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América Latina, las venas abiertas de los movimientos sociales

En Latinoamérica, comienza la segunda década del siglo XXI como escenario de los movimientos sociales, ese gentío, esa voz legendaria y moderna que se esfuerza por ser escuchada.


Los movimientos sociales, según varios autores latinoamericanos,  “son la voz de la sociedad, portadores de los mensajes que esta envía a los que ejercen el poder, a quienes gobiernan, a quienes están implicados en la gestión de lo público”.

En una región impactada por la desigualdad, la pobreza y eventos inesperados, como el COVID 19, sus ciudadanos se movilizan entre la incertidumbre y la esperanza.

Aquí en Latinoamérica, comienza la segunda década del siglo XXI como escenario de los movimientos sociales, ese gentío, esa voz legendaria y moderna que se esfuerza por ser escuchada.

En el siglo pasado, según Raúl Borjas, autor de Los movimientos sociales en los 80 y 90, la incidencia de las ONG, la Iglesia y la Izquierda,  estas multitudes “juntaron sus esfuerzos, sus voluntades y sus conciencias para buscar cambios, pero es una historia poco conocida”.

Sin duda,  los de este siglo, son movimientos igual de vanguardia, influenciados esta vez  por la sociedad del conocimiento, las nuevas tecnologías, la lucha por la diversidad y afianzados en la defensa de los derechos humanos.

Manuel Castells, sociólogo y economista español, al intervenir en el  seminario: “Explosiones sociales: una visión global”, lanza un reto: “la especie humana o nos actualizamos o desaparecemos.  Y eso vale para todas y todos”.

Para Castells  los movimientos sociales  son  aquellos grupos humanos “que buscan emergencia, el debate, la difusión de nuevas formas culturales y valores que produzcan cambios necesarios”.

Refiriéndose al activismo de los ciudadanos, asevera que estos  no tiene confianza en  una clase política  que se ha encerrado en sí misma, que sólo habla entre ellos”.

Dinamizan la democracia

Dos autores,  Ricardo Fuentes Nieva y Gianandrea Nelli Feroci les asignan  importancia a estas protestas para los sistemas democráticos: “son indicadores del dinamismo y vitalidad de estos sistemas y esa es una tendencia positiva para la región en su conjunto”.

En esto coincide, la autora Marisa Revilla Blanco “estos  movimientos suponen un esfuerzo por ampliar la capacidad de inclusión de la democracia, en el convencimiento de que esas experiencias contribuyen a fortalecer la ciudadanía”.

Al analizar las experiencias de movilización en las últimas décadas del siglo XX y en esta primera década del siglo XXI, Revilla considera  se ha consolidado la acción colectiva, “incorporando una fuerte dinámica de solidaridad grupal”.

También valora la capacidad de movilización que se ha demostrado en muy diversas ocasiones y que ha llegado a provocar rupturas institucionales.

Siglo XXI: ciudadanía y movimientos sociales

Marisa Revilla Blanco asevera que el siglo XXI se inició con una reivindicación de la “política en la calle”. “Bajo esa puesta en escena, se han presentado las demandas, se ha puesto en jaque, en algunas ocasiones, a los gobiernos nacionales y, en varios países, los presidentes han debido dejar sus gobiernos por la puerta de atrás de la historia, empujados por ese coro rebelado”.

A juicio de Revilla “son la voz de la sociedad, los mensajes que la sociedad envía a los que ejercen el poder, a quienes gobiernan, a quienes están implicados en la gestión de lo público”.

“Como prácticas de solidaridad grupal son, ante todo, una escuela de ciudadanía: fantasías colectivas que van abriendo paso en la historia”. No son política alternativa: son política.

LAS VENAS ABIERTAS DE AMÈRICA LATINA

Lo que describía en su libro “sigue siendo cierto”. El sistema internacional de poder hace que la riqueza se siga alimentando de la pobreza ajena. Sí, las venas de América Latina todavía siguen abiertas», es lo que expresó el escritor Eduardo Galeano en una entrevista al diario El país de España.

PERÚ DEL CAOS A LAS URNAS

Hace dos años, la indiferencia con que la mayoría de la población peruana observaba la política se convirtió en caos, enojo, incertidumbre y miedo. Hoy va a elecciones.

CHILE,  EL VÉRTIGO DEL FUTURO

En Chile persisten desigualdades inaceptables, pero es una sociedad que se sacudió del conservadurismo que la caracterizaba, que se hizo consciente de sus derechos y que se tomó en serio la igualdad ante la ley. Carolina Tohá, revista Nueva Sociedad.

También se aprecia una renovación generacional profunda. Son los jóvenes del cambio de siglo que representan el fin de la vieja transición y el comienzo de una nueva. Leonidas Montes, Centro de Estudios Públicos (CEP)

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