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“El insomnio lleva a cambios metabólicos”

La médico endocrino Lucía Goncalvez Jardim asegura que entre un 30% y 40% de la población ha padecido de insomnio en algún momento de su vida.


La especialista en Medicina Interna, Endocrinología y Metabolismo, Fertilidad, Obesidad, Síndrome Metabólico, Tiroides e Hipófisis, Lucía Goncalves Jardim, afirma que al igual que una alimentación balanceada y el ejercicio, un buen sueño es necesario para una vida saludable.

“El sueño es necesario para el óptimo funcionamiento físico y mental del ser humano. Es una función biológica primordial para la mayoría de los seres vivos. Se ha demostrado que durante el sueño se producen una diversidad de procesos biológicos como la conservación de la energía, la regulación metabólica, la consolidación de la memoria, la eliminación de sustancias de desecho, activación del sistema inmunológico, programación apoptótica de muerte neuronal”, expuso.

No obstante, debido a los cambios en la dinámica social, laboral y de estilos de vida, actualmente las alteraciones del sueño -cuantitativas y cualitativas- son de proporciones pandémicas y llevan a un deterioro en la calidad de vida de los pacientes en todos los grupos de edades que lo padecen.

De acuerdo con la doctora Goncalves, el insomnio es el trastorno del sueño más frecuente y se estima que entre un 30% y 40% de la población lo ha presentado en algún momento de su vida.

—¿A qué se debe esto?

—El insomnio no puede ser atribuido a una sola causa; es necesario un abordaje multifactorial e individualizado para cada paciente. Se relaciona con predisposiciones genéticas, hormonales, inmunitarias, psicosociales. Las principales causas de los diversos tipos de insomnio son las alteraciones del estado de ánimo y reacciones ante el estrés (ansiedad, fobias, depresión), fenómeno de jet- lag, inversión del sueño por condiciones laborales.

«Existen enfermedades que predisponen su aparición o exacerbación o simplemente el insomnio forma parte de sus síntomas.  La demencia de Alzheimer, enfermedad de Parkinson, trastornos por abuso de sustancias psicoactivas, el hipertiroidismo, enfermedades pulmonares como el asma, EPOC y el Síndrome de Apnea-Hipopnea obstructiva del Sueño (SAOS), son algunas de ellas.

Otras causas incluyen el síndrome de piernas inquietas que se caracteriza por movimientos periódicos, repetitivos de las piernas durante el sueño, frecuente en paciente con insuficiencia renal, anemia por déficit de hierro o déficit de ferritina con hemoglobinas normales. Enfermedades cardiovasculares como la insuficiencia cardiaca, condiciones asociadas al dolor como el cáncer y gastrointestinales como el reflujo gastroesofágico, también se encuentran relacionadas.

Realidad: Actualmente se habla del insomnio como problema de salud pública y su frecuencia está en aumento

—¿Qué repercusiones clínicas puede conllevar el insomnio?

—La mayoría de las personas están muy familiarizadas con los efectos negativos que se producen con unas malas noche de sueño como la somnolencia diurna, irritabilidad, problemas de concentración, dolor de cabeza, fatiga, etc. Sin embargo, el insomnio crónico es capaz de producir cambios fisiológicos que favorecen la aparición de alteraciones cognitivas, déficit de atención, mayor riesgo a accidentes domésticos, de tránsito y laborales comprometiendo la calidad y expectativa de vida. Es decir, hay patologías médicas que predisponen la aparición del insomnio y el insomnio predispone a la aparición de otras.

—¿Cuáles enfermedades pueden ser favorecidas por la presencia de insomnio?

—El insomnio lleva a cambios metabólicos caracterizados por la resistencia a la insulina, elevaciones de la grelina (hormona gastrointestinal reguladora de la alimentación y el control del peso corporal) y descensos de la leptina, que determina cambios en el metabolismo del tejido graso y aumento del apetito; las elevaciones del cortisol favorecen los estados hiperglicemia y la resistencia a la insulina como también modificaciones en la distribución de la grasa. Estos elementos fisiopatológicos favorecen la aparición de las alteraciones en el metabolismo de los carbohidratos como la intolerancia a la glucosa y la diabetes mellitus tipo 2. La obesidad también está relacionada a estas modificaciones fisiopatológicas, el sedentarismo y la disminución en el gasto metabólico que lleva a un balance energético positivo favorecen el aumento de peso, la disminución de la hormona de crecimiento produce modificaciones en la composición corporal con aumento del tejido graso y descenso de la masa muscular.

«La resistencia a la insulina observada en el insomnio, estimula el daño endotelial, la producción de radicales libres, estrés oxidativo, alteraciones en el metabolismo de las grasas caracterizado por elevaciones del colesterol LDL(colesterol malo), descenso del colesterol HDL (colesterol bueno) y elevaciones de los triglicéridos, estado protrombótico aumentado y la estimulación del sistema simpáticos aumenta el riesgo al desarrollo de enfermedades cardiovasculares isquémicas, hipertensión arterial, enfermedad cerebro vascular y muerte súbita. En el insomnio se puede observar un estado inflamatorio crónico con elevación de las citoquinas proinflamatorias y factores de crecimiento, que produce alteraciones en la microbiota intestinal y cambios en el genoma celular, favoreciendo las mutaciones y la aparición de neoplasias (tumores). También el insomnio puede intensificar la ansiedad y la depresión como la aparición de otras condiciones neuropsiquiátricas.

—Cuando dice que puede afectar a la microbiota intestinal, ¿A qué se refiere?

—En los últimos años se han desarrollado trabajos que vinculan la microbiota intestinal y la salud mental, estableciéndose una relación entre la microbiota, la inflamación y el insomnio. Estos estudios demuestran que el insomnio puede generar las alteraciones de la microbiota (disbiosis) y que la restauración de la microbiota mejora a su vez la calidad del sueño, mejorando el estado inflamatorio crónico característico de los pacientes con privación de sueño. Esto plantea que el uso de probióticos podrían ser una herramienta útil en las medidas terapéuticas dirigida a los trastornos del sueño. Esto se debe a la relación que existe entre el intestino y el cerebro.

—¿El trabajo en horario nocturno también puede afectar la salud?

—El trabajo nocturno obliga al individuo dormir fuera de los horarios habituales, esto también afecta adversamente al metabolismo, en ellos se produce una disincronía del ritmo circadiano que es el compás que rige nuestro reloj biológico, funciona en un ciclo de 24 horas dirigido por una estructura del cerebro llamada hipotálamo y está relacionado con la luz del día, influye sobre la tensión arterial, el apetito, el estado de alerta, la temperatura corporal, los niveles hormonales, muy claro su efecto sobre el cortisol produciendo un descenso de estos durante la noche. Eso explica por qué las personas que trabajan en horarios nocturnos, alterando el ritmo natural biológico y afectando el ritmo circadiano, presentan cambios negativos sobre la salud.

«Se añade el problema actual de la restricción voluntaria asociada con las actividades de esparcimiento actuales, como el empleo de dispositivos electrónicos para juegos, las compras online, las redes sociales o la televisión.

—¿Podría pensarse entonces que dormir por horas prolongadas es lo más recomendable?

—Sabemos que el sueño es esencial para la salud, pero prolongado puede conllevar a consecuencias negativas, las necesidades del sueño cambian con la edad. En un adulto normal dormir más de 9 horas, generalmente produce un sueño más ligero alterando su calidad y aunque parezca paradójico, también aumenta los mismos riesgos cardiovasculares y metabólicos de la privación del sueño, además los expertos refieren que podría acelerar un envejecimiento prematura del cerebro. Todo es un equilibrio dormir menos de 6 horas es negativo para la salud, pero dormir más de 9 o 10 horas también o dormir las horas adecuadas alterando el ritmo circadiano día-noche en el sueño.

La endocrinólogo Lucía Goncalves explica que el insomnio es un problema de salud pública con grandes repercusiones de atención médica, económicas y sociales, y que su tratamiento parte de establecer una buena higiene del sueño mejorando el ambiente y las conductas asociadas con dormir.

“Los médicos debemos indagar sobre los patrones del sueño y los familiares deben estar vigilantes al patrón de sueño en las personas a su cuidado. Se debe considerar las causas orgánicas que generen o empeore el insomnio y corregirlas en lo posible. Mejorar el patrón del sueño mejorará la calidad de vida y contribuirá a mejorar integralmente la salud”, sostiene.

Divulgación: A juicio de la doctora Goncalves, “campañas de educación como las que realiza el diario Nuevo Día, que estimulan normas de la higiene del sueño, permiten mejorar a nivel de atención primaria en la salud del individuo y de su entorno socio sanitario”.

El insomnio es la dificultad persistente en el inicio, conducción, duración o calidad del sueño con nivel significativo de malestar, insatisfacción o merma en las áreas laboral, social, educativa de quien lo padece.


Recomendaciones para una buena higiene del sueño:

1. Mantener horarios para ir a dormir y levantarse. 

2. Descansar durante el día en un área distinta a la habitación.

3.Dormir en un cuarto tranquilo y oscuro.

4. Mantener una nutrición adecuada.

5. Evitar sustancias que fragmentan el sueño como cafeína, nicotina y alcohol.

6. Hacer ejercicio regularmente, evitando ejercicios fuertes antes de dormir

7. Evitar estimulación con luz brillante antes de ir a dormir.

8. Establecer un periodo de relajación 30 minutos antes de ir a dormir.

9. No permanecer más de 30 minutos en la cama si se está despierto. 

10. Si estas técnicas fallan podría plantearse la farmacoterapia evitándose la autoprescripción de medicamentos y el uso de antihistamínicos. En los casos de jet lag o cambios en el ritmo circadiano puede considerarse el uso de melatonina. Se han utilizado té herbales para la inducción del sueño como la valeriana, pero deben ser utilizados con prudencia.

11. Una alimentación balanceada, rica en fibras, un buen aporte de vegetales, proteínas vegetales y/o animales que sean magras con bajo tenor en bajas en grasas saturadas.

12. El uso de prebióticos y probióticos o dieta que favorezca la producción de butirato por la microbiota que mejora los trastornos del sueño, como la mantequilla y el queso.

13. Otras recomendaciones o usos deben ser dirigidos por un especialista del área según enfermedades asociadas o necesidades de cada paciente.

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Anailys Vargas

Periodista y Msc. en Gerencia de RRHH. Actualmente, editora de la versión impresa y digital del diario Nuevo Día.

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