Este viernes 30 de enero se informó sobre el cierre de El Helicoide como centro de detención. El anuncio lo realizó la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.
Durante su intervención en la apertura del año judicial 2026, Rodríguez explicó la nueva función asignada a las instalaciones del Helicoide.
Según detalló, dichas instalaciones dejarán de operar como centro de detención para ser destinadas a otros propósitos.
En el contexto del relanzamiento de la misión Guardianes de la Patria, que incluye programas orientados a la protección socioeconómica de los funcionarios policiales, se ha decidido transformar el Helicoide en un espacio social, deportivo, cultural y comercial destinado tanto a las familias de policías como a las comunidades cercanas, afirmó la mandataria.
Reacciones en las inmediaciones de El Helicoide
Llanto y alegría envolvieron El Helicoide tras la proclamación de la Ley de Amnistía. El agotamiento acumulado durante años entre los familiares de presos políticos se desvaneció en lágrimas llenas de incredulidad al confirmarse que las puertas de la prisión finalmente se abrirían.
El asfalto que rodea la icónica estructura de El Helicoide estuvo dominado por un tenso silencio hasta que estalló un estruendo de esperanza e viernes 30 de enero. Madres, padres y hermanos se unieron en abrazos colectivos.
Para aquellos que vivieron contando días marcados en calendarios desde celdas y salas de espera, la noticia llegó como un terremoto emocional. El peso de los años se hizo líquido en llantos de incredulidad cuando les confirmaron que la libertad estaba cerca.
Un hombre sostenía con fuerza una fotografía gastada mientras decía con voz quebrada: «Es un cúmulo de emociones, uno no puede contenerse. Esto nos cambia la vida por completo«. Esa misma frase resonaba como un eco constante entre la multitud. No quedaba espacio para la duda; el miedo, inquilino permanente de sus vidas, dio paso a una fe renovada.
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La celebración trascendió lo civil para adquirir un matiz espiritual. Personas de rodillas y con las manos hacia el cielo convirtieron las aceras en improvisados altares de gratitud. A medida que esperaban con ansias las boletas de excarcelación, adrenalina y fe se mezclaban entre los presentes.
Con información de 2001y El Nacional
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