaron hacia una farmacia porque ya era tarde, las once”.

Cuenta que dieron de alta al bebé y como algo contradictorio, la pediatra llegó a preguntarle a su hermana como había pasado la noche y cómo se encontraba el recién nacido, cuando eso era su responsabilidad.

Incertidumbre sobre el COVID-19

William no tiene certeza de cuál pudo ser la línea de contagio de COVID-19 de su esposa, si es que lo tenía. “En realidad no lo sé porque ella estaba de reposo desde la semana 28. Estuvo  todo el tiempo en su casa, no salía para ningún lado y yo me cuidaba exageradamente para cuidarla a ella. Más bien Yulimar se aburría de estar allí todo el día en casa, durmiendo”.

“Creo que fue la mala atención que tuvo porque los médicos de la UCI no la atendieron, no le colocaron respirador artificial porque era sospechosa de COVID-19. No se le querían acercar a menos que tuvieran el traje. A mí me mandaron a comprar 10 monos quirúrgicos cada uno a Bs. 1.500.000 y agujas raquídea las cuales no me lo devolvieron porque iban a pasar hacerle curetaje y fueron solamente dos, lo demás no me los devolvieron, eso era para su cesárea que nunca se cumplió”.

Refiere que a sabiendas de que Yulimar era una paciente de riesgo por su embarazo y su problema respiratorio “dejaron que le dieran los dolores y dio a luz por no atenderla a tiempo. Por eso se complicó. Cuando agonizaba, desesperado le dije al médico qué podía hacer porque se estaba muriendo y solo me respondió: ¡Anda a UCI a ver si quieren bajar ya les envíe un msj”.

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Gerardo Morón Sánchez

Periodista falconiano, a cargo de la fuente de sucesos, policial y judicial, también información general. Becario de la FNPI e Integrante de la Red Iberoamericana de Periodistas. Diario Nuevo Día "Periodismo que Integra".

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