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Luis Arce, «un presidente para todos los bolivianos»

El recién investido presidente señaló al Ejecutivo transitorio de haber agudizado la crisis política y económica en la nación boliviana.


Este domingo 8 de noviembre, Bolivia presenció la toma de posesión de su nuevo presidente, el economista Luis Arce, quien asume el Gobierno a casi un año de la renuncia del expresidente Evo Morales, y tras meses de una profunda crisis política, económica y sanitaria en el país andino. 

El nuevo mandatario, del partido Movimiento por el Socialismo (MAS) de Morales, fue investido en el cargo ante otros líderes regionales, entre los cuales figuraron los mandatarios de Colombia, Argentina y Paraguay, además de representantes diplomáticos de Chile, Irán y del Gobierno venezolano del presidente Nicolás Maduro. También estuvo presente el rey de España, Felipe VI.

La Asamblea Legislativa, donde se realizó la ceremonia, fue revestida con largas banderas bolivianas y wiphalas, símbolo del estado plurinacional de Bolivia.

La posesión vino precedida de una ceremonia de agradecimiento a la Pachamama, en la que varios de los presentes llevaron trajes tradicionales de los pueblos indígenas, que rodearon también las calles aledañas al recinto.

Arce lanzó duras críticas al Gobierno interino y lo acusó de vulnerar la democracia

Arce, exministro de Economía de Evo Morales, quien llega al poder con el 55% del apoyo en las urnas y con el reconocimiento de haber sido el artífice del rápido crecimiento económico de Bolivia bajo el mandato del líder del MAS, asume una presidencia con difíciles retos.

Entre ellos, la polarización, la crisis política y económica, y la propia pandemia de COVID-19.

En su discurso, el nuevo presidente aseguró gobernar «con responsabilidad e inclusión, representándolos a todas y a todos, afrontando los cambios necesarios con el objetivo de que Bolivia vuelva a la senda de la estabilidad lo antes posible». 

Tras pronunciar estas palabras, el nuevo mandatario fue ampliamente crítico con el Gobierno interino que dominó tras la renuncia y posterior salida del país de Morales.

Arce acusó al Gobierno de facto de haber vulnerado los «derechos civiles, como la libertad de expresión», así como los de los pueblos indígenas. 

«Estos sectores minoritarios levantan la bandera de la democracia solo cuando les conviene y cuando no, recurren a la violencia (…) y a golpes de estado para hacerse del poder (…) A pesar de esas condiciones adversas, a pesar de que estuvo amenazada (la democracia), en las elecciones del 18 de octubre obtuvimos una histórica victoria en las urnas», expresó Arce ya erigido presidente.

El nuevo mandatario también señaló al Gobierno interino de agudizar la crisis

Pero las críticas al Gobierno de la presidenta interina Jeanine Áñez, quien gobernó en el país hasta este domingo con la posesión de Arce, no cesaron ahí.

El recién investido presidente señaló al Ejecutivo transitorio de haber agudizado la crisis política y económica en la nación boliviana.

El nuevo mandatario afirmó que el país pasó de liderar índices económicos en América Latina a presentar «su mayor caída de los últimos 40 años», con una bajada del 11,1% del Producto Interno Bruto en el segundo trimestre de 2020.

Subrayó también un aumento del déficit fiscal, un endeudamiento público de «más de 4.200 millones de dólares» y un incremento del desempleo. 

«Hay quienes han argumentado que la situación actual es producto única y exclusivamente de ese enemigo silencioso llamado COVID-19. Pero querer echarle toda la culpa a la pandemia no es correcto, la crisis se venía conformando en el horizonte desde el golpe de Estado, tras el cambio abrupto de la política económica, y se agudizó a raíz de los efectos de la crisis sanitaria», dijo Arce ante la Asamblea. 

Finalmente, el presidente también se dirigió a la comunidad internacional y expresó la voluntad de trabajar en un mundo «en el que no existan la supremacía de ninguna potencia», y en la que todos los estados vivan «sin miedo, sin guerras, sin odios» ni saqueos saqueos de recursos naturales.

La investidura de Arce supone el retorno al poder del MAS, casi un año después de que la crisis política rompiese una hegemonía de casi 14 años seguidos de Morales como mandatario, quien provocó una reacción de protesta el año pasado cuando se postuló para un cuarto mandato sin precedentes.

Después de reclamar la victoria en los comicios, el expresidente se vio empujado a renunciar, en lo que algunos tildaron de fraude y otros de golpe de Estado, y ante la negativa del Ejército y de la Policía a continuar dándole su apoyo.

Sin embargo, el país no ha vuelto a tener calma política desde entonces, materializada en una constante lucha entre el Gobierno interino y el Congreso, dominado por el MAS.

De hecho, por este casi año de poder de facto, Jeanine Áñez también carga con acusaciones de genocidio y otros delitos, por su presunta responsabilidad en los incidentes ocurridos en noviembre de 2019, por los que ha pedido ser juzgada de forma «imparcial».

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