Opinión

Animales en la Biblia: El León

     El león es considerado como el más fuerte entre los animales, posee un cuerpo realmente musculoso.


El león, mejor conocido como el rey de la selva, se menciona en la Biblia en 118 oportunidades. “El león, fuerte entre todos los animales, Que no vuelve atrás por nada” (Prov.30:30). El león es considerado como el más fuerte entre los animales, posee un cuerpo realmente musculoso. En Las Sagradas Escrituras, el león al igual que la serpiente, representa tanto a Cristo (Ap.5:5) como a satanás; pero a este último se lo representa como un león viejo, sin manada, derrotado, que sólo ruge para atemorizar a sus presas, pero está acabado, “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1P.5:8). Cristo es representado por el cordero, un animal débil, pero también lo es por el más fuerte de los animales. 

El cordero representa al Cristo hombre, sumiso y obediente que tuvo que morir para brindarnos la salvación; el león lo representa en su linaje real, como sacerdote, como Rey de Reyes y soberano del universo;

Acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne” (Rm.1:3); (Sal.78:68); “Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio” (Heb.7:14); “Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Ap.19:16).

En una brillante descripción que hace Juan de una visión celestial, en donde la imposibilidad de abrir el libro de Dios el cual, contiene la historia de la humanidad, no podía ser ejecutada por ningún ser, a excepción de uno en especial:

“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo. Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo. Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos” (Ap.5:1-5).

Esta magnífica escena hace referencia al perfecto y suficiente sacrificio de Cristo, el cual fue aceptado por el cielo en la ceremonia de entronización descrita en apocalipsis 4 y 5, la cual sucedió en el cielo, a la diestra del Padre, justo después de la resurrección de Nuestro Señor. Aunque Jesús murió como cordero, venció como león;

“Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios” (Heb.10:12); “y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Col.2:15). La tensión en torno a este tema se desarrolla en que Jesús ha logrado vencer a Satanás en cualquier terreno, lo ha vencido en su mismo nivel como el Ángel Miguel, como hombre, es decir, en una condición más débil y desfavorable, por decirlo de alguna manera y finalmente lo vencerá como Rey porque es Dios. 

     

Por otro lado, el ser humano tiene que elegir entre ser presa o cachorro de León; se convierte en presa cuando desobedece la Palabra de Dios. “Por cuanto no has obedecido la palabra de Jehová, he aquí que cuando te apartes de mí, te herirá un león” (1R.20:36); eres cachorro cuando confías plenamente en la protección de Dios.

“Porque Jehová me dijo a mí de esta manera: Como el león y el cachorro de león ruge sobre la presa, y si se reúne cuadrilla de pastores contra él, no lo espantarán sus voces, ni se acobardará por el tropel de ellos; así Jehová de los ejércitos descenderá a pelear sobre el monte de Sion, y sobre su collado”(Is.31:4); “Asimismo el remanente de Jacob será entre las naciones, en medio de muchos pueblos, como el león entre las bestias de la selva, como el cachorro del león entre las manadas de las ovejas, el cual si pasare, y hollare, y arrebatare, no hay quien escape” (Miq.5:8).

     

Queda de nuestra parte vivir confiados y seguros porque estamos bajo el poderoso cuidado de Nuestro Rey y Señor, “Mas el justo está confiado como un león” (Prov.28:1); “Su rugido será como de león; rugirá a manera de leoncillo, crujirá los dientes, y arrebatará la presa; se la llevará con seguridad, y nadie se la quitará” (Is.5:29).

Jesús Martínez

Lcdo. en Teología, Magíster en Teología Pastoral.

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