Opinión

El tiburón y las sardinas

Y, aquellas tribunas repletas de aficionados, se habían convertido en nuestras aulas de clase. En realidad, era un local sui generis, pero se adaptaba a las exigencias pedagógicas. La pasamos muy bien.


La línea separatoria de El Guaire, hacia El Paraiso una de las urbanizaciones chic del sur de Caracas; a la presencia de una vegetación exuberante, se une el verdor oxigenante del cerro que está a su lado, lo que convirtió este arcádico lugar, en una bien planificada zona residencial, sector preferido por la clase pudiente de la sociedad caraqueña.

En esa selecta zona capitalina, se fundó en 1936, la casa de estudios más importante para la formación de docentes de nuestro país: el Instituto Pedagógico Nacional. No es mi intención abundar en el histórico papel que dicha institución ha jugado en el desarrollo de la nación.

Viene a colación porque la Av. Páez, a escasos metros, albergaba otro recinto importante: el Hipódromo Nacional El Paraíso (1908).

Ustedes se preguntarán, ¿qué relación tiene una cosa con la otra? Bueno… sólo la coincidencial circunstancia de que fueron chilenos los jinetes importados, como fueron educadores chilenos, los que nos envió Mariano Picón Salas en la Misión Educativa encabezada por el Prof. Humberto Parodi, quien llegó a ser Director del Instituto en cuatro oportunidades. En consecuencia, no tendría nada de raro que los Parodi y otros colegas, teniendo tan cerca a sus coterráneos: los Moreira, los Cruz, los Bustamante, conversaran y alternarán con ellos… Otra pregunta: ¿a qué viene todo esto?

Muy sencillo, porque los espacios reservados a Mr. Chip, Aly Khan, Miralejos, Pisarello y otros, incluyendo jinetes, preparadores y bestias; ahora era un apéndice del edificio central y, nada menos que la sede de la especialidad: Filosofía y Ciencias de la Educación. O sea, podemos deducir que la Filosofía llegó a caballo.

La vieja pista se transformó en pasillos donde el Dr. García Bacca, Núñez Tenorio, Castillo Arráez, Isarría, caminaban como en los tiempos de El Estagirita.

Y, aquellas tribunas repletas de aficionados, se habían convertido en nuestras aulas de clase. En realidad, era un local sui generis, pero se adaptaba a las exigencias pedagógicas. La pasamos muy bien.

Allí, por los años 60, se nos presentó un profesor, para la asignatura: Historia de la Pedagogía, alto, caucásico —nada que ver con el fenotipo centroamericano—, bien trajeado y de buena presencia. Se trataba del Dr. Juan José Arévalo, que aparentaba 50 años, pero había nacido en 1904.

Fue filósofo, escritor, educador y político. Siendo el primer presidente electo de Guatemala, 1945-51, y de quien se escribió: que como presidente 《fue una permanente cátedra de democracia y honradez, virtudes que han quedado registradas en diccionarios, enciclopedias y numerosos textos sobre política y literatura publicados en América Latina y otros países del mundo. 》 Teníamos conocimiento de él, por un libro que fue, a finales de los 50, un best seller: La Fábula del Tiburón y las Sardinas. En ésta, una de sus obras más conocidas, —escribió más de 20 textos de pedagogía, filosofía y política— hace un pormenorizado estudio de la intervención norteamericana (el tiburón), en las pequeñas y explotadas naciones centroamericanas (las sardinas), por la United

Fruit Company, dueña de hombres y haciendas, expoliación secundada y protegida, por los gobiernos del Norte que amamantaban a gobiernos lacayos.

El presidente Arévalo, con todo y ser muy popular, fue víctima de más de 40 intentos de golpe. Su sucesor, el Coronel Arbenz, a los 3 años fue derrocado por un cruento golpe patrocinado por los factores de poder que tendieron un oscuro manto a las «republiquetas», cuya alborada preanunció Sandino.

Otro de sus libros de carácter político es Antikomunismo en América Latina, en este analiza  la tutela que en plena guerra fría, se debe mantener sobre sus vecinos del sur.

Y cantábamos aquello:《un canto de amistad de buena  vecindad unidos…》.

Pero me quiero referir especialmente  a un excelente ensayo que publicó en 1940, con el título: La Adolescencia Como Evasión y Retorno, (libro que conservo dedicado por el autor), en el que analiza esta compleja etapa del desarrollo humano, que no deja de ser interesante a pesar del desfase en algunos aspectos, con los tiempos actuales.

Veamos a grandes rasgos. 1° la evasión: es cuando el adolescente adquiere conciencia de su sexo y pasa del misterio a la comprensión. Primero se asombra ante el sexo y luego lo padece; esto le proporciona el primer saber que es chismoso y erudito. La familia, la sociedad, preocupados por la infancia desoyen los clamores de los adolescentes, que no tienen otro camino que iniciar una ruptura con el medio y el menosprecio hacia los otros. Aparece el amigo-a- íntimo que comparte «sus» travesuras; y se enfrenta con el medio que le rodea.

2° el retorno, el adolescente concede una tregua y ya no desvaloriza el mundo; lo ideal se debilita y vuelve a la realidad. Busca un arquetipo, un modelo, y se supera el narcisismo. Hay un deseo de  participación personal en la obra de todos; quiere ser «hombre», aportando algo a la familia.

Establece el Dr. Arévalo que en todo adolescente, existe una evasión y un retorno y concluye con un capítulo muy importante en el que propone las《Bases para una pedagogía del Retorno 》.

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