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Beata María de San José: La mujer del perpetuo amor

Mujer de baja estatura, con ojos muy atractivos que no le gustaba presumir, era de carácter tenaz y decidida.


Cada día es una oportunidad para reconocer que la gracia de Dios permanece en los corazones de los hombres, inclusive en aquellos que no profesan una fe, solo por su generosidad, desprendimiento y cercanía para con aquellos que considera sus hermanos más pequeños, no por ser menores, sino por considerar que puede serle útil y servicial atenderles, como lo hizo Jesús en el lavatorio de los pies.

La Beata María de San José, o sencillamente Madre María, es la muestra fiel de lo trascendental que puede ser la santidad, no solo para sí misma, sino para quienes gozan de esta gracia de Dios a través de ella.

Es el ejemplo fidedigno de que cuando se aspira a algo se puede alcanzar si eso tiene un sentido claro y una acción concreta “Quiero ser santa, pero santa de verdad”, es tener convicción sobre lo que se quiere disfrutar en un futuro, ella apostó por la vida eterna y la ganó.

Mujer de baja estatura, con ojos muy atractivos que no le gustaba presumir, era de carácter tenaz y decidida, mujer que era difícil encontrar en una época marcada por el machismo, el patriarcado y las acciones militares, pero cuando Dios fija su mirada en alguien, no hay poder alguno que pueda detener su misión con esa persona.

Por eso, no es descabellado pensar que la Madre María de San José era una consentida del Señor, era la niña de sus ojos.

Un amor genuino, un amor mutuo que nació para la eternidad, en cada palabra de esta Beata venezolana solo se evoca amor al amor de los amores, su pasión por la eucaristía la llevó a entregarse por entero, a olvidarse de sí misma y donarse en libertad a quien consideró su esposo: Jesucristo.

Nunca se cansó de servir y siempre buscó la manera de ofrecer más de lo que podía dar, de hacer trascender el proyecto de Dios aquí en la tierra, a través de la creación de una congregación religiosa, hospitales, orfanatos, casas hogares, colegios, asilos y demás espacios que consideró necesario para que muchos vieran la gloria en las pequeñas acciones
que llegan ser grandes milagros.

Con dones maravillosos, extraordinariamente desarrollados, con una fuerza que la llevó a declararse en virginidad perpetua, un sentimiento que la direccionó a un ayuno perpetuo y una entrega que la perpetuó en el corazón de los venezolanos, en la vida del pobre y en el Reina de los cielos, es fin, Madre María es la mujer de la perpetuidad, no solo por las
muchas cosas que hizo, sino por tener la disposición y la docilidad de hacerlas y no desmayar en el intento.

Su beatificación trajo consigo el mayor signo de esperanza para Venezuela, y aun se siguen viendo sus frutos, pues abrió la puerta de la santidad para este país, haciéndole el camino a los tres beatos que le han sucedió hasta entonces.

Es que así fue ella, trabajando siempre por los más necesitados, aunque le tocara ser la primera en hacerlo, no por ganar un título, sino para enseñar a los demás cómo se alcanza la gloria de Dios.

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Josmary Escalona

Periodista principalmente de la fuente política que también hace diarismo, entrevistas y trabajos especiales sobre temas que la población desea conocer.

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