Un artista trascendente

Miguel Ángel Paz bautiza su nuevo libro

» Y con proponérmelo pude ser pintor como Henry Curiel/ talentoso negro/ que universaliza a Falcón.


Corresponde el texto a mi libro: » Un negro como yo» ( Talleres litográficos de Miguel Angel García, Caracas, 2012, pág. 13).
Henry Curiel, uno de los creadores de las artes plásticas más innovadores del estado Falcón para Venezuela con trascendencia internacional.

Formado en la escuela de Artes Plásticas » Tito Salas» en la ciudad de Coro, dirigida por el maestro Domingo Medina. Desde sus primeros balbuceos ya apuntaba que su futuro tendría dominio en sus pinceladas.

Una vez culminada su fase formativa, inició un largo ciclo evolutivo, cuya trayectoria lo ha catapultado hasta el pedestal de los mejores del país, estéticamente con dominio y equilibrio del dibujo en proporciones de colores dosificados magistralmente, combinando la difícil técnica de la pintura y la no menos compleja destreza de la escultura en la que también deslumbra e irradia fuerza en la que utiliza mucho metal, modelado con variadas figuras vaciadas llenas de ingenio, rítmica interacción entre la linea y la masa. En ambas han sido expuestas en muestras colectivas e individuales en varias ciudades de nuestro país y del mundo.

Curiel, hombre sencillo y humilde, sin poses estridentes, se ha venido perfilando como un valor resaltante de nuestros tiempos, ejecutando su paleta y sus manos, silenciosamente con figuras en movimientos que llenas de propuestas, de contenido perdurable que produce esa belleza sobria, así como este artista de inteligente naturalidad, va formando en un singular lienzo o lámina de metal, bien de hierro o bronce, con planos superpuestos que conforman una fantasía con el único objetivo de buscar la belleza.

Este artista es un representante de esta época soberbia, en la que el hombre se ha ido más allá de las técnicas, desde su minarete espiritual de circunvoluciones cerebrales.

Este hombre cansado o impotente de expresar sus pasiones, sus angustias y sus ansias, las abandona para crear un mundo de plástica pura, sin fórmulas escolásticas. » El artista – dice Elie Farre – se nos aparece como la conciencia de los pueblos» con esta auténtica afirmación creo que le entiendo que es como el encargado al mismo tiempo de reaccionar contra el desorden y los exceso de sus instintos y de encontrar en esos mismos excesos y desviaciones el signo de sus más constantes y reales deseos. En una palabra: las organiza. Lo que no sabría hacer si antes no las aceptara. Y por el rastro del paso que inspira sobre el suelo que ha vivido, sentido y formado en su pueblo, quedando como el principal y más incansable heraldo.

Así estas creaciones plásticas son la expresión para el hombre de este siglo XXI y el encauce de esta alma mecánica dislocada al diapasón de todos los motores. Siglo de la armonía y el ruido, de la realización estéticamente bella de la sequedad.
¿ Y como haces la propuesta le pregunté una oportunidad a Curiel, para exponer los elementos poéticos y humanos que tienes? «No sé – fue su respuesta- por ahora siento la atracción de las creaciones puras. Son un mágico ejercicio que me satisface».

Los que creíamos hasta ayer, eternos temas de la inspiración humana hoy son rechazados.. Rebeldes a rabiar han quedado, sin embargo, en los amantes del arte que pasean interrogándose frente a las galerías de pinturas buscando el signo del cual sentirse representados.

Pero la obra de Curiel, para ser comprendida tiene necesidad de puntos de comparación tomados de la realidad, aparece más como un arte destinado a su consolidación, en la que sabe que las lineas y los colores, tienen su propio lenguaje, que es perfectamente posible garantizarles una autonomía, que una obra está perdido sino tiene evocación de lo real.

Pero siendo el artista el compendio de las energías y su propuesta de una élite salida de su arte, es graduación seleccionada el fiel representante de una época, pese a la falta de contacto directo que entre ambas partes puede existir. Alguien insinuaba que era tomar parte el efecto por la causa, afirmando que un pintor era grande por haber comprendido su época. Las épocas adquieren relieve por la intensidad de los artistas que las han vivido.

Y así también vemos hoy estas creaciones como la fórmula sintetizada de los mil elementos diversos que nos proporciona la vida diaria como el correr vertiginoso de los automóviles, en los hilos telefónicos y del internet, que cubren el espacio. Elementos que trasladan al lirismo al otro lado de la tierra y aceleran el paso de los hombres.

La obra de Henry Curiel no es la resultante del color local ni ambiente patrio. Puede ser la de un artista de cualquier parte de la tierra, pero de un artista, eso si, saturado de la vibración de este siglo trepidante, sin academicismo, auténtico. De un artista que se busca dentro de si mismo y como el héroe gidiano alimenta su águila con sus propias entrañas. El hombre es el príncipe y tiene su propio ser y su obra. Y es también la supuesta angustia de un palpar las paredes cerebrales, tras las cuales busca al Dios que cree allí escondido. Allí está como epicentro de la obra trascendente de este brillante artista coriano con proyección universal.