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Cerca del 3-N | Amy Coney Barrett: La nueva jueza de la Corte Suprema

La elección de Barrett enciende aún más la última fase de la campaña presidencial


La nominada de Donald Trump, Amy Coney Barrett, se convirtió este 26 de Octubre en la nueva magistrada de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, pese a la fuerte oposición de los demócratas y a una semana de las elecciones presidenciales.

Trump ha señalado que no reconocería los resultados en caso de una derrota y que este tribunal, ahora con una fuerte mayoría conservadora, sería el encargado de resolver ante denuncias de irregularidades.

La elección de Barrett enciende aún más la última fase de la campaña presidencial.

Es una victoria política para el presidente Donald Trump en la recta final de la carrera por la Casa Blanca.

Amy Coney Barrett, la jueza que despierta preocupación entre los grupos de defensa liberales y que promueven el derecho al aborto en Estados Unidos, finalmente es la novena magistrada de la Corte Suprema de Justicia.

Con 52 votos a favor y 48 en contra, el Senado de Estados Unidos confirmó a Barrett para ocupar la vacante que dejó la recién fallecida magistrada progresista Ruth Bader Ginsburg.

La Cámara Alta, de mayoría republicana, superó la oposición demócrata unificada contra la tercera confirmación de un candidato del presidente Trump para el alto tribunal, que ahora queda con una marcada mayoría conservadora, de seis jueces conservadores y tres progresistas.

Barrett consolida así una de las listas más derechistas de magistrados del supremo en varias generaciones, algo considerado como un logro emblemático del actual mandatario, con la ayuda del líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell.

Ningún candidato a la Corte Suprema ha sido confirmado por el Senado tan cerca de una elección presidencial y cuando alrededor de 60 millones de personas ya han emitido su voto por adelantado sobre quién debería ser su presidente para los próximos cuatro años.

El proceso de confirmación de Barrett se convirtió en una trinchera más del enfrentamiento entre las dos bancadas políticas para ocupar la Presidencia.

Demócratas que exigían que el aspirante a ocupar el cargo fuera decidido por quien resulte ganador de las elecciones del próximo 3 de noviembre y republicanos que alegaron tener el derecho a hacerlo por ostentar en la actualidad tanto el Ejecutivo como la mayoría en el Senado, encargado de decidir si confirmaban o no a la nominada del presidente.

El papel de la Corte Suprema ante unas reñidas elecciones

La elección de una jueza republicana y en medio del proceso electoral causó mayor rechazo por parte de los demócratas luego de que el presidente Donald Trump señalara que no reconocería los resultados de los comicios en caso de una derrota.

El mandatario ha asegurado en repetidas ocasiones que quería a Barrett en el supremo en caso de que una eventual anomalía de los comicios deba ser resuelta por este tribunal.

Durante su campaña Trump ha puesto en duda la integridad del proceso electoral, aunque sin aportar pruebas, ha dicho que el uso del voto por correo provocaría un fraude.

Esta modalidad de sufragio que ha existido por décadas en el país y que el propio Trump ha utilizado en otras elecciones, este año cobró una mayor relevancia en medio de la pandemia del COVID-19, por lo que muchas personas acuden a ella para evitar así las previsibles aglomeraciones el próximo 3 de noviembre.

Pero ante las advertencias del jefe de Estado, no se descarta que un eventual y presunto conflicto por los resultados electorales deba ser resuelto por el alto tribunal, ahora de fuerte inclinación conservadora.

Amy Coney Barrett, la ultraconservadora que preocupa a los defensores del aborto y a los progresistas

La abogada y jueza de 48 años, que causa rechazo entre los grupos de defensa liberales, proviene de raíces conservadoras del sur de su país. Nació en Louisiana y creció en un suburbio de Nueva Orleans.

Es católica practicante, madre de siete hijos, todos menores de 20 años, dos adoptados en Haití, y se opone por convicción personal al aborto.

Por sus fuertes posiciones es considerada la antítesis más clara de la icónica feminista jueza Ruth Bader Ginsburg, a quien reemplazará. 

Tiene solo tres años como jueza, desde que en 2017 fue elegida por el presidente Trump para la Corte de Apelaciones del Séptimo Circuito de EE. UU. con sede en Chicago.

Sus declaraciones sobre la interrupción voluntaria del embarazo han encendido las alarmas de que en la Corte Suprema pueda ayudar a revocar la histórica decisión que legalizó el aborto en este país en 1973.

Su postura frente a este asunto podría impulsar al electorado conservador del que el líder republicano dependió en gran parte hace cuatro años, pero causa el completo rechazo de los progresistas.

Durante su testimonio público ante el Comité Judicial del Senado se definió como un árbitro neutral y dijo que no se tratará de «la ley de Amy». Sin embargo, no todos creen en estas palabras.

Es una mujer conservadora que abraza su fe. Ella es descaradamente pro-vida, pero no va a aplicar ‘la ley de Amy’ a todos nosotros.

Dijo el presidente del Comité Judicial, el senador republicano Lindsey Graham.

Desde que se conoció sobre su nominación, otros partidarios de la magistrada como Catherine Glenn Foster, presidenta y directora ejecutiva del grupo antiaborto Americans United For Life, llamaron a Barrett «la mejor y más calificada sucesora» de Ginsburg.

Pero su postura sobre el aborto no es la única en la que comparte su visión con el actual mandatario en temas polémicos.

En los tres años que lleva como jueza de apelación ha defendido las posiciones legales conservadoras en asuntos clave, al votar a favor de las políticas migratorias de Trump, mostrar su apoyo a los derechos de posesión de armas y su oposición a la Ley de Salud impulsada por el expresidente Barack Obama, conocida como Obamacare.

Su elección llega justo cuando está programado para el próximo 10 de noviembre que la Corte escuche un caso contra esta norma de salud de la era del expresidente.

Barret también causó controversia por ser autora de un fallo que facilita que los estudiantes universitarios acusados ​​de agresiones sexuales en el campus demanden a sus instituciones.

Mientras los demócratas la acusan de promover los intereses de las grandes corporaciones y los republicanos la aclaman como un modelo de moderación judicial, su lugar para el cargo vitalicio de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos ya es un hecho.

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