Semana Santa

Miguel Ángel Paz

» Todo el que se aleje de ti, desaparecerá como un nombre escrito en el polvo»
Jer. 17:13


Desde hoy toda la comunidad católica y las iglesias de los hermanos protestantes cristianos, en el mundo iniciamos esta semana de solemnidad que denominamos santa, aún cuando no está tipificado en el decálogo bíblico en el contenido del quinto mandato que consagra a Dios el séptimo día como descanso, posterior a la muerte de Jesús, también fueron incorporados como consagrados los días en conmemoración de su crucifixión, muerte y resurrección , nosotros los católicos, la conmemoramos con actos litúrgicos de adoración, misas, oraciones, flores, incienso, procesiones, campanas de gloria; y todo para recordar los días más trágicos y gloriosos de la Historia, días en que los hombres dieron muerte a Cristo, el hombre que según esa Historia, sentó cátedra de abnegación y sacrificio, para darnos el ejemplo de su obra insuperable y de amor inmenso por los seres que habitamos en el mundo creado por Él.

Han pasado desde entonces años tras años, dos mil veintitrés años y el mundo se encuentra todavía entre el enigma de ese judío que murió en la cruz. ¿Quién es ese hombre único, el único adorado como Dios? ¿ Estamos dementes los que creemos es el hijo de Dios? ¿Están ciegos los que creen que no lo es?. No, todo es recreación en este receso de la Semana Santa: aquí hay algo más profundo. Entre las campanas que doblan por un muerto en la tarde del viernes santo y las que repican a gloria en la mañana del domingo de Resurrección , está encerrada la clave del mundo.

Es por ello que estos días son propicios e invitan a la meditación sana, la paz y a la concordia como una retribución espiritual, al sosiego y al entendimiento tan necesario entre hermanos en este agitado mundo conducido por las pasiones humanas que son como manchas donde se esconden la mediocridad y la bajeza.

Sin duda alguna, nuestros antepasados le imprimían más solemnidad, abnegación, respeto si se quiere a los actos dedicados a la semana santa. Hoy hasta la mística se ha perdido, como se ha extraviado la fe y hasta la noción del respeto mutuo que nos debemos los hombres.

Esa época inmemorable no volverá porque ha cambiado el rostro. Vivimos un mundo donde prevalece lo material que es inestable, superficial que se pervierte al endiosar lo frívolo y moralmente endeble, sin tomar en cuenta las diferentes culturas y religiones de las comunidades ni en el fondo humano que existe entre la razón de ser y existir de cada cual para que el instinto del hombre aparezca con todas sus garras convirtiéndose en un ser como la fiera del hombre.

La Semana Santa que puede y debe ser una explosión y una inyección de fe, ha quedado para muchos como una verdadera chispa de continuidad del festín carnestolendo. En efecto, toda la faz de recogimiento y de aflicción ha sido cambiado por un turismo incontrolado y estrafalario, donde muchos no tienen idea ni saben donde ir, aún a pesar de la terrible crisis económica, tienen que salir, porque los asfixia la ciudad y la tristeza de los días santos .

Dolorosa realidad. Pero cierta en la que se suma una infeliz falsificación religiosa, cargada de culto a la personalidad, elevando a los altares a seres ya fallecidos de dudosa actuación religiosa en vida, bien inducida por prácticas de hechicería, superstición, dedicadas al vudú, despojos, maleficios, santería, donde actúan babalaos, adivinos, santeros, espiritistas, lectores de cartas y tabacos, todas contrarias a la fe cristiana.

Mientras tanto, en los templos se escucha el doblar de campanas, las oraciones, el recordatorio de las siete palabras, Homilías, cánticos, procesiones, flores, incienso, palmas. Es el culto público que personas piadosas, fieles creyentes ofrendan al Señor.