Opinión

Dos cumaneses y un vecino

Ramos Sucre (1890) y Andrés Eloy (1896), anverso y reverso de la poética nacional se constituirán en los epígonos de corrientes muy disímiles, en el proceso creativo de la belleza, aun cuando son coterráneos y coetáneos.


A orillas del rumoroso Manzanares quedará definitivamente asentada, la ciudad de Cumaná, después de dos partos frustrados. Un paisaje deslumbrante, donde los azules se unen en lontananza, hacen marco a esta población, iluminada antes que cualquier otra por su condición de puerta del sol; la ciudad procera y heroica en que se va a transformar la villa originaria, nos deparará igual que Caracas, 3 prohombres como Antonio José, José Antonio y Andrés Eloy y, a escasos kilómetros, Cruz Salmerón. 3 poetas y un soldado, para orgullo de esta hermosa ciudad oriental.

Ramos Sucre (1890) y Andrés Eloy (1896), anverso y reverso de la poética nacional se constituirán en los epígonos de corrientes muy disímiles, en el proceso creativo de la belleza, aun cuando son coterráneos y coetáneos.

Razones de tipo subjetivo y el proceso formativo de estos aedas, como es fácil deducir, incidirán en la elaboración que caracterizan sendas obras poéticas.

Dos hombres totalmente diferentes en el estilo y en la forma creativa.

Andrés Eloy formó parte de una honorable familia que le permitió ser《un hombre bien construido por dentro》, se convertirá en el poeta más popular del país. En él destacan las variadas facetas de su personalidad: como bardo, como humanista, como político, como humorista, pero sobre todo, como un ser humano integral. Su amor ilimitado por el pueblo, con quien se consustanció e interpretó, no tiene parangón con ningún otro vate del pasado o del presente, porque era un poeta que sentía lo vivo y lo sabía expresar maravillosamente; las ilusiones, los pesares, las esperanzas, los anhelos de su tierra y de su pueblo, por eso dijo:《 Yo soy pues, y me enorgullezco en decirlo, un discípulo del pueblo 》.

A partir de los años 60 las nuevas promociones poéticas, en el rescate que hacen del taciturno oriental lo consideran su porta estandarte discrepando, por supuesto, de la obra de Andrés Eloy, a quien consideran un tradicionalista, conservador, ajeno a las nuevas corrientes que rompen con la formalidad del metro, las estrofas, la rima, creando un verbo mucho más libre; y tienen razón, Andrés Eloy confiaba más en lo espontáneo que en el《acto de creación consciente》.

Ramos Sucre, hombre de una inteligencia extraordinaria y una cultura poco comunes, amén de políglota, será  uno de los poetas más innovadores de la lírica nacional.

Sin embargo, era un hombre completamente abstraído, ajeno a lo circundante, como en un estar y no estar. Una inmensa soledad interior lo convirtió en un ser huraño, con un alma desgarrada que sólo proyectaba en su maravillosa prosa, enigmática y solemne《 en su lenguaje que es uno de los más lúcidos y laboriosamente trabajados en la poesía venezolana de todos los tiempos》.

Allí está su obra, toda escrita en prosa, el hombre solitario que fue, expresa su creatividad de una manera hermética y simbólica lo que dificulta su lectura.

Torre de Timón (¿de marfil?), Las Formas del Fuego y Cielo de Esmalte son su aporte poético. Ayacucho publicó sus obras completas, incluyendo sus cartas. Estas últimas, para mí, nos permiten conocer mejor al hombre y, en consecuencia, su poética.

Si algo tienen en común estos dos vates es su trágico final, al que se les une el autor de Azul, paisano y coetáneo también: Cruz Salmerón Acosta, víctima de la lepra (1929); Ramos Sucre, víctima de sí mismo, termina suicidándose (1940) y Andrés Eloy, víctima de un absurdo accidente de tránsito. (1955).

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