Opinión

Teodora Medina: «El optimista es el que sale adelante»

Teodora «Lolita» Medina es un ejemplo de optimismo, un modelo de lo que es comprender que no hay excusas para vivir a plenitud, es una mujer con una historia que inspira.


Las limitaciones humanas, son eso, simples obstáculos a los que los seres humanos no encuentran, en muchos casos, salida, sentido o razón de ser de su condición, circunstancias o forma de vivir, pero si descubrieran que esa situación es la clave de la felicidad, quizás todo comenzara a ser diferente, a tener una visión distinta y, por tanto, un resultado satisfactorio.

Se ha escuchado con frecuencia que en la viña del Señor hay un poco de cada cosa, pues esa diversidad es la que hace interesante el vivir y compartir con los demás la gracia de ser diferentes, aunque todos redunden en lo común, porque no se trata nada más de ser físicamente distintos, es hacer cosas que, aunque sean muy cotidianas, marquen la diferencia por el amor con las que las hacen y la entrega con la que se donan a los demás.

Teodora de Jesús Medina Petit es una mujer excepcional que ha luchado para llegar hasta donde está de la mano del optimismo, la fe y la oración, nació un 24 de diciembre de 1961 en la ciudad de Coro, estado Falcón, hija de Hipólito Medina y Petra Petit de Medina, es la décima de doce hermanos, familia por demás números y con grandes valores cristianos infundimos por los padres con gran amor y pedagogía.

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Teodora «Lolita» Medina descubrió a través del camino Neocatecumenal que Dios la amaba, comprendiendo que su condición era su cruz y la asumió como tal sin anhelar la vida de los demás. Foto / Cortesía

Este “regalo de Dios”, significado del nombre Teodora, a los 6 meses de nacida le diagnosticaron poliomielitis o parálisis infantil, es una enfermedad infecciosa que afecta principalmente al sistema nervioso y es producida por el poliovirus, desde entonces su vida cambió de ser una bebé común a ser una niña totalmente extraordinaria, pues en vez de ser esto un impedimento o motivo de frustración, se convirtió en la razón de grandes oportunidades para quien hoy se conoce como la querida “Lolita”. 

 Al momento de adquirir esta enfermedad, la sra. Teodora había sido declarada muerta, pero su madre se aferró a la idea de que su hija estaba viva, pues afirmaba que movía el dedo, por lo que la mantuvieron en observación hasta que progresivamente se fue recuperando, sin embargo, por su condición médica su niñez transcurrió entre hospitales, médicos, tratamientos de rehabilitación física, innumerables operaciones, luchando contra todo pronóstico  hasta lograr vivir la aventura de ser feliz a pesar de las circunstancias.

La siempre sonriente “Lolita”, residente de Puerto Cumarebo, usó muletas para movilizarse hasta los 8 años y luego comenzó a usar silla de ruedas, no obstante, estudió y se preparó como cualquier persona dentro de lo común, logró titularse en electromedicina en la Universidad Nacional Experimental “Francisco de Miranda” y trabajar como personal administrativo en esta misma casa de estudio durante 12 años, luego pasó a la U.E. Manuel Vicente Cuervo en la que laboró por 10 años hasta su jubilación.

Es así que, nunca fue una limitante la condición que padecía, afirma que sus padres la animaron desde siempre a seguir adelante, a no desmayar y a no sentirse menos por lo que sufría, ellos fueron quienes le inculcaron la filosofía de que “solo el optimista es el que sale adelante”, y ella lo asumió de tal forma que hoy en día tiene 60 años bien vividos gracias a su gran entusiasmo para enfrentar en dos ruedas las dificultades de la vida.

Ahora bien, confiesa que en su adolescencia sí llegó a preguntarse “¿Por qué yo?” pero también resalta que ese fue su primer diálogo con el Señor, así que no fue como un reproche sino como ese primer acercamiento a un proceso de discernimiento sobre el propósito de Dios con todo que le sucedía, por eso comenzó su labor pastoral en el para entonces recién fundado movimiento JEF (Juventud Evangelizadora Falconiana) en el que vivió y compartió las experiencias de fe más hermosas de su juventud, teniendo como punto de partida la misión a través de la cual logró evangelizar con su ejemplo a comunidades cercanas y lejanas en silla de ruedas, con apoyo de sus hermanos del grupo juvenil, quienes considera fueron su ángeles por el apoyo que recibió de ellos.

No fue sino hasta incorporarse, ya como adulto, en el camino Neocatecumenal en el que escuchó la voz de Dios diciéndole que la amaba, comprendiendo que su condición era su cruz y la asumió como tal sin anhelar la vida de los demás, sino asumiendo la propia con todos sus riesgos. Esto la llevó a donarse por entero a la vida de servicio en la Iglesia, a prepararse y aprovechar las oportunidades para siempre estar en sintonía con Dios a través de la oración, arma con la que lucha contra las tentaciones.

Desde los 18 años decidió consagrase al Señor desde un laicado de compromiso y fidelidad a Dios, por tener la convicción que no podía atar a nadie a su condición de vida, sino que, como ella, la gente debía volar sin preocupaciones. Se considera alegre, entusiasta, pero también un poco predispuesta a las cosas y asegura es algo que debe mejorar.

Le gusta escribir y leer, de hecho, afirma que reforzó este placer por la lectura cuando solía leer los letreros viales que se encontraba camino a Caracas cuando le tocaba asistir a las consultas y chequeos médicos en el Hospital Militar y luego en el Ortopédico Infantil de esta ciudad.

A esta cristiana ejemplar le inspira contemplar la obra de Dios en su creación, así como la ternura de los niños, por lo que luego de su jubilación se dedicó a dictar tareas dirigidas, ayudando en el proceso de formación a pequeños que hoy ya son profesionales en diferentes áreas.

No se arrepiente de casi nada, solo el no haber viajado más, extraña volver a esas jornadas misioneras que tanto la llenaban de la gracia de Dios. Espera el cielo y contemplar la eternidad, deseo profundo por el cual trabaja desde un servicio desprendido en la parroquia Ntra. Sra. de la Candelaria de Cumarebo como catequista.

En definitiva, conocer gran parte de la vida de personas como Teodora “Lolita” Medina es algo maravilloso, resumirla en pocas líneas es un reto, pero también un compromiso, porque el objetivo es mostrar una verdadera forma de ver la vida sin límites, sin complicaciones que no puedan ser resueltas, una vida con riesgos que ella misma asumió con valentía creativa, transformando sus problemas en oportunidades, por medios de las cuales supo y sabe cómo ser feliz.

Es un ejemplo de optimismo, un modelo de lo que es comprender que no hay excusas para vivir a plenitud, es una mujer con una historia que inspira.

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