Opinión

Animales en la Biblia: La Hormiga

Las hormigas trabajan con gran intensidad durante el día, poseen una gran capacidad para trabajar unidas y sincronizadas.


A la hormiga se la menciona en las Escrituras sólo en dos oportunidades, y en ambas ocasiones se la relaciona con el trabajo disciplinado, esforzado y de equipo que realiza.

“Ve a la hormiga, oh perezoso, Mira sus caminos, y sé sabio… Prepara en el verano su comida, Y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento” (Prov.6:6); “Cuatro cosas son de las más pequeñas de la tierra, Y las mismas son más sabias que los sabios: Las hormigas, pueblo no fuerte, Y en el verano preparan su comida” (Prov.30:25).

Las costumbres y métodos utilizados por las hormigas, son en algunos aspectos muy parecidos al de los humanos, por ejemplo, viven en sociedades, poseen un sistema de comunicación muy avanzado, tienen un código penal establecido, entre otros. Como ya dijimos, la lección principal de este insecto es el trabajo, el buen trabajo en equipo; pero también podríamos añadir la capacidad que tienen para ahorrar el alimento, es decir, la provisión para el día de mañana, es la preparación que debe hacer cada individuo para que el día de mañana no lo sorprenda.

Las hormigas, aunque pequeñas, resultan ser más sabias que los sabios (Prov.30:24). Las hormigas trabajan con gran intensidad durante el día, poseen una gran capacidad para trabajar unidas y sincronizadas, distribuyen el trabajo equitativamente entre los miembros que componen su comunidad; el tamaño no las afecta en el cumplimiento del deber.

Es un error pensar que el trabajo llegó para el hombre como un castigo propinado por Dios cuando éste pecó, pero el trabajo ya existía antes de la caída del hombre y consistía en labrar y cuidar el huerto del Edén; trabajo que realizaba sin mucho esfuerzo y sin cansarse, deducción que sacamos por la sentencia que vino como resultado del pecado, “Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás” (Gn.3:17,19); es decir, lo que llegó como resultado del pecado fue la fatiga, el cansancio y el esfuerzo, mas no el trabajo.

Dios nos pide trabajar seis días de la semana y en el séptimo, cesar nuestras labores y dedicar ese tiempo para Él,

“Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó” (Ex.20:9-11); por lo cual, el trabajo y el descanso deben ir de la mano.

El señor Jesús quien es nuestro mejor y mayor ejemplo de trabajo, cumplió cabalmente con sus responsabilidades, fue carpintero de oficio, médico por excelencia, maestro de multitudes y el más grande predicador. Los evangelios registran en sólo una oportunidad, que Jesús se cansó (Jn.4:6); realzando así su arduo trabajo; además mencionan en sólo dos ocasiones que durmió y en ambas lo hizo en condiciones desfavorables (Mr.4:38; Lc.8:23); y también podemos añadir que no le quedaba casi tiempo para comer (Mr.6:31). En 3 años y medio de ministerio terrenal, el trabajo para Jesús fue lo principal.

Al igual que el apóstol Pablo, deberíamos pensar en no ser carga para nadie, a pesar de ser un siervo de Cristo aprendió el oficio de elaborar tiendas, “y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas” (Hech.18:3); “Y cuando estaba entre vosotros y tuve necesidad, a ninguno fui carga, pues lo que me faltaba, lo suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia, y en todo me guardé y me guardaré de seros gravoso” (2Cor.11:9).

“No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios” (Ecle.2:24). ¡Dile no a la pereza! Aprendamos de las hormigas.

Jesús Martínez.

Lcdo. en Teología, Magíster en Teología Pastoral.

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