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Vinotinto contra la condena de Nietzche

El relato de la Vinotinto navega hoy entre lo que fue un día y pudo dejar de ser en otro. 


Misteriosa y bien estudiada es la idea nietzscheana del eterno retorno. Sufrirla  resulta tan estresante que no cabe otro pensamiento de ella. “Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz”, sentenció el filósofo alemán. Bajo esa idea el presente sería igual al pasado y el futuro idéntico al presente. El ser, un muñeco sin salida en un laberinto borgeano.

El relato de la Vinotinto navega hoy entre lo que fue un día y pudo dejar de ser en otro. El resultado suele traducirse en una incertidumbre que termina pesando. Y pesa tanto que agobia y consume. Tan solo una vez, con César Farías se sintió que se pudo haber quebrado ese ciclón eterno de angustia y sufrimiento.Antes de César el camino lo inició Richard Paéz.

Obstinado, el doctor Paéz,  también de ese pasado y del presente tormentoso de una selección que nunca en su historia obtuvo un resultado distinto a lo que su destino ya le había deparado desde el inicio: la derrota. Inculcó entonces una  rebeldía que eclosionó con ese ciclo y se propagó como un virus con Farías hasta llegar a una semifinal de Copa América.

Aquellas hazañas (victorias ante Uruguay, ante Brasil en amistosos, ante Argentina) todas estuvieron acompañadas de una bonanza económica considerable donde la selección podía prepararse en instalaciones en el extranjero e incluso con comodidad en suelo venezolano.

Además, que ninguno de ellos en aquel ciclo sufrió el azote de una pandemia que condiciona cualquier logística para preparar entrenamientos extensos en un calendario futbolístico cada vez más apretado.

No obstante, si nos paramos en los cambios estadísticos de las tablas de posición de cualquier ciclo Vinotinto desde el inicio del siglo XXI la historia se repite en cada equipo y se acerca peligrosamente a esas sagas de películas que empiezan con expectación, pero ya no engañan a nadie.

Incluso el propio Nietzche advierte de los logros pasados en un aforismo bastante útil para ilustrar a la selección: “Lo que en una época se considera malo suele ser el residuo anacrónico de lo que en otro tiempo pasaba por ser bueno: la herencia dañina de un ideal anterior”.

Entonces, realmente, la Vinotinto en su raíz, incluso con la mejoría, no ha cambiado en absoluto. Sus resultados siguen siendo malos. Porque en cada eliminatoria quedamos fuera de cualquier posibilidad de obtener algún cupo. Ni siquiera cuando Brasil fue la sede del Mundial en 2014.

La Vinotinto es la banda sonora y los efectos especiales de El Señor de los Anillos, o al menos pudo serlo algún día, pero también es la repetida escena final de todas las películas de Marvel: un rayo en el cielo que destruye todo en el último conflicto para los héroes.

Un desenlace que se repite una y otra vez, que incluso puede llegar a cansar. En la Vinotinto el inicio y el desenlace es parecido: ilusión, aventura, deseos, esperanza se encuentran al final del camino con desilusión, desesperanza e impotencia.

Pero, si es cierto que los episodios de esta serie son siempre el mismo, que el eterno retorno es una realidad y estamos condenados a repetir cada suspiro en infinitas ocasiones el funesto destino de quedar relegados a las últimas posiciones de la tabla de clasificación en CONMEBOL. Al menos, la selección y su gerencia, son los únicos que pueden elegir realmente romper ese bucle.

En todo caso, nada mejor que un proyecto, planificado, serio y transparente para volver a correr el riesgo de ilusionar como respuesta a este bucle sin fin imaginado por Nietzsche, aburrido e incluso desesperante.

Porque la Vinotinto, la actual Vinotinto, tan falta de iconos como de alegrías, clama por un proceso que, como mínimo, haga las funciones gerenciales fundamentales como el pago a tiempo a su personal.

Tampoco por parte de la prensa y aficionados exigir gloria, como hicieran sus predecesores, pero sí mantener un mínimo de orgullo. No buscar ganar batallas; tan solo afrontarlas en condiciones. La Vinotinto juega contra la condena de Nietzche.

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