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Una crianza entre amor y alegrías

Las personas con síndrome de Down nos hacen volver a nuestros orígenes, a lo básico, a lo importante de la vida. Al final de cuentas, la peor discapacidad no es la mental, es la del corazón que no se atreve a amar.


Oriundos del municipio Dabajuro, Johan Pereira y Yuseidi Azuaje de Pereira tienen 17 años de casados con tres hijos y el último de ellos nació el 11 de julio de 2018; a quien decidieron llamar José Manuel, un niño que al cumplir un mes de nacido fue diagnosticado con síndrome de Down, y que desde entonces ha sido ejemplo de que el cromosoma “de más” genera una sensibilidad y una capacidad para amar muy superior, sin barreras y sin condiciones que los humanos de 46 cromosomas no tenemos.

SINDROME DOWN
EXPERIENCIA: “Solo agradecemos su llegada, el hacernos disfrutar de las cosas sencillas de la vida. Basta con su sonrisa y su mirada para darnos cuenta de la gratitud que tenemos con Dios”, expresaron los esposos Pereira Azuaje.  Foto / Carlos García

Hoy día este pequeño tiene 2 años y ha demostrado ser todo un guerrero, pues a los 10 meses fue intervenido quirúrgicamente para corregirle una afección cardiaca –tres soplos en el corazón– y gracias a ello su salud ha evolucionado.

“José Manuel transformó nuestras vidas, tener un hijo con síndrome de Down es vivir una experiencia maternal de crianza entre amor y alegrías. Muchos quizás lo duden pero nosotros no hemos tenido tiempo de llorar ni lamentarnos por su diagnóstico, solo agradecemos su llegada, el hacernos disfrutar de las cosas sencillas de la vida. Basta con su sonrisa y su mirada para darnos cuenta de la gratitud que tenemos con Dios”, acentuaron los padres.

Sin diferencia

El hecho de que José Manuel tenga síndrome de Down no ha sido limitante para que el ingresará a la educación regular, y está cursando la etapa de maternal en el Centro de Educación Inicial Nueva Aurora, un ciclo que representa apoyo, inclusión y adaptación tanto para él como para sus padres, docentes y compañeros. Además de la atención integral que recibe en el Centro de Desarrollo Infantil Mery Dorantes.

SINDROME DOWN

SIN LÍMITES:  José Manuel ha sido ejemplo de que el cromosoma “de más” genera una sensibilidad y una capacidad para amar muy superior, sin barreras y sin condiciones que los humanos de 46 cromosomas no tenemos. Foto / Carlos García

“Los docentes nos expresan que José los hace reír con sus ocurrencias y llorar de emoción con su ternura, que es un niño que siempre les recuerda  la pureza del alma que muchas veces los adultos olvidamos y descuidamos por la preocupaciones diarias”, manifestó Azuaje de Pereira. 

Deja huella

Sin duda José Manuel derrocha cariño sin pedir nada a cambio y uno no puede hacer otra cosa que no sea devolvérselo con todo gusto. Lo conoce todo la comunidad donde reside; por donde pasa, el pequeño deja una huella.

“La vida nos regaló a José Manuel, es la mejor lección. Nos enseña lo que es la sinceridad, la franqueza, la bondad, el cariño y en definitiva lo que es el amor”, insistió Johan Pereira.

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