Opinión

Primer humanista de América

En su larga descendencia encontramos: políticos, sacerdotes, diplomáticos, escritores, artistas y rectores universitarios.


Próximo a conmemorarse un nuevo aniversario de su nacimiento, el 29 de noviembre de 1781, resulta cuesta arriba, encontrar un calificativo para este genial venezolano. Qué no se ha dicho y quiénes lo han dicho, es un interesante ejercicio que nos lleva a un mejor conocimiento de nuestro ilustre compatriota. Pero por encima de lo que se pueda decir, está su obra, caudaloso río cuyo delta  representa las diferentes vertientes en que se derramó su sapiencia.

Si repasamos brevemente las escalas en la vida de Don Andrés, —en artículo anterior: Los hijos de Bello, ya lo traté—, la primera (Caracas), es el período de forja: Bachiller en Artes; clases particulares, entre otros a Simón Bolívar; inicio de estudios de Derecho y de Medicina, que no culmina; Secretario de la Capitanía General de Venezuela y luego de la Junta Suprema de Gobierno, muy a pesar de las malhadadas calumnias de Francisco Javier Yanes, acusándolo de delator. En este período fue uno de los redactores de la Gaceta de Caracas, nuestro primer periódico; imprimió un Resumen de la Historia de Venezuela y ya era un conocido poeta. (1781—1810).

Una segunda escala (Londres), es la etapa de madurez, junto con Bolívar y López Méndez va en comisión para tratar con el gobierno inglés, la posible ayuda y respaldo al paso dado por la colonia, con el fin de independizarse.

En esta ciudad ha de pasar por momentos muy difíciles, prácticamente sin trabajo y mal remunerado, su situación es angustiosa. Miranda es, en aquel momento, su tabla de salvación. La bien nutrida biblioteca del Precursor, mitiga en parte, su voracidad por el saber, que complementará en la gran Biblioteca de Londres.

En el lar mirandino, santo santorum, de la conspiración, se dan cita hombres de la talla de Blanco White y García Gallardo (españoles), Olmedo (ecuatoriano), García del Río y Fernández Madrid (neogranadinos). Amén de pensadores de renombre en la filosofía como Jeremías Bentham y James Mill.

En Londres además, contrajo matrimonio en dos oportunidades con damas inglesas: Doña Mary Ann de la que enviudó en 1821 y Doña Isabel, que le sobrevivió.

En su larga descendencia encontramos: políticos, sacerdotes, diplomáticos, escritores, artistas y rectores universitarios.

En esta brumosa ciudad aprende griego, lo que le permite leer directamente a Homero y a Sófocles; hace un enjundioso estudio del poema del Mio Cid, comentado favorablemente por Menéndez y Pelayo y, también continúa su actividad periodística con La Biblioteca Americana y El Repertorio Americano (1810—1829).

Última escala, es el período de recoger y aprovechar los frutos. Cosecha inmensa que la nación chilena no desaprovechó. Es el Bello polígrafo que incursiona en diferentes campos del conocimiento y cuya producción intelectual es una obra creativa de gran extensión y alcance. Su obra reunida en 19 volúmenes está compuesta por temas literarios, filosóficos, jurídicos, históricos y científicos.

El análisis literario, incluye el Poema del Cid, sus  partes, las crónicas, etc. Según Grases《el conjunto de los estudios literarios y lingüísticos de Bello persigue un fin inminente: entrelazar la cultura americana con la civilización occidental 》.

Con respecto a la filosofía, Bello no creó ni representó una corriente particular, pero si expuso su análisis personal. Su texto La Filosofía del Entendimiento, examina y comenta a filósofos como Descartes, Leibniz, Hume, Condillac, Berkeley, incluyendo un estudio de la Filosofía Fundamental de Balmes.

Como filólogo nos legó su fundamental Gramática de la Lengua Castellana que, aparte de ser un instrumento de cohesión social 《fue el salvador del castellano en América 》.

Otro tema al que se dedicó con pasión fue el Derecho y sus diferentes ramas: el Derecho de Gentes, que después se llamó Principio de Derecho Internacional (que aplicó con éxito en algunos problemas fronterizos),marcó el nacimiento de esta disciplina en América y se difundió notablemente con ediciones en Caracas, Bogotá, Lima, Sucre, Madrid y París.

El Código Civil, importante aporte que sirvió de modelo a otros países, incluyendo a Venezuela.

Tal vez la faceta más conocida del《 Primer Humanista de América》, lo proyectó como educador: de sus pininos caraqueños en sus clases particulares hasta la Rectoría, casi que vitalicia, de la Universidad de Chile《puede afirmarse, sin inexactitud, que pasó la vida enseñando 》.

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