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Educación para adultos, una experiencia enriquecedora por Ella Petit

La profesora Petit estudió para ser profesora de castellano, literatura y latín, al igual que se formó en cursos de radio, siendo la primera locutora del estado Falcón


Convencida de la importancia de la lectura en la formación, hoy, Día Nacional del Libro la profesora Ella Petit cuenta su experiencia adquirida desde los 15 años de edad cuando inició como maestra de escuela, en una época donde no los títulos universitarios no eran una exigencia, desde entonces toda su vida estuvo vinculada con la educación y la formación de muchachos, de ese individuo que se forma para toda la vida, para que se defienda; como lo hace ahora con sus bisnietos, como recuerda lo hizo con sus nietos y con su única hija.

La profesora Petit estudió para ser profesora de castellano, literatura y latín, al igual que se formó en cursos de radio, siendo la primera locutora del estado Falcón con certificado, «mi certificado es viejísimo, lo obtuve en
el año ’63 después del examen de rigor en Caracas. Por eso, para bien o para mal, soy la primera locutora del estado Falcón.

– ¿Cómo se inicia usted en el amor a la lectura y su pasión por los libros?

– Mi afición por la lectura viene de muy pequeña. Mamá fue alumna de Doña Polita de Lima de Castillo, en el colegio San José, ¡imagínense! Mamá leyó los clásicos. En esa época llegaban hasta 4to grado, era tal la instrucción que un estudiante salía con una formación cultural extraordinaria, mamá leyó, bueno, toda su vida y con ella aprendí a leer; a leer la literatura clásica, la literatura venezolana, la hispanoamericana, fue una formación excelente la que tuve de mi madre.

¿Cómo llega Ella Petit a Caracas para trabajar en el Ministerio de Educación y luego se expande hacia otros estados e internacionalmente?

– Me fui para caracas en el año ’64, trabajé en la Escuela Miguel Antonio Caro, y, posteriormente, en la Dirección de Educación de Adultos donde se realizó toda mi actividad profesional en Caracas. Educación de Adultos para mí fue la mejor escuela que he tenido en mi vida, porque me capacitó, porque me enseñó cómo debemos enseñar al adulto, no con las mismas técnicas, con la misma metodología que se puede enseñar a un niño, ¡hasta para leer! Porque en nuestra cartilla para el adulto no decimos “amo a mi papá, mi papá me ama” o “amo a mi mamá, mi mamá me ama”, no.

Con los adultos tenemos que trabajar con sus herramientas de trabajo, con sus aspiraciones, con sus deseos de superación, con sus ansias de vivir bien, de tener sus comodidades, es decir, es muy distinto elaborar una cartilla para niños que, para adultos, y eso lo aprendí yo en la Dirección de Educación para Adultos del Ministerio de Educación, donde laboré en Caracas más de 14 años.

 ¿Cuáles otros estados se multiplicó Ella Petit?

– Bueno, en Caracas llegué a la jerarquía de supervisora, lo que me obligaba a inspeccionar a los distintos estados del país; por ejemplo, aquí mismo en el estado Falcón, el estado Zulia,  el estado Carabobo, eran mis zonas de trabajo y sobre todo en el estado Apure donde más adelante fundamos una emisora que se llamaba: “Escuela Radiofónica de Venezuela”, que fueron creadas para enseñar a leer y a escribir a los adultos.

La Escuela Radiofónica me permitió conocer el estado Apure, trabajar con ellos; y posteriormente iniciamos un trabajo muy hermoso que para mí fue la experiencia más maravillosa de mi vida en educación, que fue trabajar en el Amazonas con los aborígenes, dónde fundamos una emisora que se llamó: “La Voz del Sur”, que funcionaba en San Juan de Manapiare, en pleno corazón de Venezuela, con el apoyo del Ministerio de Obras Públicas que en ese tiempo estaba dirigido por el Dr. José Curiel, coriano por cierto.

De ellos viene la denominada “Campaña del Sur” y de ahí surge la creación de esta emisora, un poco para contrarrestar esta influencia de las emisoras colombianas y las emisoras brasileñas. Imagínense que la primera vez que yo fui al Amazonas ¡los aborígenes bailaban samba, hablaban portugués y no hablaban castellano ni conocían el joropo!, eso fue la primera parte de nuestro trabajo, darles ese sentido de identidad venezolana.

-Me comentaba usted que la Unesco apoyó también el trabajo:

La Unesco facilitó en esa época los radiecitos para los indígenas, nos dieron 500 radiorreceptores, cosa de que las transmisiones por radio iban a las comunidades  y ellos estaban recibiendo, aparte de que tenían un facilitador, para aprender a leer y a escribir. Después se extendió el programa a formación ciudadana, a cuestiones agropecuarias (en diferentes cultivos que les enseñamos), la cultura nuestra, en fin, fue un trabajo muy hermoso, por eso le digo que me siento orgullosa, para mí fue la experiencia de mi vida trabajar con las tribus indígenas, trabajamos específicamente para cinco tribus, entre ellas estaban: los Piaroa, los Mayupitares, los wuaraos y los wuahibos,  habían otras, pero esas eran las más importantes.

¿Qué nos puedes contar de esa experiencia?

Esa fue una experiencia también muy buena. Dentro de la educación de adultos hubo el programa de apoyo de otros países precisamente en el campo de la alfabetización y la educación de adultos. En esa ocasión, trabajé con la Organización de Estados Americanos (OEA) representando a mi país en el área de Educación de Adultos, me correspondió, por ejemplo, trabajar en la formación de las Escuelas Radiofónicas de República Dominicana, allí dejamos ya instalada, primero fuimos a la etapa de planificación, luego ejecución y posteriormente de evaluación de las Escuelas Radiofónicas, un programa similar al que habíamos instalado en Venezuela.

Luego, allá inauguramos también una Escuela Granja en una población llamada: “Guerra”, un trabajo muy hermoso, parecido al que se hizo aquí en Canoabo estado Carabobo). Posteriormente, fui nombrada directora de un Centro Regional de Educación de Adultos, que era para la región de América Latina y el área del Caribe, o sea, que no era un centro regional interno, sino que era un centro con proyección internacional. En ese trabajo tuve la oportunidad de realizar los cursos que se daban para educadores de adultos de otros países, allí venían los países integrantes de la OEA, en una primera etapa, un curso para profesores de 17 países y luego de 21 países, creo que el primero de 19 representantes.

-No nos dijo en qué año fue esa experiencia-

-Mira, yo me fui de coro en el ‘64, ya en el ‘70 estábamos trabajando con radio, porque en esa época me nombraron directora de una sección de radio y televisión educativa y posteriormente fui ascendiendo, después de jefe de sección a jefe de departamento, después a jefe de división, pero siempre dentro del mismo campo de radio y televisión. Simultáneamente yo asistía cursos de preparación también, donde yo pude perfeccionar mi trabajo, por ejemplo, asistí a un curso en Colombia, y en Caracas tuve muchas oportunidades: hice un postgrado en el Instituto Pedagógico, hice postgrado en el Centro Audiovisual relacionado con radio y televisión educativa. De modo que puedo decir que, en esta área de radio y televisión educativa, llevo casi toda la vida trabajando.

-¿Cuáles fueron sus primeras maestras en la escuela?

– Vamos a empezar con mi maestra de 1er grado, María Antonia Escobar Diez, excelente, con una condición humana que recuerdo con tanto afecto, muy disciplinada, tenía una especie de formación militar, ella nos hacía marchar cuando entrabamos a clase como con paso militar, era muy estricta, pero muy humana. Entonces María Antonia fue mi maestra querida de primer grado, a pesar de que muchos no la querían porque era exigente. Con ella aprendí a leer prácticamente.

Ahora, mi primera maestra fue mi mamá, porque con mi mamá aprendí a vivir. Después tuve una maestra en 2do grado que se llamaba Misia América de Triana, era directora del Colegio Sucre, y yo estudié ahí 2do y 3er grado. De allí pasé con otra excelente maestra, porque a mí me tocaron maestras buenísimas de lo cual me siento muy orgullosa, mi maestra Epifánia Ugarte, conocida en el estado Falcón por su excelencia en la preparación de sus muchachos, nos preparaba a nosotros para que hiciéramos la primera Comunión, sino nos enseñaba a rezar el rosario, pero también nos enseñaba a leer; ella también fue alumna de doña Pola y eso ya era un aval para que sepan que esa señora leía, manejaba la literatura con una facilidad extraordinaria, con ella aprendí mucho de gramática.

Después de Epifánia, tuve a Altagracia “Tachita” Vargas, una muchacha que le llamaban “la maestrita de los obreros” porque era muy jovencita pero exigente, de formación marxista, de aquella época de cuando estaba de moda esto. Muy preparada, nos dio una formación extraordinaria, de ella aprendí mucho también.

Y mi maestra de 6to grado fue Talita Betancourt, larense, una maestra también de condición humana de primera. Esas fueron mis maestras aquí. Posteriormente, tuve educadores brillantísimos en la Escuela Normal, recuerdo a Emegia Reyes, en mis estudios de literatura, latín, recuerdo a Horacio Vanegas en el Instituto pedagógico; recuerdo a Manuel Isidro Molina en la universidad, porque yo después de graduarme de profesora en castellano, literatura y latín, estudié periodismo, lamentablemente no pude culminarlo pero disfruté de profesores como Alexis Márquez Rodríguez, Manuel Isidro Molina, y tantos otros que nos dieron una visión amplia del mundo y de la vida, y del periodismo por supuesto.

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