Opinión

Los Milagros de Sanación frente al COVID- 19

Lo primero que debemos aclarar es que un milagro es un evento sobrenatural que no tiene explicación alguna para la razón humana.


     En medio de esta pandemia que el mundo está enfrentando, surge la gran pregunta ¿Dónde están los poderes de sanación que algunas congregaciones o entidades dicen tener? ¿Dónde están los líderes religiosos que poseen el don de sanidad? ¿Acaso todo es un fraude o un engaño? Millones de personas mueren en derredor, de una u otra manera, a todos nos ha tocado experimentar el dolor de los efectos de esta enfermedad. ¿Se ha olvidado Dios de nosotros? ¿Por qué no responde nuestros clamores? Sin lugar a dudas muchos han entendido mal la manera del proceder de Dios en cuanto a su obra de realizar un milagro de sanación.

Lo primero que debemos aclarar es que un milagro es un evento sobrenatural que no tiene explicación alguna para la razón humana, pues no se rige por ninguna ley natural existente; el milagro simplemente ocurre y se acepta por fe, ya que, las cosas espirituales se entienden y se disciernen espiritualmente (Job.9:10; 1Cor.2:14; 5:7). El hombre de fe lo acepta, el hombre natural no lo comprende y por lo tanto lo rechaza. Por el hecho de ser algo sobrenatural, todo milagro es prerrogativa divina, Dios es todopoderoso, no hay nada imposible para Él, por lo tanto todo verdadero milagro se le debe atribuir a Dios, Él es el único capaz de hacerlo; ningún ser humano tiene esta facultad. Usted puede argumentar que Satanás tiene cierto poder, y es cierto, pero nunca alcanzará lo portentoso del poder de Dios, y al igual que los magos de Faraón en Egipto todo será un intento por tratar de imitar el poder divino, en pocas palabras son pseudomilagros (Ex. Cap.5-8). 

     El caso del rey Ezequías nos enseña los pasos que debemos seguir para obtener un milagro de parte de Dios (2R.20:1-11; Is.38:1-22). Este rey cayó enfermo, tenía un cáncer terminal, y al saber de la inminente muerte que le aguardaba, vuelve su rostro a Dios y le busca con corazón sincero, de manera humilde ora, llora y reconoce sus faltas ante Dios, adora y reconoce al Dios del cielo como el único capaz de sanarlo,  hace votos y a la obtención de su pedido los cumple, realizó cambios en su estilo de vida, tuvo plena confianza en el “método” divino para la sanidad, sólo le bastó la fe, nada de argumentaciones ni espacios para la duda y al final de sus ruegos solicitó la demanda de una señal para tener la seguridad de que la Palabra de Dios se cumpliría. ç

Estos mismos pasos cumplieron todos aquellos que buscaron la sanación en Jesús (Mt.9:27-31; Mr.5:25-34; por citar sólo algunos textos). Podríamos llamar a esta serie de pasos “la demostración de la fe”: 1) Nos volvemos a Dios y vamos en su búsqueda, 2) reconocemos nuestras faltas y estamos dispuestos a seguirle y a cambiar nuestro estilo de vida, 3) adoramos y reconocemos a Dios como soberano del universo y a Jesús como el Mesías prometido, 4) rogamos, suplicamos, lloramos pidiendo misericordia, 5) obtenemos de Dios el perdón, consuelo, salud y bendición, 6) recibimos el favor de Dios si así Él lo requiere, y 7) obtendremos los resultados deseados según nuestra fe, 8) nos convertimos en colaboradores de Dios en la testificación al mundo. 

     De los 35 milagros que realizó Jesús y que están registrados en la Biblia, 23 fueron de sanación, y todos y cada uno de ellos deben analizarse individualmente, ya que, son únicos y se realizaron con algún propósito.

En cada milagro, Nuestro Señor, otorgaba al penitente, consolación, perdón, bendición, salud plena, la oportunidad de comenzar una nueva vida y como fin último ofrecerle a la persona la vida eterna. El penitente debe ir a Dios de manera humilde y con fe y cuando la fe alcanza el favor divino, entonces es cuando se une lo sobrenatural con lo humano, o dicho con otras palabras, se une el poder divino con la fe del hombre:

“Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible” (Mr.9:23). La persona que reciba el milagro tiene que estar dispuesta a vivir de manera diferente después de haberlo recibido, esto es lo que quiere decir la expresión “vete y no peques más”; ahora la persona debe vivir de acuerdo a la voluntad de Dios, cambiar su estilo de vida, debe ser un testimonio constante y viviente del milagro que Dios realizó en su vida, “Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor” (Jn.5:14).

     Otro aspecto no menos importante, es que una de las maneras de Dios comunicarse con el hombre es a través de alguna enfermedad que lleve a éste a reflexionar en su cama (Job.33:14-30), es algo muy complejo de explicar, pero Dios es Dios y si Él ve en ti una persona de fe, pero en su gran sabiduría, considera que lo mejor es que vayas al descanso, acepta su voluntad y entiende que:

Estimada es a los ojos de Jehová, la muerte de los santos” (Sal.116:15); “Mas el justo en su muerte tiene esperanza” (Pr.14:32); dicho en palabras más comunes, la muerte de los justos o de todo aquel que con fe se haya arrepentido de corazón, es ganancia para Dios, pues ya tiene la salvación y la vida eterna asegurada. Esta quizás sea la causa por la cual Dios prefiere llamar a muchos al descanso y no prolongarles la vida. Todos algún día tendremos que morir, lo importante es de qué lado estaremos en ese momento, los dos ladrones en la cruz ilustran muy bien lo que quiero decir (Lc.23:39-43).

     Por esta y otras razones que por espacio no pudimos analizar, los milagros no se le realizan a todas las personas que lo pidan, Dios en su gran amor y sabiduría sabe lo que es mejor para nosotros.  Si no estás dispuesto a cumplir con las condiciones mínimas que Dios exige para que obtengas un milagro de su parte, entonces no lo recibirás y deberás hacerte un análisis retrospectivo de tu vida espiritual. Finalmente, un milagro de sanidad es entonces, una muestra de la condición original del hombre, es decir, sin pecado, cercano a Dios y con plena salud y un detalle más, un milagro es una de las maneras de Dios testificar a la humanidad, “testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros” (Heb.2:4), así que Dios sabrá muy bien escoger a aquella persona que lo recibirá.

Jesús Martínez Lcdo. en Teología, Magíster en Teología Pastoral.

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