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Jesús Urbina: la responsabilidad va asociada a la libertad de expresión

“Decir lo que pienso en una red social está muy bien en el ejercicio de la libertad de expresión, pero eso no significa asfixiar la libertad de los demás y por eso tiene que haber ciertas restricciones; estas plataformas son gratis, pero tienen sus términos de uso y deben respetarse, eso no es censura”, expuso el periodista zuliano.


El poder de las redes sociales es tanto que pueden impulsar o desacreditar la democracia de un país y eso quedó demostrado el pasado 6 de enero tras el asalto al Capitolio —el edificio que alberga las dos cámaras del Congreso de los Estados Unidos (EE. UU.)—.

“Se estableció muy claramente que los tuits de Donald Trump a través de Twitter, así como otras plataformas digitales, habían sido combustible para incitar a la toma del Congreso de los EE. UU.; incluso medios como el The New York Times hicieron una línea de tiempo, minuto por minuto, en la que se veía lo que estaba diciendo Trump y lo que estaba ocurriendo en las calles de Washington, es decir, una relación causa-efecto. Una persona puede decir lo que piensa en sus redes sociales, pero ya cuando te desinforma deliberadamente se convierte en un peligro para el orden público”, expuso el periodista y profesor universitario de La Universidad del Zulia (LUZ), Jesús Urbina.

Jesús Urbina: “No se puede pensar en democracia sin espacios para la conversación pública”.

—A raíz de estos hechos, fueron bloqueadas las cuentas de Trump de las redes sociales y se puso en tela de juicio su papel en las democracias del mundo, ¿Considera que le fue violado el derecho a su libertad de expresión?

—Yo estoy de acuerdo con que se le haya suspendido la cuenta para evitar que siguiera causando daño, al igual que lo estoy con que se hayan suspendido la de todos los grupos terroristas conocidos e incluso de chavistas por generar mensajes de odio; lo que pasa es que en esta ocasión se lo aplicaron al hombre más poderoso del planeta, al propio Presidente de los EE. UU., que tiene 85 millones de seguidores en esta plataforma y esto levantó un polvorín.

»Pero no debemos olvidar que Twitter ha venido aplicando esas suspensiones desde hace años atrás; lo ha hecho con las cuentas del grupo terrorista islámico Isis; en el año 2019 más de 2.000 cuentas asociadas al chavismo en Venezuela fueron suspendidas, incluso al mismo Nicolás Maduro en marzo le eliminó un tuit relacionado con una especie de antídoto no autorizada contra el coronavirus y esta semana suspendió las cuentas de las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) en Colombia, alegando que violan los términos de uso porque no se puede utilizar la plataforma para la incitación de violencia, propaganda de guerra y demás delitos.

—Algunos consideran esta medida como “exagerada”…

—Lo que hizo Trump en contra del Congreso de los EE. UU. a través de estas plataformas no es cualquier cosa; estuvo a punto de acabar con la democracia de toda una nación con más de 300 millones de habitantes y en la medida que acabas con la institucionalidad en un país, que es lo que ha pasado en Venezuela, se afectan los Derechos Humanos (DD. HH.) y las garantías individuales.

»Después de las elecciones de 2016 en EE. UU. se criticaba a Twitter y especialmente a Facebook, exactamente por todo lo contrario a lo que hoy se le acusa; se decía que habían sido demasiado abiertos y que los rusos habían utilizado esas plataformas para incidir políticamente en las elecciones y hasta las llevaron al Congreso, donde exhortaron a sus propietarios a colocar unos regímenes de control para evitar que ningún factor externo manipule a un pueblo cuando tiene que decidir cómo será su futuro democrático y ahora que lo hicieron, aparecen unas voces críticas que dicen que se pasaron y que esa decisión no les corresponde a ellos.

—¿Realmente no tienen potestad para hacerlo?

—Este es un tema complicado, porque el soporte jurídico de la existencia de estas redes sociales está determinado en su gran mayoría porque son empresas estadounidenses y por ende, están regidas por la legislación estadounidense; están consagradas en la sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones donde se establece que en términos organizacionales hay medios de información, pero también plataformas digitales y el tratamiento que jurídicamente se les da a cada uno es distinto. A las plataformas se les da una protección que no tienen los medios informativos, esto significa que nadie puede litigar ni querellarse contra otra persona por lo que se diga en una red social.

»De hecho, si recordamos el año pasado, cuando Twitter empezó a ponerle letreritos a algunos tuits de Trump, él se lo cuestionó basado en la sección 230, le solicitó al Congreso revisar esa legislación y que se le impidiera a estas plataformas editorializar, porque si intervenían haciendo advertencias sobre las cosas que se dijeran allí estaban perdiendo la protección que tenían, además de su neutralidad. Sin embargo, hay otro grupo que argumenta que no hay una violación de la legislación, solo la aplicación del estatuto de cada una de las redes sociales que, como empresas privadas que finalmente son, tienen la potestad de fijar términos de uso y en estos se aclara que usted puede decir todo lo que quiera, pero no puede presentar imágenes o ideas que justifiquen el abuso sexual de menores, por ejemplo, lo cual debe ser respetado y eso no significa en mi opinión editorializar la plataforma.

—Lo cierto es que el bloqueo de las cuentas de Trump ha sido motivo de alerta, incluso para gente que lo adversó como la canciller alemana, Ángela Merkel…

—Merkel dijo que no está bien que le hayan quitado la cuenta a Trump, pero un día antes de esa declaración había dicho que la libertad de expresión no era absoluta y que no podía ser escudo para el abuso, y eso lo conocen muy bien los alemanes, ya que para que hayan podido mantenerse con estabilidad, progreso, perfeccionamiento y modernización, el Estado democrático ha tenido que sacrificar algunas cosas como, por ejemplo, prohibir todo lo que tiene que ver con profesar ideas nacionalsocialistas nazi. Incluso en las democracias donde existen los sistemas más liberales del mundo hay un tipo de condicionamiento mínimo.

—¿Qué recomienda entonces?

—Lo ideal es que haya autorregulación para impedir que los gobiernos metan las narices donde no les corresponde regulando excesivamente los derechos de las comunicaciones; mientras más se fijan límites por responsabilidad ética, menos oportunidad hay para que el Estado restrinja abusivamente las libertades.


Responsabilidad

Como defensor de los DD. HH., para Urbina es importante que se entienda la dimensión de la responsabilidad en el ejercicio de la libertad de expresión. “Muchos que normalmente han hablado de la necesidad de tener ética, le reclaman a una red social que haya suspendido una cuenta donde se discutían contenidos que podían causar severas consecuencias contra los derechos de otros e intereses comunes como la democracia. Es necesario que cuando hablemos de estas plataformas como espacios para la conversación pública, entendamos claramente el concepto de responsabilidad que va a asociado a la libertad de expresión; no se puede permitir que alguien tenga el megáfono más grande para aplastar las ideas, la visión, los pensamientos y hasta la vida de los demás, que es lo que está en juego muchas veces”, repudió.


La autorregulación

Es el entendimiento de que la libertad de expresión no es absoluta, sino que admite algunos tipos de restricciones que permiten asegurar el goce de los derechos humanos de otras personas “y en la medida que uno lo entiende, se minimizan los conflictos de intereses entre las personas cuando ejerzan sus libertades, dejarán de ser necesarios fuertes términos de uso en las plataformas y el Estado regulará menos esas libertades”, sostiene.

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Anailys Vargas

Periodista y Msc. en Gerencia de RRHH. Actualmente, editora de la versión impresa y digital del diario Nuevo Día.

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