Ciencia

Las lecciones del coronavirus a un año de su aparición

Cuando se detectó el primer caso de COVID-19, se multiplicaron las preguntas sobre la enfermedad transmitida por un virus hasta ahora desconocido.


Después de un año, la pandemia ha dejado más de 2,5 millones de muertos y 113 millones de casos de COVID-19 en el mundo, aunque poco a poco están comenzando a desacelerarse.

Por otro lado, los médicos y científicos han recopilado una gran cantidad de evidencia sobre el nuevo coronavirus, cómo se transmite y cómo podemos tratarlo de manera más efectiva.

A continuación resumimos algunas de las principales lecciones aprendidas tras un año de pandemia.

1) La cloroquina y la hidroxicloroquina no son útiles en el tratamiento

La hidroxicloroquina fue objeto de intensas disputas durante la pandemia de COVID-19. FOTO/ Cortesía

Al comienzo de la pandemia, la cloroquina, un fármaco tradicionalmente utilizado para combatir la malaria, y su derivado, la hidroxicloroquina, fueron vistos como una esperanza en el tratamiento de la enfermedad causada por el nuevo coronavirus y llegaron a utilizarse, incluso en combinación con otros medicamentos, como antibióticos.

Aunque su efectividad contra el COVID-19 fue señalada primero por investigadores chinos y luego por un grupo de investigación francés, desde entonces muchos estudios han reportado que estos medicamentos no tienen beneficios o incluso pueden causar efectos nocivos.

2) El uso de la mascarilla es esencial para contener el coronavirus

La OMS recomendó hace poco usar dos mascarillas | Foto Cortesía

El uso de una mascarilla por sí solo no previene la propagación del coronavirus, pero ayuda mucho a contenerlo, según varios estudios sobre el tema.

Recientemente, los CDC (Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades), en Estados Unidos, dijeron que usar dos mascarillas (una de tela sobre otra quirúrgica) bien ajustadas puede reducir la propagación del virus en más de un 90%.

Según los expertos, la mascarilla aporta al menos dos beneficios: protege a quienes la usan y, al mismo tiempo, protege a quienes rodean a una persona infectada.

Desde junio, la OMS ha abogado por el uso de mascarillas de tela para todas las personas que necesiten salir de casa. En diciembre, la agencia de la ONU actualizó sus recomendaciones y pidió refuerzo en el uso de cubrebocas, con especial atención a las unidades de salud.

3) El COVID-19 no solo afecta y mata a los ancianos

El riesgo de desarrollar síntomas graves de COVID-19 aumenta con la edad, y los adultos mayores tienen un mayor riesgo. La razón de esto es muy simple y no tiene nada que ver con el coronavirus: cuando envejecemos, nuestro sistema inmunológico, responsable de la defensa de nuestro cuerpo, también envejece.

Sin embargo, eso no significa que las personas más jóvenes sean inmunes al COVID-19, incluso aquellas que no tienen comorbilidades, como diabetes, hipertensión y obesidad.

Pueden desarrollar los síntomas más graves de la enfermedad, requiriendo hospitalización, e incluso morir a causa de ella.

El riesgo de muerte por COVID-19 entre los menores de 50 años, especialmente los jóvenes de hasta 30 años, se considera bastante bajo.

Pero el hecho de que la probabilidad de muerte sea más baja no quiere decir que estén libres de caer en estado grave.

4) El coronavirus no es una “gripecita”

La “gripecita” con la que despreciaron el coronavirus el presidente brasileño Jair Bolsonaro o el ex presidente estadouniense Donald Trump dejó estadísticas globales con mayores tasas de mortalidad que la gripe estacional.

Ambos mandatarios restaron importancia a la gravedad del covid.

No obstante, en Brasil, el COVID-19 fue la causa de muerte con más víctimas el año pasado, superando otras enfermedades de alta letalidad, como ictus, infartos y neumonías, según datos del Portal de Transparencia de las oficinas de registro.

También en Estados Unidos, según los CDC, el COVID fue la principal causa de muerte en los últimos meses.

5) El coronavirus tiene origen animal (y no fue producido en un laboratorio)

Wuhan fue el primer lugar del mundo donde se detectó el virus | Foto Cortesía

Cuando el COVID-19 comenzó a extenderse por todo el mundo, su origen apuntaba a un mercado de mariscos en Wuhan, China.

A principios de este mes, un equipo de la OMS responsable de investigar la aparición del Sars-CoV-2 concluyó, después de una misión en Wuhan, zona cero de la pandemia, que toda la evidencia apunta a un origen “animal” del nuevo coronavirus.

6) El contagio por envases y alimentos es “mínimo”

Al comienzo de la pandemia, miles de personas denunciaron en las redes sociales la angustia de tener que limpiar regularmente los envases y los alimentos.

En agosto del año pasado, la OMS dijo que no había “casos confirmados de COVID-19 transmitidos por alimentos o envases de alimentos”. Pero enumeró una serie de precauciones para evitar la contaminación cruzada (la transferencia de microorganismos causantes de enfermedades de un alimento a otro, por medio de un vector).

También dice que no es necesario desinfectar los envases de alimentos, pero “las manos deben lavarse bien después de manipular los envases de alimentos y antes de comer”.

A principios de este mes, esta premisa fue reforzada en un nuevo informe publicado por la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA). En él, la agencia informa de “la probabilidad” de que los envases y los alimentos transmitan el coronavirus.

Lavarse las manos con agua y jabón durante 20 segundos es importante al llegar de hacer las compras y puede repetirse tras guardar todos los productos como medida de protección extra

7) Es posible contraer el COVID-19 dos veces

La investigación realizada por la agencia de salud pública del gobierno británico, Public Health England, encontró que la mayoría de las personas que han contraído COVID-19 (83%) tienen inmunidad durante al menos cinco meses.

Pero los casos de reinfección por COVID-19, aunque raros, se están identificando en varios países. La mayor preocupación de los especialistas, sin embargo, es la reinfección con nuevas variantes.

Si un número considerable de personas que ya fueron sido infectadas comienzan a dar positivo por COVID-19, puede ser que haya una variante en circulación capaz de eludir los anticuerpos producidos por el sistema inmunológico después de una primera infección.

La reinfección por variante es una de las hipótesis investigadas para explicar el brote de hospitalizaciones y muertes ocurridas en enero en Manaos, Amazonas, donde se detectó la variante brasileña.

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