Opinión

Falcón y Barinas: crónica histórica de una relación ancestral

No fue sino hasta 1824 cuando el territorio coriano fue liberado totalmente de guerrillas pro-monárquicas.


Esta crónica histórica no tiene intención de agotar los temas aquí esbozados.

I.-La mayéutica de un diálogo

Sin embargo, fue inevitable referir en su relato, por una parte, aspectos relevantes y poco conocidos acerca de las relaciones ancestrales que han existido entre los estados Falcón y Barinas, y por la otra, las arriesgadas y corajudas actuaciones que han tenido los corianos en distintos momentos de la vida nacional y les han dado fama de valientes, guapos y guerreros.

Los primeros apuntes los compartí con el profesor Luis Dovale Prado y con un grupo de amigos quienes me sugirieron revisar algunos materiales, documentos y libros, que reseñan episodios pocos conocidos de la historia de estas regiones venezolanas y a poner las conclusiones a consideración de un público lector más numeroso.

Con ese propósito, hice consultas en obras y ensayos de historiadores de Barinas y Falcón, cuyas revisiones ampliaron mi horizonte de información que fue determinante para formular esta versión que ahora entrego a los lectores.

Empero, quise mantener el mismo esquema inicial de la cordial conversación que sostuve con mi compadre Abraham Aldama, toda vez que fue él quien hizo referencia a la muerte de la madre de la heroína falconiana Doña Josefa Camejo Talavera y despertó mi interés a escribir esta reflexión.

El título de esta idea inicial: «La mayéutica de un diálogo», remite a un método de estudio y aprendizaje usado desde los tiempos del filósofo Sócrates, en donde «…el maestro, mediante su palabra, iba alumbrando en el alma del discípulo nociones que éste tenía en sí, sin él saberlo».

Y esto fue lo que precisamente dio origen a estas glosas, por lo que espero que todo aquél que decida leerlas lo haga con atenta curiosidad y enriquecedora crítica.

II.- Falcón y Barinas a través de una relación ancestral

Esta mañana, conversando con mi amigo y compadre Abraham Aldama, le escuché con detenimiento hacer un breve pero muy juicioso y acertado análisis político.

Su opinión me pareció tan interesante que intuitivamente le respondí con el recurso del símil: «Compadre usted está más claro que las aguas cristalinas del río Santo Domino”.

A partir de allí entramos en una conversación que trajo a la memoria de ambos, hechos históricos y relatos de crónicas que nos motivaron a recrear la relación que se fue estableciendo entre Barinas y Falcón a través del tiempo y la trabazón de intercambios comerciales, nexos entre personajes, desarrollo de acontecimientos y situaciones singulares a lo que dichas circunstancias dieron lugar.

Y en ese ejercicio intelectual en el que gratamente fuimos entrando, mi apreciado interlocutor rememoró que fue en ese hermoso afluente, que nace en la cumbre andina y baja a regar la llanura barinés (el río Santo Domingo), en donde precisamente, cruzando sus turbulentas aguas, un fatídico día de finales del año 1813, murió ahogada Doña Sebastiana Talavera y Garcés (pero según el profesor Luis Dovale, realmente se llamaba Ignacia Talavera), madre de la dama paraguanera y heroína de la independencia nacional, Josefa Venancia de la Encarnación Camejo Talavera.

Entonces, hablando del hecho, recurrimos a las enseñanzas extraídas en lecturas de autores regionales de Falcón y Barinas, principalmente de la obra del historiador Don Virgilio Tosta: Crónicas de Barinas, quien refiere y asegura que tan triste acontecimiento había tenido lugar durante la retirada que desde esta última ciudad hacia la de San Carlos emprendió con la tropa y población civil el teniente coronel Ramón García de Sena, el exgobernador Don Manuel Pulido y el anciano coronel Pedro Briceño Pumar, quienes buscaban escapar del acoso del ejercito monárquico, encontrarse con las tropas que estaban bajo el mando de El Libertador Simón Bolívar y poner a salvo a la indefensa población y a los pocos hombres en armas que formaban un disminuido contingente militar republicano, con miras a que pudieran actuar en otro mejor momento. Dice asimismo que la emigración fue numerosa, casi «…1000 hombres de infantería y caballería, 2000 caballos de silla y numerosas familias de la capital. Iniciaron el peregrinaje en los primeros días de noviembre (…) En el paso del río Santo Domingo, abundante en agua por obra de la llamada creciente de ‘los muertos’, se ahogaron varias damas, entre ellas la señora Talavera y Garcés, madre de Josefa Camejo…»

Efectivamente, según información que ofrece quien fuera cronista de Pueblo Nuevo de Paraguaná, Juan de la Cruz Esteves, doña Sebastiana Talavera y Garcés se había ido en 1811 desde el Hato Aguaque, su lugar de residencia en la provincia realista de Coro, hacia la patriota de Barinas acompañada por su hija Josefa Camejo, quien apenas contaba con 20 años, y ambas habían sido llamadas por su hermano el presbítero coriano Monseñor Mariano de Talavera y Garcés (considerado por Bolívar el mejor tribuno de la Patria).

Cumplía allí el religioso su ministerio sacerdotal, llegando más tarde a mudarse a Mérida y a asumir allá la responsabilidad de secretario de la Junta Patriótica en esa Provincia Andina. Otros autores aseguran que después del luctuoso hecho ocurrido en el río Santo Domingo del estado Barinas a finales de 1813, los restos mortales de Doña Sebastiana Talavera y Garcés fueron sepultados en el poblado de Guanare.

Igualmente recordamos que fue desde San Carlos, durante el desarrollo de esos mismos episodios, que el General Rafael Urdaneta y su Estado Mayor continuaron la campaña militar hasta que a mediados de 1814 acordaron seguir hacia el Virreinato de Nueva Granada.

En su diario de campaña, luego publicadas como memorias, dice este mismo prócer que en ese periplo anduvo nuestra heroína Josefa Camejo: «convocó, pues, (Urdaneta) los padres de familia, y todo bien considerado se decidió que los hombres marcharan a seguir la suerte de la división y que las mujeres y los niños quedasen bajo la protección del todo poderoso. Se consiguió repartirlas en las casas particulares a cuya generosidad deberían el pan y se les suplicó que intercediesen en su favor cuando el enemigo entrase a disponer de su suerte. Tres mujeres no más salieron vestidas de hombres y a hurtadillas en las filas; estas fueron Josefa Camejo, cuyo marido estaba allí, las un hermana de los capitanes Canelones y la mujer de un tal Valbuena, llamada Manuela Tinoco: siguieron hasta el Reino…»

La historiografía asegura que el sacerdote Mariano Talavera fue la persona que más influyó en la formación de nuestra heroína falconiana y que fue allá en Barinas en donde le inculcó con más dedicación las ideas en las que se fundaban los principios filosóficos, políticos y doctrinarios del proyecto independentista en marcha.

Famosa es la carta que en 1811, ella, junto a otras mujeres patriotas, dirigieron al gobernador de Barinas Pedro Briceño del Pumar cuando los realista acosaban a esa ciudad. La misiva fue publicada por el periódico «La Gaceta de Caracas».

En su texto, las arrojadas y valientes mujeres, en forma decidida, fijaron posición en torno al conflicto emancipador: “El sexo femenino, señor gobernador, no teme los horrores de la guerra, antes bien, el estallido del cañón no hará más que alentarlas, su fuego encenderá el deseo de libertad…”.

En la llamada ciudad de Marqueses, Josefa Camejo contrajo nupcias con el nativo coronel Juan Nepomuceno Briceño Méndez, (aunque el escritor Juan de La Cruz Esteves asegura fue en Mérida) hermano del general Pedro Briceño Méndez, quien fuera hombre de confianza de Bolívar, casado con la sobrina de éste y también su secretario privado.

Ese vínculo nupcial revivía otros viejos lazos de relacionamiento que se habían fundado en el quehacer económico-comercial que desde el siglo XVIII alentaron los encuentros entre productores, arrieros y marchantes de aquella jurisdicción llanera y la de la costa coriana.

Gran cantidad de documentos y textos históricos evidencian que en el proceso formativo de la Capitanía General de Venezuela se constituyeron regiones económicas cuyos territorios complementaban sus faenas productivas y de mercados más allá de los propios límites administrativos coloniales fijados a cada provincia.

Las referencias realizadas por algunos historiadores que hicieron investigación en fuentes primarias, ponen al descubierto que de los llanos de Barinas, además de ir la gran producción de tabaco y mulas que se daba en ella y se enviaban al exterior por el Puerto Cabello y de Maracaibo, una parte era dirigida hacia los fondeaderos de Adícora, Hueque, Sauca y La Vela, todos ubicados en la costa del actual estado Falcón.

De esos lugares, las bestias de carga eran transportadas a las Antillas Neerlandesas, islas francesas del Caribe, Cuba y Santo Domingo para mover los molinos azucareros, mientras que el tabaco tenía como destinos España y otros países de Europa.

A propósito de este asunto, nos fue de gran apoyo como soporte historiográfico serio y bien concebido, un trabajo del historiador Ramón Aizpurúa Aguirre, titulado «El Comercio de Mulas en el siglo XVIII», publicado en la revista Historia Regional de Coro, número 3, de julio-diciembre de 1988.

Allí, el indicado autor cita un documento de 1777, escrito por el Intendente de Caracas, José de Ábalos, en donde se advierte a los tenientes y justicias mayores de algunas localidades llaneras (entre las que está Barinas), que «Sin embargo de estar prohibida la conducción de mulas desde los llanos de esta Provincia a la Jurisdicción de Coro, antes sin expresa licencia del gobernador, y ahora con establecimiento de la nueva intendencia, dada por mí como subrogado en aquellas facultades, por todo eso tengo entendido que bajo el pretexto de buscar sales, y con otros aparentes motivos, suelen conducirse las mulas a la costa sin que se verifique su retorno, respecto de lo cual, y para evitar este pernicioso fraude, encargo a V.M, que cuando algún arriero, dueño o conductor de cargas saliese con dichos motivos u otros de igual naturaleza, deberá obligarse a retornar con carga las mismas caballerías que hubiese sacado».

Fue en ese lejano momento cuando comienza una relación histórica entre Barinas y Falcón que se caracterizó por su comportamiento zigzagueante, a veces de continuidad y otras con interrupciones y tropiezos, según fueran los inevitables cambios que la vida política, social, económica, militar y cultural impusieran en distintos momentos a nuestro país.

Este mismo historiador llega a la conclusión según la cual «Las mulas comercializadas provenían fundamentalmente de dos focos, como ya apunté antes, siendo llevadas a la costa por comerciantes, o directamente criadas en la región coriana.

En el primero de los casos, claves parece que fueron los comerciantes tocuyanos y caroreños, que utilizaron la necesidad de sal que tenía la población del interior llanero, que tanto abundaba en las costas corianas: así, el viaje que suponía llevar carga de tabaco en recuas de mulas desde la región barinesa, por ejemplo, suponía que de retorno estas vendrían cargadas de género, bastimentos y sal, pero el resultado era que muchas de las bestias eran exportadas junto con el tabaco, a través del contrabando gracias a los nexos comerciales que dichos comerciantes habían creado con sus colegas curazoleños.»

De manera que Coro formó una región histórico-comercial, cuyo eje abarcaba un espacio territorial de amplio relacionamiento que se extendía desde los llanos barineses, pasando por Carora, Barquisimeto, El Tocuyo, La Sierra de San Luis y Coro, con dirección a los puertos de salida al exterior de Tucacas, la zona de Sauca, Hueque, el Puerto de La Vela y Adícora.

Los variados géneros mercantiles, eran enviados hacia las Antillas Neerlandesas, Santo Domingo, Cuba, algunas posesiones insulares francesas y Europa.

Este vínculo se hizo por mucho tiempo constante hasta que los cambios económicos, políticos, sociales y culturales introducidos por la actividad petrolera, modificaron las rutas de tránsito, las relaciones y los tipos de comercio en el país hacia nuevos espacios y polos de desarrollo que se forman a partir de esa nueva actividad.

III.-Los Corianos y su bien ganada fama de guerreros

Ciertamente, le dije al compadre Abraham, este es el segundo vínculo que conozco entre Barinas y Falcón, pero es indudable que existen muchos otros, te cuento uno más.

Cómo tu sabes, los corianos adquirieron gran fama en todo el país de ser hombres valientes, jodidos, arrojados y de armas tomar. Esa fama nacional no viene de su compromiso con la causa de la independencia, sino todo lo contrario.

Cuando Francisco de Miranda desembarcó por La Vela de Coro el 3 de agosto de 1806, todo el funcionariado monárquico y los religiosos corianos atemorizados por lo que les podía hacer el precursor, fueron a parar la carrera al pie de la serranía y a los pueblos de Sabaneta, Mitare, Río Seco y más allá.

Sólo los vecinos de los sectores más pobres permanecieron en la comarca, incluso el precursor de la independencia ordenó poner en libertad a los presos de la cárcel cuyos delitos fueran de poca gravedad criminal y a varios de ellos los incorporó a su tropa.

La estadía de Francisco Miranda en Coro duró pocos días, pues, pronto supo que se reagrupaban fuerzas militares de las jurisdicciones vecinas y desde Caracas para contra atacarlo, desalojarlo, detenerlo y castigarlo con severidad.

Obviamente, el Precursor al no encontrar en los habitantes del lugar la disposición que esperaba para confrontar y defender esa posición, solo le quedó optar por salir rumbo a Trinidad.

El 19 de abril de 1810, el Cabildo de la Provincia de Coro se negó a sumarse al movimiento emancipador, y más bien se convirtió en un bastión de los realistas al punto que terminó siendo la última Provincia que se incorporó en 1821 a la lucha por independencia y a partir de la acción de los patriotas de Paraguaná quienes fueron «animados heroicamente por la señora Josefa Camejo».

Los sublevados se dirigieron a Coro a desplazar a los realistas y facilitar la llegada de Urdaneta quien, por órdenes de Bolívar marchaba desde occidente, cuando apenas faltaban 50 días exactamente para la batalla de Carabobo que le dio la independencia definitiva a Venezuela en 1821.

Sin embargo, no fue sino hasta 1824 cuando el territorio coriano fue liberado totalmente de guerrillas pro-monárquicas.

Quizás por eso, con el tiempo en Paraguaná, se hizo popular decir, medio en juego y medio en serio, que si Josefa Camejo no hubiese liberado a la Provincia de Coro en 1821, aún los falconianos estarían fieles a la corona española.

De manera que mientras en otras provincias los republicanos derramaban su sangre en cruenta guerra, los corianos se mantuvieron durante más de 10 años de confrontación independentista, fieles al Rey Fernando VII quien, en función de ello, en 1815, la elevó a categoría de Provincia, Real Cédula que se hizo efectiva en 1818 y le dio el título de «La Muy Fiel y Muy Leal Ciudad Santa Ana de Coro».

Aunque es oportuno observar que, según opinión muy autorizada de algunos historiadores, esa actitud coriana encuentra sólidas explicaciones en las causas profundas que nacen tempranamente con las rivalidades que se fueron creando entre las oligarquías territoriales y los Cabildos de Coro y Caracas durante todo su proceso formativo colonial.

La oportunidad de los corianos para demostrar su valía vino 37 años después de la batalla de Carabobo con el inicio y desarrollo de la Guerra Federal.

Ezequiel Zamora es ejemplo de la relación Barinas-Falcón, pues, en 1848 el general José Laurencio Silva lo designa comandante militar de la primera de dichas Provincias y de 1851 a 1853 el Presidente José Tadeo Monagas lo nombra en ese mismo cargo en Coro, lo que se repite desde enero a marzo de 1858 cuando es colocado al frente de la comandancia militar de la Península de Paraguaná.

El general Zamora se hizo buen amigo y compañero del general Juan Crisóstomo Falcón, por intermedio del cual conoció a quien sería luego su esposa: Estéfana Falcón de Diez, hermana del mariscal y viuda del señor José Benito Diez, un español llegado a Venezuela en 1841, partidario de las ideas liberales y quien había sido gobernador de Coro en 1849.

Con esta dama, Zamora contrajo nupcias en Caracas en 1856 y se hizo padrastro de los huérfanos que eran tres: Justiniano, Julio y Antonia.

El escritor Laureano Villanueva dice que a finales de la década de los cincuenta del siglo XIX, Zamora renuncia la Comandancia Militar de Cumaná y se viene a Coro a fundar y administrar las propiedades de su esposa que eran el hato de Maguey y la hacienda de la Caridad, ambas situadas en la Sierra de San Luis, además de otras propiedades heredadas por su consorte.

Las diferencias de los ahora cuñados, Zamora y Falcón, con sus antiguos compañeros los hermanos Monagas (empeñados en mantener una práctica nepótica y sus pretensiones de eternizarse en el poder en 1858), hizo que ambos se mantuvieran en paz en la provincia de Coro para evitar pelearse con los Monagas a quienes, en particular Zamora, literalmente le debía la vida cuando José Tadeo le condonó en 1848 la pena de muerte que le había impuesto Páez por haber sido cabecilla del alzamiento de 1846.

Derrocado José Tadeo en 1858 y tomado el poder por Julián Castro, tanto Zamora como Falcón y otros líderes liberales, son expulsados del país. Desde el exterior, y bajo la conducción de Falcón, se organiza una invasión contra ese gobierno conservador.

Por instrucciones de Zamora el coronel Tirso Salaverría toma el parque de armas de la ciudad de Coro el 20 de febrero de 1859 y anuncia el inicio de la Federación. Ezequiel Zamora desembarca el 22 de febrero por el Puerto de la Vela, lee la proclama federal, organiza el gobierno en Coro y parte en campaña con sus tropas corianas hacia el interior del país.

Luego de pasar por San Felipe, Barquisimeto y Portuguesa, el líder federal-liberal se hace fuerte en la provincia de Barinas donde establece el Comando General de la Revolución que tiene a Juan Crisóstomo Falcón como presidente en Campaña y a Zamora como comandante en jefe del ejército.

Es allí donde se produce esa otra conexión histórica entre el hoy estado Falcón y el de Barinas. En las sabanas de aquél estado llanero Zamora obtiene su más brillante victoria militar en la batalla de Santa Inés, en cuyo sitio hace morder el polvo y humilla al ejército conservador que lo superaba ampliamente en hombres y pertrechos.

Con el ejército del gobierno en desbandada, Zamora ordena su persecución hasta aniquilarlos por completo. Les da alcance en el poblado del Corozo a unos 7 km al oeste de La ciudad de Barinas.

Allí les hace una maniobra envolvente y le prende candela a la sabana seca para reforzar el ataque contra lo que había quedado de las fuerzas castrenses contrarrevolucionarias, que son diezmadas finalmente en el primero de los poblados nombrados.

Los sobrevivientes huyen despavoridos hacia las montañas de Barinas y Mérida. Allí suben por la cordillera andina los soldados corianos y en el páramo van alcanzando y matando a los rezagados.

Los estudiosos de estos hechos sostienen que de los 3.200 hombres del ejército conservador que dio batalla en Santa Inés, sólo 300 hambrientos y desmoralizados llegan a Mérida, ciudad que estaba bajo control del gobierno.

Así lo sostiene el doctor José León Tapia, escritor barinés, médico, humanista y constituyente en el año 1999, a quien tuve la oportunidad de conocer y con quien conversé varias veces, en particular sobre su libro: “El Tigre de Guito”, donde cuenta las aventuras y desventuras del valeroso General trujillano Rafael Montilla.

Este mismo autor, en su otra obra: “Ezequiel Zamora a La Espera del Amanecer”, deja registro de la bravura de los corianos.

Narra que llegado Zamora a Barinas le informan que el gobernador conservador Hipólito de la Cueva había huido con parte del parque de armas hacia Mérida por la vía de los callejones. Entonces decidió perseguirlo para arrebatarle las armas que tanto necesitaban.

Escogió el general del pueblo soberano a cincuenta corianos y un baquiano. Se dirigió con sus hombres rumbo a la serranía de Calderas (tierra donde nacieron mis padres), pasó por Barinitas (mi pueblo) donde muere el llano y nace el pie de monte andino, siguió remontando laderas hasta Altamira de Cáceres donde le encontraron la huella a Cuevas, quien iba llegando a la quebrada de la Bellaca y allí decidió esperarlos mamposteados de una casa a la otra y a orilla de la caudalosa quebrada.

Primero cruzaron los hombres de León Colina con el agua al cuello y amarraron una larga soga al tronco de un árbol para que pasara el resto de la tropa, de inmediato cargaron lanzando sablazos y plomo caliente en los patios y las habitaciones de la casa donde estaba Cuevas, quien logró escapar aunque dejando una reguera de muertos, pero aun así pudieron recuperar las armas y municiones.

Pasada la escaramuza dijo entonces Zamora: “Me costó reconocer a mis corianos llenos de lodo, humo y pólvora, sus rostros ennegrecidos en asalto tan terrible”.

De la batalla de Santa Inés, de acciones como la de la Bellaca y de otras más donde los corianos se destacaron por su valentía y arrojo, nace su renombre bien ganado de machos, osados y bien arrechos.

Esa fama se sigue reforzando cuando el mariscal Falcón llega a la presidencia de Venezuela y designa en puestos claves a sus leales guerreros paisanos quienes ejercen el poder con férrea disciplina, muy contrario al primer magistrado quien pasa parte de su tiempo, en pleno ejercicio de sus cinco años de su periodo de gobierno, en la población de Churuguara leyendo, escribiendo cartas y poesía y compartiendo con sus queridos paisanos.

El Mariscal fue separado del poder el 28 de abril de 1868 y dos años después murió en la Isla de Martinica, solo, afectado por un cáncer de la laringe y dejando un importante legado escrito que fue publicado en los años 60 del siglo XX, en una edición de cinco tomos, por el Ejecutivo del Estado Falcón y la Academia Nacional de la Historia, y además dejó su magnanimidad y derechos ciudadanos consagrados en “El Decretó de Garantías” y en la “Constitución Federal de 1864”.

Es así como los apellidos corianos Colina, Chirinos, Arcaya, Petit, Jurado, Lugo y otros se riegan y echan raíces por Venezuela. Esta celebridad de los corianos se reafirma unos 45 años después con la actuación política y militar del intrépido general Rafael Simón Urbina, nacido en el poblado de Cumarebo del estado Falcón.

Entre otras de sus osadas acciones contra la dictadura de Gómez se encuentra la invasión armada a Venezuela en compañía del líder comunista Gustavo Machado y Miguel Otero Silva en 1929, después de haber asaltado el fortín de armas de Curazao, hecho prisionero al gobernador holandés de aquella Isla y apropiado del buque norteamericano Maracaibo en el cual hicieron la travesía hasta las costas de la Vela de Coro con unos 250 combatientes. En ese puerto falconiano desembarcan y entran en batalla con el ejército gomecista.

Derrotados, Rafael Simón, junto a Gustavo Machado y parte de la tropa, suben hacia la sierra buscando reorganizarse. Después de varios días muy penosos, según narra Domingo Alberto Rangel en su libro: “Gustavo Machado”’ perseguidos por los chácharos logran llegar a Churuguara de donde salen a Colombia para después refugiarse en México.

Gustavo Machado, quien venía de ser oficial del estado mayor del ejército de Augusto César Sandino en Nicaragua en el año 1928, se queda por unos años en Ciudad de México junto a Otero Silva, para luego continuar con su legendaria y quijotesca lucha hasta el final de sus días a los 85 años.

El general Urbina, junto con un pequeño grupo de corianos, principalmente de Churuguara y Santa Cruz de Bucaral, es protagonista principal del intento de secuestro y posterior asesinato del presidente de Venezuela Carlos Delgado Chalbaud, único magnicidio en la historia del país, hecho que conmocionó a la nación y allanó el camino para que se instalara en el país la férrea dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

Esta acción tan arriesgada y temeraria la paga con la vida el cumarebero Rafael Simón Urbina, quien muere la noche del 13 de noviembre de 1950 asesinado por policías de la Seguridad Nacional, una vez que lo sacan herido de la cárcel «El Obispo» y lo ejecutan en plena calle Atlántico en el oeste de Caracas.

Al decir de algunos historiadores esta ejecución, sin formalidad de juicio, fue ordenada por el propio coronel Marcos Pérez Jiménez, a quien le atribuyen la autoría del complot contra el presidente sacrificado Delgado Chalbaud.

Sin dudas, un final triste para un hombre valiente, pues murió indefenso y a los hombres valientes les gusta morir con el arma en la mano, tal y como lo afirmó su primo Domingo Urbina, compañero en esa infausta acción.

Más recientemente, en la década de los 60, se consolida la percepción de los corianos como hombres vergatarios, con la conformación del frente guerrillero José Leonardo Chirinos en la Sierra de Coro, comandado por el mítico jefe guerrillero falconiano Douglas Bravo e integrado por José Manuel Saher (el Chema) hijo del entonces gobernador de estado Falcón Don Pablo Saher, así como por los falconianos Polito Acosta Blanco y Alcides Hurtado.

Igual reconocimiento merecen los camaradas Pedro Chirinos (Pedro Panela), Juan Orlando Aguilar (el gavilán), Alfredo Ruíz (desaparecido por los cuerpos de seguridad sin que nunca se supiera de su paradero), Rafael Fay Laguna (el brujo), Noel Sirit H, Nelson López (nativo de Cabure y quien fuera asesinado por la digepol en la plaza Venezuela, después de haber participado en la construcción del túnel de la prisión del cuartel San Carlos por donde escaparon Teodoro Petkoff, Guillermo García Ponce y Pompeyo Márquez), Eligio Sibada (Comandante Magoya), Nicolás Jiménez y otros. Por cierto que Noel Ávila, un Barinés nacido en Altamira de Cáceres, estuvo en las guerrillas con Douglas Bravo y fue uno de los últimos hombres en pacificarse.

Recuerdo el día que regresó a la casa de su padre, Don Gilberto Ávila, en Altamira de Cáceres y allí se le hizo un agasajo de bienvenida que contó con la presencia de Douglas y su esposa Argelia. Yo tuve el honor de estar presente ese 9 de agosto de 1981 junto con mi gran amigo Alexis Graterol. Toda una experiencia a mis 19 años.

Como vemos, mi apreciado compadre Abraham, la vinculación del estado Falcón y el estado Barinas se cuenta en siglos y sus tantos episodios llegan hasta la actualidad.

Los más recientes se resumen en las gestiones como gobernadores del estado Falcón de Aldo Cermeño y Jesús Montilla, dos barineses enraizados en ambas regiones y que asumieron roles de liderazgo político en la antigua provincia de Coro por varios años, pero me abstengo de detallar sus trayectorias porque usted mejor que nadie las conoce bien.

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Josmary Escalona

Periodista principalmente de la fuente política que también hace diarismo, entrevistas y trabajos especiales sobre temas que la población desea conocer.

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