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José Gregorio Hernández, una vida de santidad y servicio incansable

Nació en el seno de una familia de valores religiosos. Sus biógrafos aseguran que desde pequeño manifestó su cercanía con Dios.


Venezuela celebra el viernes la beatificación de José Gregorio Hernández, un destacado médico nacido en 1864 en Los Andes, que conquistó al pueblo por su benevolencia y generosidad, y a aquellos que compartieron con él anécdotas y vivencias que esconden su lado menos conocido.

El doctor, cuya beatificación fue aprobada por el papa Francisco luego de verificar el milagro concedido a la niña Yaxury Solórzano, a quien los médicos no daban esperanzas de vida tras recibir un disparo en la cabeza, se vio en la disyuntiva de inclinarse por la dedicación exclusiva a la religión o por una vida en pareja. Pero, finalmente, no se casó ni con la Iglesia ni con una mujer.

A continuación, esta y otras curiosidades sobre su vida:

Vocación religiosa

Nació en el seno de una familia de valores religiosos. Sus biógrafos aseguran que desde pequeño manifestó su cercanía con Dios.

Cuando comenzó su educación media, tras haberse trasladado desde su pueblo Inostú a Caracas, manifestó al director del internado en el que estudiaría, Guillermo Tell Villegas, su deseo de ser un buen cristiano, dijo a EFE uno de los autores del libro El doctor Hernández es nuestro, Alfredo Gómez. En aquel momento, empezó todo.

Inspector de disciplina

Por su obediencia e inteligencia, fue nombrado como inspector de disciplina en el colegio, y tutor de quienes tenían dificultades con algunas materias.

Gómez asegura que, por este cargo, goyito tuvo que enfrentar un altercado con un joven mayor que intentó agredirlo por haberle puesto una falta en disciplina. El ataque fue frenado por Hernández cuando le empujó al suelo para defenderse, pese a ser más pequeño.

La muerte de su familia

Una de sus hermanas, María Isolina, falleció a los 7 meses de vida.

Su madre, Josefa Antonia Cisneros, murió tras su último parto y para entonces, él tenía 8 años de edad, mientras que el deceso de su padre, Benigno Hernández, ocurrió cuando tenía alrededor de 26 años y se encontraba estudiando en París.

Su hermano preferido, José Benjamín, falleció con 24 años de edad, producto de una fiebre amarilla, y otro de sus hermanos, Pedro Luis, murió un año antes que él.

Sus amores

Nunca se casó, pero en su juventud manifestó interés por varias muchachas.

Su primer amor lo tuvo a los 15 años de edad cuando conoció a María Gutiérrez Azpúrua, quien no le correspondió, pero también se interesó en unas chicas de apellido Elizondo, según una carta enviada a su amigo Santos Dominici, citada en el libro Se llamaba José Gregorio Hernández, escrito por el padre Francisco Javier Duplá.

Aporte a la medicina venezolana

Aunque quiso estudiar leyes, se preparó para ser médico por recomendación de su padre y fue becado por el Ejecutivo para especializarse en Francia y actualizar la medicina en Venezuela.

El doctor fue el encargado de fundar el primer laboratorio del país y de traer los avances de la época.

El médico de los pobres

Dedicaba una hora diaria a atender a los enfermos sin recursos económicos y, en ocasiones, les regalaba dinero para sus tratamientos.

Comenzó a conocerse como el médico de los pobres, aún cuando fue nombrado como el doctor del presidente Juan Vicente Gómez, según el biógrafo Alfredo Gómez.

La política lo vio como enemigo

Al culminar sus estudios en Caracas, regresó a Los Andes para trabajar como médico, pero luego de varios meses viajando por la zona, las autoridades locales lo comenzaron a considerar como un enemigo.

En una carta citada en el libro del padre Duplá, el doctor señaló a Dominici que el gobierno local estaba discutiendo su expulsión del estado tras tildarle de godo -conservador, oligarca- debido a su preparación y la posición acomodada de su padre.

Volvió a Caracas.

Sacerdocio frustrado

La primera vez que quiso ser sacerdote tenía alrededor de 30 años de edad e ingresó en la orden Cartuja en Italia, pero su debilidad impidió que pudiera continuar y le recomendaron entrar en una comunidad menos austera, como la de los Jesuitas.

Regresó a Caracas y así lo hizo, pero luego de una súplica de algunos estudiantes de medicina al sacerdote que lo recibió, por la que expresaron que el país lo necesitaba como profesor y médico, José Gregorio abandonó su deseo.

En una nueva ocasión, contrajo tuberculosis y dejó la misión.

Fallecimiento

Se dice que tras el deceso de su hermano Pedro en 1918, señaló que moriría al año siguiente; también se afirma que ofreció su vida a cambio del fin de la primera guerra mundial, cuyo tratado se firmó un día antes de su fallecimiento, es decir, el 28 de junio de 1919.

Miles de sus compatriotas acudieron a su funeral y cuando iba a ser trasladado al cementerio comenzaron a gritar «el doctor Hernández es nuestro» para impedir que fuera llevado en una carroza y cargarlo en hombros.

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