Emprendimiento

Mías Pizza, el fruto de la perseverancia de un falconiano en Colombia

Alexander Bolívar siempre ha tenido presente que, para triunfar en la vida, necesario es pasar por la senda del sacrificio.


Empacó y dejó su natal Punto Fijo consciente de que, en tierras lejanas le tocaba comerse las verdes, antes que las maduras.  Siempre que sea por el bienestar familiar, cualquier esfuerzo vale la pena, pensó Alexander Bolívar en el 2017, cuando  a la edad de 24 años, emigró a Colombia, encomendando a Dios su futuro y esperando recibir apoyo de coterráneos.

Graduado de técnico superior en mecánica, Alexander Bolívar siempre ha tenido presente que, para triunfar en la vida, necesario es pasar por la senda del sacrificio. Eso se lo inculcaron sus padres: Alexis Bolívar, natural de Sicaname Municipio Falcón y Lesbia Castro, de Piedra Grande,  municipio Democracia.

Ya ido, el popular Chande logró gracias a las redes, ponerse en contacto en Bogotá con su compadre Jorge Castellano, quien por cosas de Dios estaba hospedado cerca de donde consiguió instalarse. También se encontró con Eugenio Leal, un viejo compañero de trabajo de la refinería, quien también vivía cerca.

Alexander Bolívar agradece a Castellano y Leal su primer empleo en Colombia, haciendo mudanzas de lunes a viernes mientras que los sábados y domingo comenzó a trabajar en un restaurante como cocinero.

A los 3 meses de instalarse en Colombia, Chande le consiguió pasaje a su esposa Marielsy Castejón que también emigró cargada de sueños para si y sus padres. Ella llegó a Bogotá y consiguió trabajo en un Pueblito llamado Zipaquira, Departamento de Cundinamarca,  en un Spa de cejas y pestañas. Así, encontró ocupación de 8:00 de la mañana a 8:00 de la noche, en tanto que Alexander lo hacía de 9:00 de la mañana a 12:00 del mediodía.

«En el restaurante era una especie de utility; lmpiaba, cocinaba, atendía a la clientela, lavaba los pollos, sacaba los pollos del horno asador… no tenía tiempo para nada. Llegaba a casa exhausto, caída rendido para descansar y retomar la rutina a la mañana siguiente», recuerda Alexander sobre sus comienzos.

Al mes de haber llegado Mariesly, procedente de Falcón, decidieron mudarse a Zipaquira, para poder disponer un poco más de tiempo, de vida social y como pareja.  Nuevamente recibieron el apoyo de connacionales, logrando instalarse en un apartamento, aunque con limitada privacidad, toda vez que les tocaba dormir en la sala, en una colchoneta.

Chande y su esposa siempre vieron todo aquello como pruebas, como etapas por superar y nunca perdieron la fe de que vendrían tiempos mejores para ellos y sus familias, las que nunca dejaron de tenderles la mano.

Chande, que siguió trabajando de ayudante de cocina, recuerda que el dueño compró una pizzería. Por las mañanas siguió con la rutina de encargarse del asidero y a partir de las tres de la tarde, se ocupaba en preparar todo lo concerniente a la pizzería. Más trabajo, pero al fin de cuentas para eso había emigrado.

Cuando parecía estabilizado laboralmente, Chande recibió la noticia de que el asadero y pizzería serían vendidos. Y en efecto, una vez vendido, quedó sin trabajo cuando más lo necesitaba, ahora que su esposa estaba embarazada.

Chande, que no se durmió en los laureles.  Encontró de nuevo chamba, pero en el ramo de la construcción lo que, además de ser un trabajo extenuante, implicaba tener que madrugar para poder llegar al lugar de labores, distante a una hora de su residencia.

El tiempo que trabajó en el asadero y sobre todo el la pizzería, no fue en vano y fue su carta de presentación. Pronto recibió hasta cinco ofertas y se sintió como entrampado, decantándose por la oferta que le llegó por intermedio de una paisana, quien también lo había ayudado a establecerse cuando recién llegaba a Colombia.

Comenzó así a trabajar con Óscar Alfonzo, ya no como patrono y empleado, sino en sociedad.

«Llevamos tres años trabajando en sociedad y tenemos nuestro negocio llamado Mías Pizza donde vendemos platos a la carta, pizzas, hamburguesas, comida típica de Venezuela. Poco a poco hemos formado una franquicia y gracias a Dios tenemos dos pizzerías en Zipaquira, Cundinamarca», expresó emocionado Alexander Bolívar.

«Dios aprieta pero no ahorca; los sueños solo se hacen posible en la medida que pongamos nuestra confianza en Dios y que hagamos lo que nos corresponda que es trabajar y ser perseverantes», expresa en tono de agradecimiento.

«Me comí las verdes bien comidas, pero ahora gracias a Dios, me ha tocado comerme las maduras.  Mi sueño es algún día volver a Venezuela para poder abrazar a mis viejos que desde que salí hace 4 años no los veo, y así puedan conocer a su nieto Julián David», concluyó Alexander Bolívar.

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