La necesidad de un proceso de paz y reconciliación en Venezuela existía desde antes del ataque militar de Estados Unidos del 3 de enero. Hoy sigue siendo urgente, pero el proceso de paz se ha iniciado precisamente en el marco de esa intervención, lo que condiciona su desarrollo y sus términos.
DIMENSIONES
Además, para comprender el actual esfuerzo de paz, es necesario reconocer que el conflicto venezolano se despliega en dos dimensiones estrechamente vinculadas.
La primera, interna, atraviesa la polarización política, la crisis económica y disputas de legitimidad democrática; la segunda, externa, es de naturaleza geopolítica y está vinculada a los intereses petroleros de Estados Unidos. Pensar la paz como horizonte político implica asumir este doble conflicto y abordarlo de forma simultánea.
FASES DE RUBIO
En la planificación de las guerras de Estados Unidos, las operaciones no se limitan al plano estrictamente bélico. Una vez neutralizadas las fuerzas adversarias, se avanza hacia fases preestablecidas de reordenamiento político y económico del país intervenido. El esquema presentado por Marco Rubio —estabilización, recuperación y transición— constituye la aplicación de ese formato, como prolongación del ataque armado en el plano político y económico.
ESTABILIZACIÓN
En este esquema estadounidense, la “estabilización” se entiende como un medio para contener las acciones de rechazo de la población frente a la intervención extranjera y garantizar el funcionamiento básico del Estado. La fase de recuperación apunta a la reorganización económica, con especial atención al control del sector energético. Por su parte, la fase de transición procura sentar las bases de un nuevo acuerdo político interno, ajustado a los intereses estratégicos de Estados Unidos.
DIMENSIÓN INTERNA
Desde la perspectiva venezolana, el proceso de paz y entendimiento interno se plantea como una acción propia, destinada a recomponer las condiciones mínimas de convivencia en una sociedad marcada por la polarización y el desgaste institucional. Sus ejes centrales combinan el diálogo entre actores políticos y sociales diversos, la reactivación de mecanismos de justicia y reparación frente a tensiones acumuladas, y la reconstrucción de la confianza.
Sin embargo, este proceso de paz y entendimiento podría entrar en tensión con la lógica de “estabilización” planteada desde la óptica de los planes estadounidenses.
CRIMEN DE AGRESIÓN
Dicho esto, resulta necesario abordar el otro plano del conflicto venezolano: su dimensión geopolítica y la urgencia de impulsar un proceso de paz entre Estados Unidos y Venezuela.
Las acciones de Washington han quebrado la paz entre los dos países. Según el derecho internacional, Estados Unidos ha cometido un crimen de agresión contra Venezuela, lo que constituye el hecho más grave ocurrido en su historia como nación independiente. Esta intervención implicó la irrupción directa de un ejército extranjero en territorio nacional, con decenas de víctimas, el secuestro del jefe de Estado y destrucción de infraestructuras.
DEPREDADOR
Este ataque militar fue ejecutado de forma desproporcionada y brutal, y respondió a una lógica depredadora orientada a someter por la fuerza a un país, controlar sus recursos petroleros y mineros, e imponer un alineamiento geopolítico subordinado a intereses ajenos.
HUMILLACIÓN
Es necesario sanar estas heridas, pero ello requiere que la potencia agresora dé pasos concretos de rectificación, abandone los intentos de dominación y asuma compromisos reales de respeto y reparación. Si no se inicia este proceso, tarde o temprano germinará el resentimiento que nace de la humillación, aunque por el momento no se perciba.
RESPETO
Lo sensato es construir una paz auténtica entre ambos países. Para ello, es necesario detener la intervención estadounidense que continúa, poner fin al bloqueo naval, revertir las imposiciones de tutela económica y reconocer que Venezuela tiene pleno derecho a definir y conducir su propia política exterior y de seguridad.
Solo a través de una cooperación genuina, basada en el respeto mutuo y la igualdad soberana, será posible construir una relación en la que las heridas del presente no condicionen el porvenir.
Leopoldo Puchi



