Opinión

Conozca cómo influye el estado físico y el valor del inmueble en el precio

La percepción de precio y valor de un inmueble varía sensiblemente, y saber la diferencia ayuda a tomar mejores decisiones.


Una de las situaciones comunes a las que se enfrentan las personas a la hora de negociar un bien o servicio es determinar cuál es el precio más adecuado del mismo. Y esa determinación se hace más o menos compleja debido a diversos factores tanto subjetivos como objetivos que se mezclan en proporciones distintas según cada caso.

Naturalmente, esa realidad no escapa a las posesiones de alto valor como los bienes inmuebles y a todas las expectativas que se generan tanto por parte de propietarios como por parte de adquirientes frente a las aspiraciones de cada uno de ellos.

Justamente es en este punto en donde se presentan una buena parte de negociaciones no llevadas a cabo, o frustradas por decirlo de otra manera, y es en esta etapa en que la labor del corredor inmobiliario profesional se hace fundamental, al buscar conciliar las distintas visiones, entre muchísimas otras más funciones ―puede verlas todas en el artículo titulado «Parte 3. Cómo escoger el asesor inmobiliario que te conviene» del 22 de febrero.

Siendo esto así, ¿cuál es entonces la diferencia entre precio y valor? Por un lado, el precio es la cantidad necesaria para adquirir un bien, un servicio u otro objetivo. Suele ser una cantidad monetaria. Es decir, es la expresión monetaria que traduce o convierte, el valor percibido, en una posibilidad realizable de intercambio o transacción.

Mientras que, por el otro, el concepto de valor está asociado a una o varias características subjetivas de los bienes o servicios que satisfacen determinadas necesidades para el consumidor o usuario y que, por lo tanto, estiman importantes si así llegaran a hacerlo.

Es en este punto donde precisamente se encuentran o distancian las percepciones, porque lo que es importante y a la vez cumple las expectativas para una parte, pudiera no serlo necesariamente de igual para la otra, de hecho, en la práctica, a veces es diametralmente lo opuesto, y, en consecuencia, sin valor relevante porque depende principalmente de los gustos y preferencias de cada quien.

Tener claro la diferencia entre estos dos conceptos es un paso significativo para entender el por qué usted, amigo propietario o amigo adquiriente, quizá no ha logrado negociar el inmueble del que es dueño o adquirir el que desea. En otras palabras, se debe sumar a la ecuación las expectativas de un tercer componente: lo que dicta el mercado.

Aclarado lo anterior como premisas básicas, imagine ahora que llega el momento en que usted va a chequear el inmueble físicamente en función de las siguientes características observables a simple vista:

  1. Ubicación y entorno inmediato. El primero, le da la clave fundamental de valía del inmueble, mientras que el otro coopera directamente en aspectos relevantes como: el grado de desarrollo urbano actual o en perspectiva, zonificación, accesos, tráfico vehicular o de personas, densidad, servicios públicos, comercios, escuelas, vialidad, etc.
  2. Tipo y calidad de la construcción ―de haberla. Acá entran en juego el diseño arquitectónico relacionado con el tipo de uso o destino que se le da ―o dará― al inmueble y los sistemas constructivos y materiales utilizados, así como las proporciones empleadas.
  3. Los acabados y el estado de conservación de los mismos. Esto equivale a evaluar cómo fue «vestido» el inmueble y si se le ha dado el mantenimiento adecuado para conservar esa prenda a lo largo del tiempo. Por ejemplo, no es lo mismo vestir pisos con cemento pulido que con cerámica, madera, granito, porcelanato, o mármol y la forma de preservarlos a cada uno.
  4. La distribución o división interna, como en el caso de las viviendas y sus números de habitaciones, baños, etc., no son comparables con inmuebles cuyos espacios son más abiertos o amplios como los de un local comercial. Otra vez acá el uso del inmueble influye en el valor del inmueble, imagine sumarle ahora la ubicación.

Así sucesivamente se podría continuar la lista de factores a tomar en cuenta y que inciden en la percepción de valor de los inmuebles y traducirse en una cantidad monetaria llamada precio. Y si, además, usted hace una evaluación sincera, lo más objetiva posible, seguramente entenderá que muy probablemente necesite algo de ayuda.

En esta situación pregúntese, ¿quién de forma constante conoce, vive, investiga, interactúa repetidamente con otros conocedores, se capacita, se mantiene al tanto de lo último en regulaciones y leyes del sector, entre otras tantas actividades ligadas al sector de bienes inmuebles?

Sin duda la persona que puede ayudarle es la que hace de los bienes inmuebles su modo de vida, porque lo vive día a día y lo conoce, está capacitado y que se maneja éticamente protegiendo los intereses de sus clientes y solicitantes de servicios inmobiliarios diversos: el asesor o corredor inmobiliario profesionalizado.

No se tome a la ligera esto de determinar el valor de un inmueble. Como se ha comentado en pasados artículos, coteje sus aspiraciones con la asesoría de un corredor profesional, o si quiere ir más allá, recurra a un tasador calificado para ello si sus necesidades así lo requieren.

Si saca buenas cuentas, verá que al final se ahorrará no solo estrés e incertidumbre, sino también dinero.

En el siguiente artículo se analizará los aspectos relevantes acerca del mercado de bienes raíces nacionales inserto dentro del contexto o punto de vista internacional. Es recomendable no solo «fijarse en el árbol», sino también «echar una mirada al bosque», y cómo eso influye en los valores inmobiliarios, incluyendo del que usted es dueño o del que desea adquirir más adelante.

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