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María y su actitud ante el cáncer: ¡De esto me voy a curar!

“Yo venía con el pensamiento de que, como muchos, el cáncer era muerte, pero decidí no mortificarme por la enfermedad”.


María Mercedes Talavera de Martínez tiene 75 años de edad y siempre se tomó muy en serio lo que su madre, Columba Talavera, quien en dos años cumplirá un siglo de vida, le dijo y vive diciendo sobre qué actitud tomar ante la vida y la muerte.

“Cuando uno nace, te anotan allá y te ponen fecha de nacimiento y también la fecha de vencimiento. No hay de qué preocuparse. El día que Dios te necesite, simplemente te manda a buscar, estés enfermo o estés sano”.

En 19 de abril del 2018, cuando le diagnosticaron cáncer en un seno, contuvo sus emociones con una expresión cargada de optimismo y se dijo: ¡De esto me voy a curar!

Chequeo y prevención

María Mercedes es contadora pública, con una trayectoria de más de 40 años, entre ellos como gerente del extinto Bancoro. Desde el año 2002 venía con una rigurosidad, casi religiosa, examinar su salud, y  en especial sus senos con especialistas en Caracas, y parte de la prevención que recomiendan las autoridades de salud y lo recuerdan cada 19 de octubre, Día Mundial de la Lucha Contra el Cáncer de Mama.

“¡Siempre perfecto!”, recuerda María Mercedes que salían sus exámenes, hasta que en enero del 2018, notó una secreción en uno de sus senos que la hizo viajar de nuevo a Caracas, a someterse a nuevos estudios, cuyos resultados favorables, calmaron más a su familia, que a ella que siempre ha sido optimista ante la vida.

En marzo, después de pasar por el dolor que le generó la partida física de una hermana a principios de febrero, la secreción por un seno, pasó a ser de sangre. “¡Véngase enseguida a Caracas!”, le sugirió su médico, aunque antes del viaje, decidió chequearse con el doctor García Colina, quien arribó a la ciudad de Coro.

Tras los nuevos estudios y mientras esperaba los resultados, vino a continuación un tratamiento por dos semanas, momento en el cual le hicieron saber que, producto de la dilatación en el seno, había que operarla. El 14 de abril la intervinieron en la clínica Guadalupe, de Coro.

María Mercedes recuerda que su médico la animó diciendo que la operación había sido un éxito, que no se notaba algún cáncer; sin embargo cuando llegaron los resultados, estos indicaban que tenía cáncer de mama.

Su esposo sucumbió al temor

En medio de la incertidumbre, decidieron hacer unos estudios pensando quizá revertir los primeros, pero confirmaron que eran cáncer. Incluso, los que el doctor García Colina mandó a rectificar en Maracaibo, también arrojaron que era cáncer. 

Ese día, 19 de abril del 2018, cuando no quedó ninguna duda de que era cáncer de mama lo que tenía María Mercedes, su esposo, Jesús Antonio Martínez, murió de la impresión en horas de la noche, en el hogar que compartían.

“¡Jesús, no te preocupes! De esto no va a pasar nada; María Mercedes tiene 73 años y las personas de esa edad ya no producen hormonas, eso no se va a reproducir. Lo único que le harán serán unas terapias y quimioterapias, pero estas últimas no las vamos permitir porque no las va a tolerar”, recuerda que le dijeron a su esposo, procurando serenarlo, pero a las pocas horas de que en la familia se confirmara el cáncer, este fue llamado por Dios.

María Mercedes recordó aquello de que, cuando Dios necesita a uno de sus hijos, lo llama así esté enfermo o sano. En su caso, debía seguir la vida, sin su esposo, pero con el respaldo de sus hijos, uno de ellos sacerdote, otro pastor evangélico, y demás familiares; también con la fe puesta en sus santos, en Dios y su eslogan de vida: ¡De esto me voy a curar!

“Yo venía con el pensamiento de que, como muchos, el cáncer era muerte, pero decidí no mortificarme por la enfermedad y asumí mi recuperación”, recuerda María Mercedes quien, el 18 de mayo del 2018, tuvo que pasar nuevamente por el quirófano, esta vez para chequear los ganglios y detectar si había hecho metástasis.

 La etapa de las terapias

Todo salió bien y María Mercedes eligió Valencia como la ciudad donde pernoctaría para someterse a las 18 terapias, que consideraba muchas y que le había sugerido su médico para que quedara perfecta. Al final no fueron 18 sino 32 las terapias, cantidad elevada, pero que cuando entendía que le ayudaría a seguir viviendo, consideró irrisorias.

“¡Dele, doctora! Si son 50, 70 y hasta 100 terapias, yo las soporto  con tal de sanarme. Si mi esposo, estando sano, se murió en una noche, yo que estoy enferma de verdad, me voy a curar porque deseo vivir, seguir al lado de mi familia”, expresó.

El 2 de junio le hicieron una tomografía integral que detectó que el primario estaba en un solo sitio y comenzó las terapias que se redujeron a 28 después de unos estudios más recientes que demostraron una evolución favorable, corroborado por otros estudios que significaron su pasaporte a Coro, puesto a que ante la recuperación, su hija Lorelys, la mandó a buscar para tenerla en casa, con un tratamiento por cinco años a base de una pastilla.

Luchar en vez de llorar

Si le preguntaran cómo se encuentra respecto al cáncer tras dos años diagnosticada, María Mercedes respondería que: bien.

“Psicológicamente no me afectó, y mucho de ello se debe a que me aferre a Dios, fui optimista y no me puse a llorar en un rincón pesando que me iba a morir. Uno debe decirse: ¡No me voy a morir, voy a vivir porque Dios me va a curar! Uno tiene fecha de nacimiento y fecha de vencimiento; no hay de qué preocuparse. El día que Dios necesite a uno, lo manda a buscar aunque esté sano”.

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Gerardo Morón Sánchez

Periodista falconiano, a cargo de la fuente de sucesos, policial y judicial, también información general. Becario de la FNPI e Integrante de la Red Iberoamericana de Periodistas. Diario Nuevo Día "Periodismo que Integra".

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