Opinión

La Familia, Iglesia Doméstica

El misterio divino de la encarnación del Verbo está pues en estrecha relación con la familia humana, la cual es el primer lugar donde se comienza a vivir la fe cristiana y a acoger el evangelio.  


La familia tiene su origen desde el principio de la creación (Génesis (1, 1), cuando Dios con inmenso amor inicia la creación de todo aquello que el hombre iba a necesitar para vivir y cuando ya todo estaba creado, todo estaba preparado (como prepara una madre la venida de su hijo), Él dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza… macho y hembra los creó” (Génesis 1,26-27)

Después de crear al hombre y a la mujer los bendijo y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense” (Génesis 1,28). He aquí el origen de la familia  instituida por Dios para que fuese la primera y vital célula de la sociedad humana y luego Jesús ofrece una prueba suprema de ello, pues como hijo unigénito,  entró en la historia de los hombres a través de una familia.

El hijo de Dios se dignó nacer de la familia de Nazaret (GS 48). Con su encarnación, eligió nacer y crecer en una familia, nació de una mujer, vivió una infancia como la vive cualquier niño, obedeció a sus padres como lo hacen muchos niños, trabajó con manos de hombre, amó con corazón de hombre y lloró y sufrió como hombre. Es así como el Concilio Vaticano II en el numeral 5 afirma del Hijo de Dios, que en la Encarnación «se ha unido, en cierto modo, con todo hombre»

El misterio divino de la encarnación del Verbo está pues en estrecha relación con la familia humana, la cual es el primer lugar donde se comienza a vivir la fe cristiana y a acoger el evangelio.  

Con toda la razón, pues, el Concilio Vaticano II (1962) calificó a la familia como «iglesia doméstica» (LG II y Apostolicam Actuositatem) demostrando con ello, que la familia está llamada a desempeñar dentro del plan de la salvación una misión especial y esta misión especial la indica el papa Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio: “Custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participación real del amor de Dios por la humanidad y del amor de Cristo por la iglesia su esposa” (FC,17)

Es la familia la “Iglesia Madre, la que engendra, educa, edifica a la familia cristiana, poniendo en práctica para con la misma la misión de salvación que ha recibido de su Señor” (FC, 49) y por ello, Juan Pablo II la denomina “Iglesia en miniatura”

Ante este gran cometido, en la actualidad, la familia no posee la formación pertinente para ello, por cuanto está sometida a influencias culturales, sociales y económicas perjudiciales, que debilitan su solidez interior, lo cual trae como consecuencia la poca práctica y cultivo de los valores, generando con ello una crisis de conciencia del sentido de la vida. 

En atención a todo lo expuesto y siguiendo a Cristo, que vino al mundo para servir (Mt 20, 28) surge la urgencia de una intensa acción pastoral de evangelización que permita el acompañamiento de las familias desde su situación real histórica hasta el ideal de familia redimida por la fe y el Evangelio, La Iglesia Domestica.

Viendo la realidad a la luz de la fe,  el Secretariado Arquidiocesano de Pastoral Familiar e Infancia, preocupada por la familia y sus problemas por el incremento  de los peligros de todo orden que la amenazan, presenta la  propuesta de una Jornada de Evangelización de Familia Doméstica que viene a ser un eje transversal para la pastoral de conjunto, ya que todas las pastorales guardan relación con la familia, pretendiendo con ello, responder a los nuevos desafíos a los que se somete este pilar de donde se sostiene toda sociedad.

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