Opinión

Asegúrese que esto no pasa en su negociación inmobiliaria

Asegurar la transacción inmobiliaria con un corredor que se comprometa con usted, y usted a la vez con él, le dará mejores resultados.


«Mi mejor consejo de bienes raíces suena sencillo, y lo es. Pero no permita que su sencillez oculte su importancia. Encuentre un profesional de bienes raíces en quien pueda confiar. Quiero decir, alguien en quien realmente pueda confiar.»
 
Estas palabras de John Bearden ―tomadas del libro «Trump: Los mejores consejos de bienes raíces que he recibido», pág. 11, 2006―, se desestiman con más frecuencia de lo pensado, más aún porque sin dudas influyen en los resultados de una transacción inmobiliaria ya sea que usted pudiera estarse planteando hacer, o inclusive, que esté en curso.
 
Y no es menor cosa que, tratándose de una de las formas de patrimonio más importantes en la vida de las personas, se hagan todos los esfuerzos posibles en conseguir ese aliado de negocios que le guíe acertadamente a lograr sus objetivos.
 
Bearden, el anterior personaje sigue diciendo: «Para muchas personas, comprar o vender una casa es la inversión (y transacción financiera) más grande que se realiza en la vida. Créame, usted no quiere poner este proceso tan importante, y extremadamente complejo, en manos de alguien en quien no confía plenamente y que, además, tal vez no tenga las mejores intenciones».
 
De esta idea expresada se podrían extraer algunas reflexiones importantes, trasladadas sobre todo al entorno latino y particularmente, el venezolano.
 
Dado la evidente cuasi anarquía en el sector inmobiliario, ―signado fundamentalmente por la carencia de un marco regulatorio producto de un esfuerzo consensuado entre el estado y quienes ejercer la actividad, legislación que existe ya en otras disciplinas como en la ingeniería, contaduría, etc.―, subsisten esfuerzos poco escuchados pero a la vez importantes por darle algún orden y estandarizar los procesos aplicados a los servicios inmobiliarios.
 
Uno de ellos es el llevado a cabo por la Cámara Inmobiliaria de Venezuela desde hace varios años, pero que en los últimos parecen duplicarse, o más, para poner ese deseado orden al menos entre aquellos quienes quieren hacerlo bien, es decir, las personas que desean prestar un servicio reconocido, de calidad y a final de cuentas, profesional en el sentido extenso de la palabra.
 
Para la gran mayoría de los corredores inmobiliarios está claro que el servicio se basa en la confianza lograda por el cliente. Sin confianza, difícilmente la relación corredor-cliente pueda fluir armoniosamente, donde se siente que el uno comprenda del otro, que empatizan y qué se necesitan mutuamente para lograr el objetivo, al menos desde aquellos
aspectos que sí pueden controlar o en el que pueden colaborar.
 
Ahora bien, ¿qué sucede en esos casos cuando esa confianza no se traduce en convenios formales que le den sustento y fiabilidad a la relación cliente-corredor? Supóngase el caso de uno de esos elementos característicos en los que se demuestra esa confianza entre las partes: el contrato de servicio u oferta de adquisición, según sea el caso.
 
Estos nacen como producto y paso lógico subsiguiente en el proceso de promoción inmobiliaria. Es de hecho, la confirmación de la intención expresada a viva voz entre el corredor y el cliente, pero en forma escrita.

Es en otras palabras, la prueba evidente de la seriedad del acuerdo para conseguir ofrecer el inmueble al mercado, o su adquisición
en el caso de arrendatarios o compradores.
 
¿Podría decir el corredor «tengo para ofrecer este inmueble con absoluta confianza», o el cliente, «tengo un aliado que está comprometido a ayudarme a negociar un inmueble»? Difícilmente se podría decirse que sí.
 

Obsérvese. En los negocios donde está implicado cierta cantidad importante de dinero, tal como en los bienes raíces ―tal como se dijo más arriba, donde pudiera ser «la inversión más grande que se realiza en la vida»―, ¿alguna de las partes debería sentir que se encuentra en desventaja, en cuanto a dar el mejor esfuerzo para lograr un trato justo, sabiendo que pudiera no valer la pena por la falta de compromiso de la otra parte?
 
Es muy probable que los efectos de tal situación se reflejen en los resultados no solo del servicio prestado por parte del corredor ―por descuido o falta de capacitación adecuada―, sino que también de forma refleja o recíproca en la percepción de la calidad del servicio por parte del cliente ―sobre todo en el caso de propietarios reacios a jugar equitativamente en reconocer plenamente el tiempo, esfuerzo y dinero que invertiría el corredor en el servicio al inmueble de dueño.
 
Estas situaciones pudieran explicar de alguna manera, por ejemplo, el desorden observable en la oferta de un mismo
inmueble por múltiples corredores e inmobiliarias ―inclusive hasta por personas sin la debida capacitación y experiencia para el manejo de algo tan delicado como el patrimonio y esfuerzo de una persona o familia materializado en un bien inmueble.
 
¿Se estará consciente de todas las implicaciones legales, fiscales, económico-financieras, además de emocionales que conlleva una operación inmobiliaria si no es llevada de manera adecuada? No es cualquier cosa o sencillamente para manejarse con impericia.
 
En su experiencia Bearden agrega lo siguiente: «Al igual que muchos otros, mi esposa y yo aprendimos esta dura lección hace ya mucho tiempo por experiencia propia. Hemos comprado y vendido varias viviendas a través de los años y perdimos dinero solo con una de ellas… nuestra primera casa.
 
¿Por qué? Porque en aquel entonces no sabíamos, como lo sabemos ahora, lo sabio que es tomarse el tiempo necesario para encontrar un profesional de bienes raíces que sepa lo que hace, cuya pasión por su trabajo sobresalga, así como su preocupación y deseo genuino de ayudar a sus clientes. (…)
 
Tómese el tiempo de buscar alguien con quien pueda establecer una relación mutuamente beneficiosa a largo plazo; alguien cuya carrera sea bienes raíces y no el amigo de su tío que cierra dos transacciones cada tres años (…) Los buenos agentes prometen, en primera instancia, hacerse socios partícipes en el proceso y actúan como asesores de confianza».
 
¿Vale la pena emprender los negocios de bienes raíces bajo el paraguas de la confianza? Por supuesto que sí. La experiencia no solo resulta más gratificante por cómo se llevó el proceso en sí mismo, sino por los resultados alcanzados y la relación beneficiosa a largo plazo que pudiera establecerse.
 
Y lo que es más probable y concluyente, si no se diese el escenario anterior: no se dé como una propuesta seria donde se observe la falta de compromiso genuino y de mutuo beneficio de cualquiera de las partes ¡Huya de esa situación!
 
En un mundo moderno, donde los negocios inmobiliarios y el coworking o cooperación franca, como en otros ámbitos, van a la par de la tecnología y rapidez de las transacciones, incluso a distancia, quedan lamentablemente rezagados los que no se adaptan a las formas preponderantes de negociación estandarizadas globalmente y que seguramente seguirán evolucionando con el correr de los días, donde se evidencia que ya ni siquiera se trata de meses o años.
 
Autor: Alejandro S. Flores G.
Vicepresidente Cámara Inmobiliaria del Estado Falcón
Corredor Inmobiliario Certificado
Agente Inmobiliario Internacional Certificado
E: inmotemas@gmail.com

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Josmary Escalona

Periodista principalmente de la fuente política que también hace diarismo, entrevistas y trabajos especiales sobre temas que la población desea conocer.

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