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La entrevista más famosa que se le hizo a Maradona

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En Argentina, ese país donde los ídolos populares toman una relevancia sobrenatural, el nombre de Diego Armando Maradona está equiparado a otros mitos de la talla de Evita Perón, Ernesto «el Che» Guevara y Carlos Gardel.

Hay, incluso, una iglesia «Maradoniana» con más de 50.000 miembros que lo consideran una nueva especie de «Dios». Y mientras se hacen canciones en su nombre, el propio Diego canta y graba con ídolos del rock. Su nombre, más que una leyenda, ya es una marca. Y sus jugadas, al pasar el tiempo, son objeto de estudio, llanto y veneración.

Ganó el Mundial Juvenil de Fútbol de Japón 79, pero el mundial de su consagración (el de mayores) fue el de México 86. Ya había jugado en la Copa de España 82, e iría luego a tres mundiales más, dos como jugador (Italia 90 y USA 94) y uno como técnico (Sudáfrica 2010).

Su histórica participación en México, repasada con fervor por los hinchas del fútbol, no solo llevó a la Argentina a lo más alto de la gloria, sino que lo ratificó como el mejor futbolista del mundo.

En aquel mundial, «el Diego» anotó el gol más famoso de todos los tiempos, «el gol del siglo» y «el mejor de todos los mundiales», según una encuesta realizada por la FIFA, en el año 2002.

Foto / Cortesía

Fue en los cuartos de final de México 1986, frente a Inglaterra, el 22 de junio de 1986, en el estadio Azteca de Ciudad de México, ante 114.580 aficionados: evadió a seis jugadores y marcó el gol que les permitió pasar a la final de la Copa del Mundo.

En ese mismo partido ya había anotado un tanto con la mano que pasó a la historia como el gol «de la mano de Dios».

El Mundial de USA 94, en cambio, marcó el inicio de su adiós como jugador, debido a que arrojó positivo en un control antidopaje, después del partido ante Nigeria. Luego, para rematar, comenzó la historia pública de su adicción a la cocaína.

Del fútbol de Maradona se han escrito libros y se han dictado cátedras y seminarios. De su vida privada, sus declaraciones y críticas, también se han ocupado los estudiosos.

No obstante, pocas personas como el periodista argentino Daniel Arcucci, el autor de esta entrevista, saben a ciencia cierta qué piensa y qué siente el «más grande de los mundiales».

La relación de Arcucci con Maradona comenzó en diciembre de 1985 cuando al joven periodista, entonces reportero de la revista El Gráfico, le encargaron pasar la Navidad con quien ya era la gran estrella del fútbol argentino.

«¿Estás loco, vos? La Navidad es mía y de mi familia… ¡Están locos, viejo, ya no saben qué hacer!», le dijo Maradona cuando se lo propuso.

Pero Arcucci se encargó de cumplir con su cometido sin saber que ese día comenzaba una relación profesional y personal con el mito.

Desde entonces, han pasado centenares de horas juntos.

«Notas en Nápoles y en Villa Carlos Paz; en Pekín y en Núñez; en Tokio y en Moreno; en La Habana y en José C. Paz, Argentina; en Dubái, en estadios y en clínicas; en casas y en hoteles; en restaurantes y en estudios de TV; como futbolista y como paciente; como presentador de televisión y como personaje de crónica policial; como DT y como hombre común…

Hasta adentro de una pileta lo entrevisté», recuerda Arcucci, que seleccionó para BOCAS las preguntas y respuestas más relevantes de sus seis reportajes favoritos con «el Diego», que aparecieron en La voz del pueblo (1995), Rolling Stone (1999), La Nación, de Argentina (2000, 2004 y 2013), y Gatopardo (2004).

Foto / Cortesía

Diego, ¿vos pensás que la gente te entiende?

No, no creo, porque este país es muy egoísta, ¿entendés? Enseguida empiezan con: «este Maradona que salió de la villa y opina de todo».

Y me cortan la posibilidad de expresión. Ojo, no digo que el pueblo sea así. Simplemente porque el pueblo, en este país, no tiene voz. Porque al país que quiere a Maradona, que quiere a Charly García, que quiere a Fito, que quiere al Bambino, no lo dejan hablar.

¿Vos te sentís voz de ese pueblo?

¡Pero seguro! Seguro que sí.

¿Nunca vas a dejar de pelear?

Sí, sí, ya voy a dejar. Cuando esté en una cama, postrado, convencido de que me estoy muriendo. Recién ese día dejaré de pelear.

Diego Armando Maradona con la Copa del Mundo tras derrotar la selección argentina a Alemania en el estadio Azteca, el 29 de junio de 1986 en Ciudad de México.

Por haber ganado algunas batallas futbolísticas no me creo un mito. Para los argentinos, si morís, sos un fenómeno, ¡pero no les voy a dar el gusto! ¡No me tengo que morir para ganar un consenso!

Toda una filosofía…

Porque a mí me dan bronca muchas cosas. Que Passarella se haya entregado a los directivos, que Platini lo mismo y no haga otra cosa que relacionarme a mí con la droga.

Tampoco entiendo a Pelé o a Cruyff, que se olvidaron rápido de que ellos fueron futbolistas, que se hicieron grandes del otro lado. ¡Eso es lo que me da bronca a mí! Pero esa bronca me moviliza, me lleva para adelante, ¿entendés?

Sí, claro, ¿pero hay otro tipo de bronca, entonces?

Sí, la que me paraliza. Cuando se meten con mis hijas, por ejemplo.

Con esto querés decir que aceptás todo tipo de críticas, llegás incluso a hablar abiertamente de droga, pero no aceptás nada que relacione a tus hijas…

Exacto. ¿Y por qué no voy a hablar de droga? Si en este país nadie sabe nada de droga. Todos se dan vuelta para el otro lado y prefieren seguir acusando a Maradona, porque así se tapa al resto. ¿Por qué no se ocupa cada uno de sus hijos y de sus casas? ¡Que no tapen más, que no tapen más!

Pero hay mucha gente que te pone al nivel de Gardel y Evita. ¿Qué pensás de eso?

Siento que, en todo caso, soy alguien que todavía está vivo, ¿no? Si he logrado ser un mito viviente, yo no me lo propuse… Les agradezco mucho lo del mito, pero soy un ser humano como cualquiera.

Por el hecho de haber ganado algunas batallas futbolísticas o por defender a la gente como quiero defenderla, no me creo un mito.

Pero ¡les agradezco! ¿Sabés qué pasa? Que acá, para los argentinos, si morís, sos un fenómeno, ¡pero no les voy a dar el gusto! ¡No me tengo que morir para ganar un consenso general! Nooo, ¿para qué?

Pero ya lo tenés, para muchos…

¿Sabés qué pasa? Que esa definición no es porque yo tome droga y esté muerto… Es la definición de un argentino que agradece.

A Maradona, que hizo un gol, ¡y nada más!, porque yo soy de los argentinos que saben que El Diego no se les metió en el plato de comida. Y eso es lo más importante… ¡Ojo! Con esto no quiero que la gente crea, tampoco, que yo lo digo para después ganarme un cargo político. Eso está claro.

¿Cómo así?

¿Qué pasa? Yo pongo siempre el ejemplo de Baltasar Garzón. Él pelea contra el narcotráfico, contra todo… Y después sale siendo diputado… Entonces, ¿cuál es la verdad? ¿Luchás para el pueblo o luchás para un cargo político?

Eso es lo que a mí me jode… Si ellos tuvieran una carrera, yo creería cada vez más en la categoría política. Pero no, no me dan alternativa… Lo mismo que me pasa si gana Duhalde: si él gana, yo me tengo que ir del país. No digo mi familia, pero yo sí…

Diego, esto ya lo has dicho otras veces…

¿Sabés por qué no lo concreté nunca? Porque yo amo a mi país. Sos testigo: mientras jugaba en Italia y venía de vacaciones acá, lloraba desde la casa de mi vieja hasta Ezeiza cuando me tenía que volver… Amo a mi país… Eh… No lo digo de verso… Hice que Claudia viniera a la Argentina para tener a las dos hijas que yo amo.

Claro que hubo gente que a mis hijas, cuando las quise dejar que corrieran por una quinta, les puso helicópteros para espiarlas, ¿entendés? ¿Y quién fue entonces el que atacó la libertad de prensa? ¡Maradona! ¡No, querido, no, pará! Que acá no se trata del Maradona jugador de fútbol o del famoso…

Se trata de las hijas, ¡de-las-hi-jas! Que quieren disfrutar de lo que el padre se ganó, nada más… Entonces, cómo hacés vos para contenerte si viene Dalma y te dice: «Papá, quiero ir a la pileta pero no puedo, porque hay un helicóptero dando vueltas» o Gianinna llora porque el ruido le mete miedo…

Ahora, a la distancia, por ahí a mucha gente le duele, pero a mí me asesinaron, me mataron porque reaccioné como no tendría que haber reaccionado… Ojo, con esto no estoy diciendo que quiero quedar como una «vicxzyfa… (Sic)».

Yo amo a mi país. Sos testigo: mientras jugaba en Italia y venía de vacaciones acá, lloraba desde la casa de mi vieja hasta Ezeiza cuando me tenía que volver… Amo a mi país

¿Cómo?

¡Que yo no quiero quedar como una víctima! Mirá, de mí podrán decir muchas cosas, que por ahí son ciertas y… y… yo digo que la mayoría no, porque lo que buscan es apurar al negrito, al cabecita negra, al villero, y no permiten que yo les conteste.

Yo estuve siete años en Italia y leí mucho, leí mucho del Che Guevara. Y, por ahí, aprendí lo que en este país no se enseña. Hoy por hoy, acá, el Che Guevara es palabra prohibida, ¿entendés?

¿Va a llegar, algún día, el tiempo en que digas “hasta acá llegué, ahora voy a ocuparme de mí y de mi familia”?

Va a llegar, va a llegar el tiempo…

¿Cuándo?

Cuando me decida a hacer cosas para mí, cuando pueda reunir un montón de cosas que todavía no tengo, porque creo que la edad no me lo permite.

¿Qué cosas?, por ejemplo.

Tengo que terminar el secundario. Es una cuenta pendiente.

Por terminarlo, por demostrarte algo a vos mismo, ¿por qué?

No, por tener algo, un título… Porque en esta sociedad de mierda se necesita un título para ser creíble.

¿Y cuándo llegará ese tiempo de ocuparte de vos?

Dios sabrá cuándo… No tengo una idea fija.

¿Tiene que pasar algo, alguien te tiene que decir una palabra justa?

No, no es cuestión de palabra. Es cuestión de ver crecer a mis hijas y que alguien en quien yo crea me diga “esto es así”. Me va a llegar, me va a llegar mi tiempo… Alguna vez soñé con que mi tiempo llegue junto con el de la gente, pero creo que no va a ser así.

¿Por qué?

Porque yo voy a estar mejor antes que ellos, seguro.

¿Y qué va a pasar en ese momento?

Voy a tratar de ser diferente.

¿Tiene que ver con tu vida, con tu salud?

Sí, tiene que ver con eso.

Diego, ¿le tenés miedo a la muerte?

Sí… Sí, sí, le tengo mucho miedo a la muerte, perooo… como estuve casi muerto y no me di cuenta, ahora entiendo que en la muerte, por ahí, uno se va y listo… No hay una preparación para eso, ¿no?

Le tengo mucho miedo a la muerte, perooo… como estuve casi muerto y no me di cuenta, ahora entiendo que en la muerte, por ahí, uno se va y listo… No hay una preparación para eso

Lo decís porque la viste de cerca…

Estuve prácticamente muerto… Por “H” o por “B”, estuve prácticamente muerto

¿En algún momento pensaste en suicidarte?

¡No, no, no! Lo único que no soy es cagón… Al margen de la droga, creo que suicidarse es escaparse, es dejar a Dalma y a Gianinna, y por eso estoy contento de estar vivo.

¿Nunca se te cruzó?

No, para nada, para nada, pero para nada, ¿eh?

¿Ni en algún momento que hayas estado fuera de vos, por la droga?

No, no, no, eso te lo juro, chuick, chuick, por mis hijas.

¿Y cómo definirías hoy tu estado de salud, si lo tuvieras que calificar?

Bueno, mi estado de salud es bueno… Y no quiero estar mejor tampoco.

A la pucha, ¿cómo es eso?

Sí, que… creo que para la vida que quiero hacer no necesito estar mejor. O sea, no necesito estar… diez puntos físicamente, no tengo que jugar, no tengo que… ¡Rindo bien con mi mujer, je, je! No creo que sea, que sea importante…

¿Qué es lo que no crees que sea importante?

No creo que sea importante… estar mejor… O sea, todo el mundo quiere estar mejor cada día, pero antes me preocupaba más por el hecho de que jugaba al fútbol… Pero ahora, no; ahora no juego más. Así estoy bien.

Diego, incluso cuando estás mal, decís que estás bien. ¿Qué significa eso? ¿No saber perder? ¿No aceptar la derrota?

No creo que porque yo diga que estoy bien y el de enfrente me vea mal, tenga que ser un perdedor en la vida. ¿Sabés lo que pasa? Los que se hacen esa pregunta sobre mí son perdedores… Creen que la vida es un juego de ganar y perder, de ganar y perder… Y si no sos como Maradona, tenés que matar a Maradona.

Y si no sos como el Che Guevara, tenés que decir mentiras sobre el Che Guevara. Y si tu hija no sale como la Sabatini, es una frustrada… Me parece que estamos, a mi modo de ver, equivocados: esto no es ganar y perder.

Creo que es la vida y hay que vivirla, cada uno a su manera. Todos con los mismos miedos, con las mismas preocupaciones, pero sin trasladarle esos miedos y esas preocupaciones a otro, a alguien que le va bien…

Yo, si hablamos en términos futbolísticos, ya no juego más: entonces, no puedo hablar de ganar y de perder.

Pero no hablamos de fútbol, hablamos de la vida…

¿De ganar o perder en la vida? ¿Y quién lo determina? Acá no hay una tabella, como dicen los italianos, una tabla de posiciones.

Nadie lo decide, nadie puede decir: «Está ganando el padre de Miriam, que vive en Castelar, que hizo todas las cosas bien, no salió de noche, no fumó, no…», ¿me entendés? Me parece que no se trata de ganar o perder.

Al contrario. Son momentos… Como la felicidad: es un momento, pasa, se va, vuelve… Pasa por la sonrisa de tu hija, por un beso de tu mujer, porque gane Boca… Pasa y se va… Cambia todo el tiempo.

¿No sentís que con lo que te hiciste defraudaste a mucha gente que te idolatra?

No, no, no… No, lo que… Yo puedo defraudar a Dalma y a Gianinna, nada más.

Bueno, no es poca cosa, también ellas se pueden sentir defraudadas…

Mirá, como tengo el amor incondicional de mis dos hijas, no creo que haya defraudado a nadie… Mi vieja sigue siendo mi vieja, mi viejo sigue siendo mi viejo… En todo caso, le regalé al fútbol solo algo de lo que tenía y le podría haber regalado más… Pero no quise, me bastó con esto, ¿no?…

O sea, cuando hablan de que, de que… «¡Uh, mirá Pelé qué bien la hizo!» o «¿Viste? No te incluyeron en la lista de los mejores…»

Pero si yo no jugué para que me incluyeran en las listas… Yo jugué para divertir a la gente, en cada partido.

Pero bien que disfrutaste que te eligieran el deportista del siglo en la Argentina…

¡Y cómo no, y cómo no! Pero siento que me eligió la gente, eso siento… ¿Por qué se armó tanto lío, si no? Porque para la gente, para la mayoría, no para los anunciantes, era más importante que el premio me lo dieran a mí y no a otro, ¿entendés? ¡Para la gente!

Que sepan que los sensibles vamos a ser sensibles toda la vida. No soy Sábato para hacerme entender, pero voy a hablar con mis palabras.

Diego, ¿pensás que esa misma gente algún día te va a olvidar?

Sí, sí…

¿Y cómo sería eso?

No sé si olvidar, pero sí reemplazar… Todo se renueva, todo se renueva… Los chicos quieren hoy el autógrafo de Romagnoli, de Riquelme, de Saviola, no sé si el mío.

¿Diego, por qué crees que te quieren tanto los rockeros?

Porque los rockeros… Los rockeros profundizan mucho más en el estado de ánimo de las personas que los otros, que la persona común…

Sí…

Y al profundizar… Yo tuve la suerte de cambiar muchas ideas con ellos y me parece que están, que están al servicio de la gente. O sea, le cantan a la gente la realidad de un país.

Y yo vivo la realidad de mi país, aunque por ahí otros digan que porque me di un saque no puedo hacerlo… Ojo, yo me di un saque pero no me morí, ¿eh? Y porque sé de qué se trata, puedo tener una firmeza que otros no tienen… Nosotros no salimos con la bandera «Viva la droga», al contrario.

Nosotros queremos que no la vendan más y que no sea una enfermedad. Ojalá que encontremos una pastilla que, que…

Que acabe con todo, de pronto.

Exacto, exacto.

Pero a Maradona le perdonan todo…

Hay unos locos que dicen eso, que a Maradona le perdonan todo… ¡No, a mí no me perdonan nada! A los que les perdonan todo es a los políticos, que desde hace dos mil años nos cogen…

Lo que querés decir es que tus problemas no afectan a nadie…

Son míos, son míos…

…excepto a vos mismo y a tu familia.

Exacto, exacto. Y ya demasiado tenemos, ¿eh?, ya demasiado tenemos. Pero ¿qué pasa? Eh… Me di un saque y ya salen todos: «No quiere a la madre, no quiere a la hija…». ¡Meeentira, mentiraaa! Mis hijas saben que yo estoy con ellas, que tienen todo de mi parte.

Que todo lo que gané, todo lo que tengo, todo es de ellas. Todo. Mirá, Dalma me dijo un día: «Papá, vos le contaste a Gente y no me contaste a mí». Como para que se den cuenta de qué persona estamos hablando, ¿no? Y yo le contesté: «No es que no te conté porque tenía miedo…

Papá te tiene respeto y papá… se equivocó. Yo lo quiero cortar, lo quiero cortar, pero no hay ninguna pastilla, ninguna inyección que cure esta enfermedad increíble…».

¿De qué te arrepientes en la vida?

Me arrepiento de muchas cosas que hice en mi vida, pero esas no las digo porque después me las echan en cara. Yo viví con un cartel acá abajo, en la puerta de mi casa, que decía: «Maradona más droga igual puto».

Por lo que me pasó y por lo que salió en la revista El Gráfico, ¿entendés cómo es?. Todo se usa, por eso no me afilié a ninguna organización contra la droga: porque después te llevan a la televisión y lo usan para promocionarse, no sirve.

Diego: ¿qué te falta?

Me falta… Me falta que la gente me quiera más.

A ver si comprendo. Lo que pretendés es que te entiendan más…

Eso. Que sepan que los sensibles vamos a ser sensibles toda la vida. No soy Sábato para hacerme entender, pero voy a hablar con mis palabras.

¿Te tenés fe para lograrlo?

Me quedan dos años.

Lo relacionás con la cancha. ¿Te seguís expresando mejor ahí?

No, no. Creo que un gol más o un gol menos a Maradona no le cambia nada. Quiero que la gente, a través mío, abra los ojos.

Que sepan que, siendo el mejor futbolista del mundo, tuve oportunidad de entrar a lugares donde me dieron ganas de vomitar. Y por eso denuncio. Porque me gusta la plata como a todo el mundo, pero jamás me he vendido. Ese es mi orgullo.

Me gusta la plata como a todo el mundo, pero jamás me he vendido. Ese es mi orgullo

¿En algún momento de tu vida, en estos 40 años, sentiste que no hubieras querido ser Maradona?

No, no, no. Primero, por el apellido de mi viejo. Y por el resto, siempre tuve el orgullo de salir al exterior a representar a la Argentina. Pero ni en las malas, ni en los peores momentos, sentí que el apellido Maradona era un peso.

¿Ni cuando estuviste preso?

No, ni cuando caí preso. Aquella vez, las dos primeras que me vinieron a ver fueron Claudia y mi vieja. Y se me tiraron encima. Una vez, en broma, Claudia me decía que me iba a sacar la llave de casa y que no me iba a dejar entrar más. Y mi vieja, que estaba ahí, le contestó: «¡Mirá que la habitación del nene está intacta, ¿eh?!».

O sea, quiero decir que tan malo…, tan malo no soy. Eso lo veo también en los ojos de mis hermanas, por la forma en que me miran, como me quieren. Cincuenta años tiene la Ana y nos besamos en la boca, nos necesitamos.

Habló con ellas y preguntó cómo está la Ana, cómo está la Kity, cómo está la Mary, cómo está la Caly. Yo compré una casa bien grande, porque Dios me dio la oportunidad, porque me dijo: «Acá van a poder estar todos».

Será también porque siempre tenemos el recuerdo de una pieza como esta… más chica.

Con sus brazos parece abarcar únicamente el living en el que estamos hablando, no más de tres metros por tres…

… sí, más chica… En una pieza así dormíamos ocho… Dormíamos ocho, y nadie quedó en el camino, nadie. Por eso cuando hablan… Yo no juzgo, yo no juzgo a la gente.

¿Y cómo te juzgás vos?

¿Eh? ¿Cómo me juzgo yo? Como… como un hombre que salió de la villa y se bancó lo que pudo bancarse y lo demás lo escupió como pudo escupirlo cualquiera que… que haya estado en mi posición, nada más.

Me mandaron de Fiorito a París y querían que supiera todo. Pero una cosa tengo clara, ¿eh?: que no me traten de ignorante, ¿me entendés? Porque para mí, mi viejo, que no tiene ni primaria ni secundaria, es el hombre más bueno del mundo, es el hombre más puro del mundo y ojalá hubiera muchos hombres como mi viejo.

Y sin embargo estos fenómenos que hicieron quinto año, y la facultad, y todo, viven cagando a la gente.

A propósito, cuando eras chico, ¿cómo te imaginabas a los 40 años, todavía jugador?

No, creí que no iba a llegar nunca, je… No, pero un hombre de 40 años no puede jugar más al fútbol, al nivel que jugaba yo. Me gusta vivir de recuerdos, sí, pero no de jugadas.

Prefiero las anécdotas con mis compañeros, todo lo que viví alrededor del fútbol. Por eso, quizás, no hay ni un solo jugador que hable mal de mí. Porque yo siempre los he tratado con respeto, como ellos a mí.

O sea, para mí eran todos Maradona, ¿entendés? Si yo ganaba diez, cada integrante del equipo tenía que ganar cinco… y eso era diez veces más de lo que pretendían. Siempre me lo agradecieron, eso. Creo que Dios me ha dado demasiado siendo futbolista y bien orgulloso que estoy de haber sido futbolista, ¿no?

¿Y a los 60, cómo te imaginás?

Un viejo choto, je, je. Primero, que si llego a los 60 hago una fiesta para cincuenta mil personas, je, je. Pero, no, me imagino viendo los videos con mis nietos. Y parecido a mi viejo, seguro.

¿Qué cosas aprendiste y qué cosas perdiste por y con la droga?

Perdí estar mucho más tiempo con mis hijas. Pero… pero es recuperable… Y puede ser que, por ser como soy, perdí la posibilidad de haberle dado a la gente un poco más de caños, un poco más de sombreros. Pero no me arrepiento porque hice mi vida como quise. Yo no quiero que me la digiten, ¿entendés? Y si no hubiera cometido tantos errores, hubiera sido el más grande, ja, ja, ja.

A propósito de grandes, ¿qué opinas de Lionel Messi?

Es un orgullo de todos.

¿Crees que este Mundial (Sudáfrica 2010) es para Messi lo mismo que fue para vos el de México 82 o crees que está para ser el Diego del 86?

Yo creo que ya está, ya está. Creo que rompió los moldes, y ya está, dejémonos de comparaciones. Ya está Leo para salir a una cancha y salir con la corona.

¿Viste a otros jugadores a la altura de Messi en este mundial?

Ni el 30 %, en este mundial no hay ni uno que sea el 30 % de Messi. No sé si mañana me dirán soberbio, pero no ninguno que fuera el 30 % de Tévez, tampoco. Porque Carlitos te emociona jugando, ¿me entendés? Y yo amo mi equipo, amo mi equipo.

¿Él te dijo dónde quería jugar, dónde se sentía más cómodo?

No, no, él. ¿Cómo te puedo explicar, Daniel? Yo le fui a contar a Messi que a mi nadie me dijo dónde yo tenía que jugar, ¿eh? Entonces, yo no le tenía que decir a Messi dónde tenía que jugar. Él tenía que decidirse a jugar donde él quisiera jugar. Y ya era grandecito y hombrecito como para tener las pelotas y decir: “esta pelota es mía, muchachos, el que la sabe interpretar mejor que nadie soy yo”. Yo lo hice en su momento. Ahora le toca a él. Nada más que eso le fui a decir.

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